Vinculaciones ignacianas de Azkoitia

La visita contempla Balda, ya que la madre de Iñigo se trasladó muy joven a la casa, y la parroquia con las tres capillas cuyas titularidades se vinculan con Loiola./FOTOS SUDUPE
La visita contempla Balda, ya que la madre de Iñigo se trasladó muy joven a la casa, y la parroquia con las tres capillas cuyas titularidades se vinculan con Loiola. / FOTOS SUDUPE

Se darán a conocer dentro del programa de visitas guiadas 'Tesoros Escondidos'. En la visita del 9 de septiembre se recorrerán los lugares de Azkoitia relacionados con el santo

JOAQUIN SUDUPE

El pasado mayo se puso en marcha, nuevamente, el programa de visitas guiadas 'Tesoros Escondidos', una propuesta para conocer las maravillas de Debagoiena, Urola Medio y Alto Urola.

En Azkoitia la primera cita fue para conocer el arte y la música en el monasterio de Santa Cruz y en junio se realizó la visita 'Azkoitia y la Ilustración' dedicada a la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País'.

La siguiente está programada para el 9 de septiembre donde podrán conocerse los enclaves ignacianos de Azkoitia. Loiola y Azkoitia tienen profundas vinculaciones históricas tanto desde el punto de vista familiar como desde la influencia de la propia obra del santo en nuestra villa.

Comienza en Balda

La visita comienza en Balda ya que la madre de Ignacio, Marina Sánchez de Licona, era hija del doctor Martín García de Licona, de Ondarroa y de una señora del solar de Balda. Marina de Licona y Balda está considerada historiográficamente nacida en Ondarroa, de aquí el Patronazgo de San Ignacio en el Territorio Histórico de Bizkaia. Este mismo linaje de Balda, estaría asimismo relacionado familiarmente con los Guevara de Álava, y por esta razón San Ignacio fue también designado copatrón de Álava junto a San Prudencio de Armentia.

Marina, la madre del futuro Iñigo de Loiola, se trasladaría siendo aún muy joven, a la casa de Balda, cuando esta torre -castigada y semiderruida por su condición de banderiza en 1457-, pasó a ser propiedad de su padre, tras la muerte en el destierro de Andalucía de Ladrón de Balda.

A partir de 1459, Martín de Licona reedificará Balda en un estilo más residencial que defensivo y ocho años más tarde, esta hija, Marina, celebrará sus esponsales con Beltrán de Loiola. Se unirán familiarmente así, dos linajes, Loiola y Balda que, durante décadas estuvieron enfrentados, adscritos respectivamente a los bandos oñacino y gamboíno.

El último fruto de este matrimonio que nacerá en 1491, será Iñigo. Este niño, hijo de una madre ya madura, perderá a ésta cuando contaba unos seis años y su educación posterior correrá a cargo de su cuñada Magdalena de Araoz, mujer de su hermano Martín y luego -desde los quince a los veintiséis años-, de los señores Velázquez de Cuellar-Velasco de Arévalo, parientes por parte de su familia azkoitiarra. En Castilla, en la casa de este hombre de confianza de los Reyes Católicos y con cargo de Contador Mayor, se formará cortesanamente en un palacio real.

Familias azkoitiarras

Ya en vida de San Ignacio, los Loiola seguirán extendiéndose, y uniéndose nuevamente con familias azkoitiarras. Así, Juana de Recalde -hija de Juan López de Recalde, Contador Real y fundador del mayorazgo de Bizkargi-, al contraer matrimonio con Beltrán de Loiola, sobrino de Iñigo, en 1536, se convertirá en la futura señora de Loiola. Una cuñada suya, María Vélez de Loiola, se casará también con otro azkoitiarra, Juan Martínez de Olano, hijo de Sebastián de Olano, secretario de la Reina Doña Juana 'la loca'. La hija de estos últimos, Catalina de Olano junto a su marido Domingo Pérez de Idiaquez, Secretario del Consejo de Ordenes, fundarán el colegio de la Compañía de Jesús en su casa de Plaza Berri. Esta Residencia de los Jesuitas obtuvo la licencia episcopal el año 1600 -nueve años antes de la beatificación de San Ignacio y ochenta y dos antes de que los Jesuitas lograran entrar en Loiola.

Por otra parte, Magdalena de Oñaz y Loiola, hija de Beltrán de Loiola y Juana de Recalde, se unirá en matrimonio con el Comendador Pedro de Zuazola, señor de Floreaga y secretario general y tesorero de Carlos V.

Una vez extinguida la primera sucesión de Loiola y tras un larguísimo pleito que duró más de cuarenta años, en 1668 el Consejo Real sentenció la continuidad de este mayorazgo en favor de esta casa de Floreaga en la persona de Matías Ignacio de Zuazola. Falleció éste en la casa de Loiola en 1676 y un año después su único hijo superviviente.

La viuda de Floreaga, extinguida esta segunda sucesión, hizo posible que el mayorazgo de Loiola pasara a los Marqueses de Oropesa y de Alcañices, descendientes de los Loiola, de la familia del último emperador inca Túpac Amaru y además de San Francisco de Borja. Finalmente la Reina Mariana de Austria, esposa de Felipe IV adquirió la propiedad de la casa de Loiola para traspasarla a manos de los jesuitas, con la condición de que una parte del nuevo edificio fuera siempre propiedad de los herederos del mayorazgo de Loiola. De esta forma en 1682, pocos años después del fin de los señores de Loiola de Azkoitia, la Compañía de Jesús tomó posesión de aquellas heredades y pudo iniciarse la construcción del Santuario.

Décadas después, la sucesión de los Loiola en esta última familia de los Marqueses de Oropesa, termina por extinguirse y en 1741, una vez más otro azkoitiarra, Antonio de Idiaquez y Garnica, segundo Duque de Granada de Ega y pariente del renombrado Caballerito Xabier de Munibe, octavo Conde de Peñaflorida, adquirirá el derecho del señorío de Loiola. Su descendencia, titular de la casa Idiaquez de Azkoitia, sigue siendo la poseedora de dichos derechos.

Resaltar a cinco mujeres, Marina de Licona, Juana de Recalde, María Vélez de Loiola, Magdalena de Oñaz y Marina Usoa de Oñaz, que unieron la historia familiar de San Ignacio a Azkoitia e hicieron que; Balda, Bizkargi, Floreaga, Idiaquez, Insausti o la Parroquia con las tres capillas cuyas titularidades se vinculan con Loiola, sean lugares de recuerdo ignaciano.

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