Zanpantzar cumple 30 años invitando a «quitarnos el disfraz cotidiano»

Xabier Garate, rodeado de cabezas de Zanpantzar. A la izquierda de la imagen, la de este año. /  F. DE LA HERA
Xabier Garate, rodeado de cabezas de Zanpantzar. A la izquierda de la imagen, la de este año. / F. DE LA HERA

El gigante protagonista del Carnaval irundarra y su comparsa desfilan esta tarde por el centro

JOANA OCHOTECO IRUN.

No sabe qué es eso de la crisis de los 30. Cuando cumple tres décadas estrenando disfraz cada año e impregnando de buen humor el Carnaval irundarra, Zanpantzar nos invita a 'desdisfrazarnos', «a quitarnos el disfraz cotidiano», explica Xabier Garate, artesano que cada año elabora la figura del gigante.

El objetivo del disfraz de este año es «recuperar esa alegría que, a veces, el día a día machaca. Trabajo, problemas... Eso va creando una cáscara que se nos pone encima y nos impide sacar la alegría interna», señala Xabier Garate. Zanpantzar nos anima a que «nos quitemos esa cáscara», con el color como símbolo del júbilo que hay que sacar a flote: la cabeza que este año lucirá el gigante es una explosión de color, contrapuesta a una máscara gris que Zanpantzar retira de su rostro. «El espíritu y la esencia del Carnaval deberían ser algo del día a día. El Carnaval es un anticipo de la primavera y una celebración de la vida», resume el artesano.

Quienes han visitado la actual exposición del Centro Cultural Amaia, en la que se muestran casi todas las cabezas que ha lucido Zanpantzar a lo largo de sus treinta años, ya han podido ver la de este 2018. Pero verlo hoy de cuerpo entero, en vivo y en directo, será otra cosa. El gigante será el protagonista de una nutrida comparsa en la que participarán un grupo de gaiteros, estudiantes del Conservatorio Municipal de Irun, Auntza Trikitrixa Taldea, Txingudi Dultzaineroak y Bidasoako Erraldoiak. El desfile saldrá a las 19.00 de la plaza Alberto Anguera, y recorrerá las calles Oiartzun, Hondarribia, Zubiaurre, Estación y el paseo de Colón, hasta llegar a la plaza del Ensanche. Allí, a las 19.30, tendrá lugar el vals de los gigantes en el que participarán tanto Zanpantzar como las figuras de Bidasoako Erraldoiak.

Divertido y reivindicativo

Las condiciones climatológicas no están siendo las mejores estos últimos días, aunque nada que no sea habitual en febrero: Zanpantzar ya ha desfilado bajo la lluvia o incluso, como ocurrió en 2010, entre copos de nieve. Lo más adverso, en su caso, suele ser el viento: algún año ha tenido que desfilar semitumbado debido a las fuertes rachas. Las previsiones de hoy apuntan a temperaturas muy bajas, sin precipitaciones por la tarde, por lo que nada podrá impedir que Zanpantzar salga a repartir alegría.

Entre que el Carnaval llega pronto este año, y que la cabeza del gigante tenía que estar lista para la inauguración de la exposición del Amaia, Xabier Garate ha tenido que darse prisa con los preparativos. Pero al final «sale todo fluido», llega un momento en que «aparece la idea concreta y te pones con ello». Cada uno de los treinta que ha desfilado por Irun tiene «sus propios matices», y, como un padre con sus hijos, Xabier Garate no puede elegir a un favorito. Pero sí que, destacando el carácter reivindicativo y pegado a la actualidad de Zanpantzar, el artesano recuerda tres «particularmente especiales» que «hicieron alusión a situaciones de guerra y violencia. Tenemos la sensación de que vivimos una época de paz, pero nos engañamos a nosotros mismos. La primera cabeza que se salvó» de arder en el Entierro de la Sardina «es un cántico a que las guerras sólo puedan ser las del juego, las de sombreros de papel de periódico y espadas de madera, donde no se persigue a los vencidos». Intentando aportar «un punto de vista con ironía y humor», Zanpantzar ha reflexionado e invitado a reflexionar sobre una realidad en ocasiones triste pero a la que «intenta quitarle la gravedad que tiene. Si no, las cosas nos aplastarían». Lo que ha dejado claro en estos 30 años de historia es que el de Irun «no es un Zanpantzar superficial». Por mucha alegría y fiesta que traiga consigo, el gigante siempre ha procurado no perder de vista la realidad.

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