Diario Vasco

«Hemos podido ayudar gracias a todo lo que han aportado los azkoitiarras»

Ane y Eneritz trabajaban por la mañana en lo que hiciera falta y por la tarde, estaban con los niños organizando talleres y juegos.
Ane y Eneritz trabajaban por la mañana en lo que hiciera falta y por la tarde, estaban con los niños organizando talleres y juegos.
  • Ane y Eneritz que han estado en agosto en los campos de refugiados de Tinduf

«Queremos agradecer la ayuda y colaboración de los azkoitiarras que nos ayudaron porque gracias a ellos, así como a los centros escolares de Azkoitia, hemos podido ayuda a mucha gente a cubrir, en parte, algunas de sus necesidades más básicas». Así se han manifestado, con gran agradecimiento, las azkoitiarras Ane Arrizabalaga y Eneritz Egizabal, de 21 años, que han estado en agosto en los campos de refugiados de Tinduf en Argelia (campamento de Bojador) para ayudar y acompañar a los niños refugiados saharauis.

Dentro del programa de ayuda 'Ereiten' que cumple su cuarto año, han ido a aquella zona desértica a realizar labores humanitarias y de colaboración social. «Llevábamos material escolar en el equipaje (30 kilos cada una) que entregamos en mano en las escuelas de dos campamentos de refugiados. También llevábamos material farmacéutico que donamos al centro de salud del campo de refugiados; así como ropa para niños, biberones, papillas que fuimos distribuyendo casa por casa», apuntan las dos azkoitiarras.

Muchas han sido las cosas que les han llamado la atención y entre ellas, la generosidad de una gente que, teniendo poco, se lo ofrecían sin reparo. «Con el dinero que conseguimos reunir con la rifa que organizamos en Azkoitia; compramos material de construcción para ayuda a la gente que había perdido sus casas por las inundaciones de octubre. Entre ellos había una pareja de personas mayores que no tenían más que un colchón y poco más, y cada día, se desvivían para que poder ofrecernos un té o unos pequeños bocadillos»

Estuvieron casi tres semanas y cuanto más hacían, más sensación albergaban de la gran necesidad que hay de todo en aquella tierra. «En casa tenemos tres o cuatro grifos de agua y allí eres afortunado si tienes un chorro y una letrina para las necesidades», explican.

Organizando talleres, juegos

Por la mañana trabajaban donde hiciera falta y por la tarde, cuando remitían los 50 grados de temperatura, estaban con los niños organizando talleres, juegos, etc. «Llevamos 50 kilos de caramelos y tras los juegos los íbamos repartiendo», comentan antes de señalar que ya están organizando una asociación con todos sus requisitos legales para poder colaborar con otras ONGs que traen niños aquí y, además, poder volver el próximo verano a «seguir con el ingente trabajo que hay por hacer y ayudar en lo posible a tanta gente que lo necesita».

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