Diario Vasco

La mujer que se atrevió a volar

Pioneros de la aviación volando sobre la bahía.
Pioneros de la aviación volando sobre la bahía. / KUTXATEKA
  • 1910 Importante mitin internacional sobre aviación organizado por el Real Aeroclub de Guipúzcoa

Ocurrió los primeros días del mes de octubre del año 1910, cuando San Sebastián, que seguía muy de cerca los avances de aquellos nuevos artilugios que permitían elevar por el aire a los llamados pioneros de la aviación, conoció el, a la sazón, desconocido episodio de ver volar a la primera mujer que en España, se cuenta en los libros de historia de la aviación, se atrevió a montar en un aeroplano: la donostiarra María Minondo. El Real Aeroclub de Guipúzcoa organizó un mitin que sería el primero celebrado con la intervención oficial del Real Aeroclub de España, por lo que los «récords» establecidos serían reconocidos oficialmente por los clubes de todas las naciones, aliciente que colaboró a que se reunieran en nuestra ciudad destacados pilotos de la época.

La primera jornada estuvo dedicada al francés Morane, campeón del mundo en altura y velocidad. En un alarde de valor, durante su primer vuelo, se mantuvo cinco minutos y medio volando sobre La Concha y, media hora más tarde, sin apenas preparación, se elevó 200 metros llegando hasta el frontón Jai Alai, en Ategorrieta, donde se jugaba un partido que tuvo que interrumpirse por los aplausos que le dedicaron los espectadores. En esta ocasión el vuelo duró 6 minutos y 47 segundos y los siguientes, en los que alcanzó 500 metros y viró varias veces sobre Igueldo y el Buen Pastor, duraron 10 y 12 minutos respectivamente.

Cuando el avión volaba sobre la ciudad «las gentes corrían por las calles y salían a los balcones como enloquecidas por una corriente de regocijo». Tras la segunda jornada en la que se repitieron las proezas llegó el tercer día teniendo como protagonistas a los pilotos Morane, Tabuteau, Loygorri y el donostiarra Garnier. Se disputaba la Copa de S.M. el Rey en la categoría de habilidad.

El bilbaíno Benito Loygorri fue quien más tiempo permaneció en el aire: 17-28-4 minutos, siendo felicitado por el Rey y las reinas que presenciaron todas las pruebas desde las tribunas dispuestas al efecto. Los aviadores no se atrevieron a volar con pasajeros porque los motores presentaban algunos extraños que no garantizaban seguridad, pero terminado el concurso los pilotos invitaron a algunas personas para su 'bautismo de vuelo', siendo Loygorri el que quiso participar con quien en los textos del Ministerio de Defensa se considera su novia: María Minondo.

La prensa local escribió que Loygorri se prestó a volar con una distinguida y arriesgada señorita que quiso experimentar la sensación del vuelo. Era la primera ocasión en la que una mujer se mostraba dispuesta a subir a un biplano, lo cual no dejó de escandalizar a muchos. El vuelo, ante la expectación del respetable, fue tan hermoso como efímero. Despegando desde Ondarreta se dio una vuelta completa a la bahía y sin tocar tierra se tuvo la osadía de cruzar el canal que separa Santa Clara de Igueldo.

Pero al regresar por Puntas el motor «hizo unos raros» y se paró «resistiéndose a obedecer la mano de su propietario». Un gesto de terror se apoderó del público que veía descender el biplano que intentaba llegar a Ondarreta y no pudo superar «el pequeño muro que separa las dos playas» sumergiéndose en el agua frente el Palacio de Miramar. Los pasajeros no sufrieron más lesiones que el tremendo susto y el tener que llegar a la arena totalmente empapados. Se acababa de escribir un nuevo capítulo de la aeronáutica: como consta en las revistas especializadas, la primera mujer que se había atrevido a subir a un avión y volar en él había sido una donostiarra y se llamaba María Minondo.

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