Tercera generación de comercio local

40 años. Itxaso Vaquero, con su hijo Ortzi, en el día en que dejó su zapatería por jubilación. /  F. DE LA HERA
40 años. Itxaso Vaquero, con su hijo Ortzi, en el día en que dejó su zapatería por jubilación. / F. DE LA HERA

Tras 45 años en Calzados Vaquero, Itxaso Vaquero se ha jubilado y sus sobrinas han recogido el testigo | La zapatería, en las galerías comerciales entre paseo de Colón y Juan Arana, lleva abierta desde 1959

IÑIGO MORONDO IRUN.

El relevo generacional no abunda en el pequeño comercio, pero siempre hay excepciones. Itxaso Vaquero se jubiló hace una semana después de una vida al frente de Calzados Vaquero, la zapatería que fundaron sus padres, Julián Vaquero y María Martín, en las galerías comerciales del paseo de Colón. «Entré a trabajar con 15 años y entre mi hermano y yo cogimos el negocio cuando lo dejaron mis padres», recuerda ella. «Hace ya mucho...»

Su hermano compaginó la zapatería «con otra tienda en Serapio Múgica. Él se jubiló el pasado mes de agosto y yo ahora». Toda vez que ambos han puesto fin a su recorrido laboral, cabía el riesgo de que una zapatería de tan larga trayectoria como calzados Vaquero bajara la persiana. Pero no será así. Cuenta Itxaso que «Montse, que ha trabajado conmigo muchísimos años, seguirá en la tienda porque la han cogido mis sobrinas», Maider e Itxasne Ferreira Vaquero. «Ellas no trabajan en nada relacionado con el calzado, pero quieren mantener la tradición comerciante de la familia». Añadió con cierta satisfacción que el negocio «podrá llegar a su 60 aniversario el año que viene».

En esas seis décadas esta zapatería no se ha movido de donde los padres de Itxaso la abrieron. «El primer año era sólo la mitad del local pero luego cogieron el resto, lo juntaron y, desde entonces, tiene el tamaño actual. Durante todo este tiempo hemos hecho reformas y hemos ido renovando, pero básicamente, es la misma tienda que abrieron mis padres».

«Han sido días emotivos, con visitas de clientas que venían a despedirse y me han hecho llorar»

Ha cambiado, eso sí, el entorno comercial. «De la época de mis padres sólo queda la Joyería Ruby. Tampoco las rebajas son lo que eran. Cuando yo empecé, la cola solía salirse de de las galerías hacia Juana Arana». Ésas y muchas otras cosas son diferentes. Por ejemplo, «desde hace más de diez años, los viajantes ya no vienen a la tienda. Antes nos visitaban y subíamos a la trastienda a mirar los muestrarios y hacer el pedido. Ahora te dan día y hora en un hotel y se hace todo allí».

Lo que, sin embargo, sí mantiene Calzados Vaquero es el producto que vende. «Claro que cada temporada van saliendo cosas nuevas y todo va evolucionando, pero lo que nosotros tocamos es calzado clásico y de señora, zapato bueno», apuntaba sin poder evitar el uso del tiempo verbal presente. Han sido 45 años de actividad comercial que no se dejan atrás en seis días.

Emotiva despedida

Uno de los aspectos de su trabajo que han ayudado a Itxaso Vaquero a estar tanto tiempo al pie del cañón ha sido la relación con su clientela. «Nuestro producto hace que tengas más o menos la misma clientela. Siempre hay gente nueva, pero básicamente son clientas fieles. Tengo que agradecerles esa relación durante todos estos años porque ha sido realmente especial», aseguraba.

Fruto de esa conexión comerciante-cliente «los últimos días fueron complicados. Quiero decir que vino mucha gente a despedirse, a decirme que le daba mucha pena. Hubo clientas que se emocionaron y yo con ellas».

La tienda apenas ha pasado cerrada una semana. Ayer abría de nuevo gracias a que una tercera generación ha cogido el testigo. Maider e Itxasne Ferreira tienen su propia carrera profesional pero han decidido hacer suyo el negocio «por una cuestión sentimental. Es la tienda de nuestros abuelos y nuestros tíos, en la que nuestra ama trabajó también de joven», detallaba ayer Maider. «Siempre hemos sentido esta tienda como algo espcial y teníamos ilusión por darle continuidad. Esperamos que con la ayuda de Montse y de toda la familia podamos conseguir que perdure», decía ilusionada.

«A mí ahora me toca vivir un poco después de tantos años dentro de la tienda mañana y tarde», comentaba por su parte Itxaso. «Mi marido se va jubilar pronto también. Han sido 45 años trabajando y ahora ya nos toca disfrutar».

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