Koldo Emery (Hombre orquesta): «El Alarde en primera fila y con traje elegante, ¿qué más puedo pedir?»

Koldo Emery descansando los días previos a la fiestas en las que tendrá mucho trabajo./F. PORTU
Koldo Emery descansando los días previos a la fiestas en las que tendrá mucho trabajo. / F. PORTU

Con un traje de terciopelo y guantes o en vaqueros y gafas de sol, este hondarribitarra 'trabaja' por y para las fiestas de la ciudad

YLENIA BENITO BIDASOANDV@GMAIL.COM

Sin Emery no hay fiesta. O, al menos, no tan divertida. Si creen que exagero, pregunten a los más txikis, y a los no tan txikis, en Hondarribia. Koldo Emery es el encargado de animar a los pequeños parranderos el 6 de septiembre con su 'txupinazo' particular y el 9 en la carrera de las carreras, la de 'correpasillos'. Aquí no acaba su implicación. Emery también se viste estos días con las mejores galas para acompañar a la corporación municipal como macero. Ni la resaca, ni el cansancio. Nada puede con este incombustible hondarribitarra que ya tiene toda su 'orquesta' preparada para hacer de estas fiestas, las más divertidas.

-¿Preparado para la fiesta, Koldo?

-(Risas) Ya no queda nada, ¡estoy preparado, sí!

-Cuéntanos tu secreto, ¿vitaminas? ¿Una dieta especial? ¿Cómo lo haces?

-No hago nada especial, de verdad. Mira, lo único que hago es calentar motores en casa. Poco a poco. A partir del 15 de agosto, cuando se lleva la bandera de la ciudad a la parroquia, yo ya siento que llegan las fiestas. En Hondarribia se empiezan a escuchar los primeros txibilitos, así que yo en casa también me pongo un CD con las melodías de las fiestas. Así entro poco a poco en ambiente.

-Pero tú ese día 15 ya empiezas a 'trabajar', eres macero.

-¡Sí! Lo soy desde hace muchos años, dieciocho o diecinueve, no me acuerdo bien...

-Los maceros tienen un traje muy elegante y su labor es muy solemne, ¿el nombramiento también lo fue?

-(Risas) ¡Para nada! En esa época trabajaba de policía municipal para el Ayuntamiento. Entonces uno de los dos maceros quería retirarse. El jefe, Javier Altuna, hizo una lista para que quien quisiera se apuntase. Yo lo hice. Pensé que sería mejor que estar discutiendo por el aparcamiento de los coches, el tráfico y todos esos líos de fiestas. Ya sabes...

-¡Cambiaste de uniforme!

-Sí, más 'dotore' y 'ponpoxo'. Además, veo el Alarde en primera fila. ¿Qué más puedo pedir?

-Poco más, sin duda.

-Bromas aparte, es un honor ser macero. Para mí se ha convertido en una liturgia. Comparto la labor con Bruno Iriarte desde hace diez años, así que he ganado un amigo. El macero es un símbolo más de Hondarribia. Los concejales cambian, pero yo sigo ahí. ¡Es divertido e ilusionante!

-La de macero es tu labor más seria, ahí no hay bromas. ¿Con los txikis te diviertes más?

-Es diferente. El txupinazo y la carrera de correpasillos es algo mágico. Son dos cosas que me hacen una ilusión terrible. También llevo unos cuantos años micrófono en mano...

-¿Qué fue primero? ¿Los toros hinchables o las motos en miniatura?

-La carrera de motos.

-Hacer de speaker un 9 de septiembre en Hondarribia es de medalla.

-(Risas) Hombre, si el 8 haces 'a full', pues... ¡mal! Pero es algo precioso. Cuando llegan los niños y niñas con sus motos se te pasa todo. Te miran con tanta ilusión que se te olvida la resaca y el cansancio.

-¿Quién te convenció para no descansar el día 9?

-Pues fue Marta Kanpandegi la que me llamo hace ya nueve años para pedirme el favor. Me llamó con una voz ronca, afónica, casi sin poder hablar. Me decía: «con esta voz no puedo ir, ¿me harás el favor de hacerlo tú?». Yo no sé decir que no, así que allí me planté y hasta el día de hoy.

-Tú, como las motos de los niños, no necesitas combustible.

-(Risas) Lo hago con mucha ilusión, de verdad. Alguna vez, algún arran-tzale ya me ha gritado «hi! ¡bulloso!», pero se crea un ambiente tan mágico que nadie puede quejarse en serio. Al terminar, los padres y las madres también se acercan a decirme que han pasado un buen rato. Pues genial, no se puede pedir más.

-Sí, sí se puede. Te pidieron que también animaras el txupinazo de los txikis, ¿verdad?

-Sí, pero tampoco me acuerdo hace cuánto fue. Pues... creo que fue el año de empezar con los toros hinchables. Son unos amigos de Toledo quienes los traen. Hará como cinco, seis o siete años, ¡no lo recuerdo! El caso es que el primer año hicieron ellos mismos la megafonía y hubo gente que pidió que se hiciese también en euskera.

-Y visto tu éxito en las motos...

-(Risas) Pues ya que hacía una cosa, me pidieron que hiciese las veces de 'traductor' en nuestro encierro particular. Nos lo pasamos en grande, incluso hacemos una capea en Arma Plaza.

-Ese txupinazo de los txikis cada vez es más divertido y tú tienes mucho que ver.

-Bueno, algo... El año pasado le propuse a Goio Uriarte, del departamento de Cultura, hacer un pregón. Me dijo que sí, lo escribí yo mismo, una cosa muy sencilla y emotiva, y lo leyó mi hija. Yo creo que fue algo muy bonito y que podríamos hacer cada año.

-¿Se hará? ¿Se convertirá en una tradición?

-Ojalá. De momento, este año he vuelto a escribir un pregón y he elegido dos pregoneros. Son gemelos, Oihan y Beñat. Dicen que son un poco tímidos, pero me han dicho que sí, que lo quieren hacer. Es una iniciativa que me hace una ilusión enorme. Hacer que los niños y niñas de Hondarribia sean protagonistas... ¡ojalá salga adelante!

-Seguro que sí, a ti marcha no te falta. Se nota que vienes del mundo de la música.

-Eso sí que me gusta, ¡la música! Hacer mis propias canciones.

-Muchos te recuerdan por 'Beti Mugan'...

-Sí, claro, pero ahora tengo otros proyectos. Estoy en un grupo, 'Marmoka', e intento cantar siempre que puedo. ¿Sabes qué hago?

-Cuenta...

-Mis hijas dicen que se avergüenzan, pero yo intento hacerlo siempre. Cuando hay recibimiento a los remeros, me gusta ir a la calle San Pedro e ir detrás de la txaranga cantando la canción. Esa de 'gora Joseba eta...', pero entera. Hay mucha gente que no la sabe entera y yo la canto para que se la aprendan. No quiero que se pierda.

-Macero, un encierro, una carrera de motos y cantante. ¡Cuánto trabajo!

-Y falta una cosa. El día 8, por la tarde, me quito el traje de macero y me pongo el de camarero en el lunch del Ayuntamiento. El 'rompan filas' es un momento apoteósico y yo estoy ahí, ¡bien cerca!

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