El día que superó todas las expectativas

Elena Garayalde, Tamborrada. «Estoy muy contenta, emocionadísima y feliz».
Elena Garayalde, Tamborrada. «Estoy muy contenta, emocionadísima y feliz».

Diecinueve sueños se cumplieron ayer: las cantineras del Alarde tradicional vivieron una jornada inolvidable

I. MORONDO / J. OCHOTECO IRUN.

«La gente piensa que 'pobres cantineras, que se estarán mojando...' ¡Pero qué va! Somos las que mejor estamos: estamos viviendo nuestro gran día y todo el rato hay gente pendiente de nosotras y cuidándonos». Las palabras de June Sánchez Martínez de Iturrate (Olaberria) son el ejemplo perfecto de la actitud que ayer demostraron las diecinueve cantineras del Alarde tradicional. Al igual que ocurrió durante la noche del 28 de junio, cuando se celebró el acto de presentación oficial, tampoco ayer hubo ni lluvia ni ráfaga de viento que pudieran detener sus sonrisas ni sus saludos con el abanico. Era su gran día, y así lo vivieron. «Yo sé lo que es estar durante horas esperando en la acera y mojándote, y eso sí que es duro», añadía la cantinera de Olaberria, que con estas palabras quiso agradecer y valorar el apoyo recibido desde el público que las arropó durante todo el día, por la mañana, en el monte San Marcial y por la tarde. «Ha habido gente todo el rato, en todas partes, incluso con este tiempo, y todos estaban súper volcados», destacaba también Juncal Calderón Vesga, de Buenos Amigos.

«A pesar del tiempo lo estamos pasando súper bien y disfrutando muchísimo; la lluvia ni se nota», afirmaba Elena Garayalde Aseguinolaza, cantinera de Tamborrada. «Al final te ríes de la situación con las compañeras», señalaba, en referencia a las sonrisas de complicidad que cruzaban unas cantineras con otras mientras, durante la ofrenda floral de mediodía, caía un chaparrón. Coincidía con ella la cantinera de Uranzu, Maitane Mindegia Urroz: «Como no podemos hacer nada para que no llueva, nos queda salir y disfrutar como si no estuviera. A mí no me va a quitar la sonrisa». «Yo creo que la gente se ha volcado aún más por vernos desfilar bajo la lluvia», reconocía Maider Beltrán Erquicia (Ventas). «Ha sido una pasada». Su compañera de Azken Portu, Casandra Gamíndez Alonso, fue quizá quien lo expresó con más contundencia: «cuando vas desfilando dentro de la compañía, como si se pone a granizar».

Actitud positiva pese a la lluvia y pese a todo lo demás. «He dormido media hora», confesaba Shandra Ordóñez García, cantinera de Anaka. «Pero no tengo ninguna prisa por que acabe un día muy intenso desde primera hora». También para Sara Moreno Madrid, cantinera de Santiago, la jornada fue «una pasada», desde la madrugada, cuando «iba a la peluquería y he visto a un montón de chicas cogiendo sitio. Ha sido muy emocionante pensar que estaban ahí esperando a que pasáramos nosotras». Otro momento muy especial para Sara Moreno se produjo «a las 6.30, cuando ha venido mi compañía a tocarme la Diana y me he emocionado un montón. Ver a mi barrio, mi gente, mis amigas...». Entre estas últimas está la cantinera de Behobia, Amaiur Ugarte Moso, «que es de mi cuadrilla. En el momento en que la he visto en la Arrancada no he podido evitar llorar», explicaba la cantinera de Santiago. Amaiur recordaba ese momento «con los pelos de punta. En la Arrancadilla ya viví algo parecido, pero el día de San Marcial, todo de blanco, negro y rojo... Ha sido increíble. Realmente lo he pasado genial».

«¿'Pobres cantineras'? ¡Qué va! Somos las que mejor estamos, viviendo nuestro gran día»«La gente se ha volcado aún más por vernos desfilar bajo la lluvia. Ha sido una pasada»

Arrancada, como bajada de la iglesia y calle Mayor vespertina son las referencias de siempre. Pero el Alarde va más allá. «Yo no me puedo quedar con un momento concreto. Iba con mis expectativas pero han surgido otros instantes que me han emocionado muchísimo», aseguraba Cristina Ramajo Gutiérrez, de San Miguel. De manera similar, María Macarro Barroso (Belaskoenea) expresaba que se había «sorprendido con esos lugares por los que nunca veo pasar el Alarde porque estoy cogiendo sitio en la calle Mayor». Citó entre ellos la bajada por la calle Larretxipi, que, para Elena Murga Martínez, de Real Unión, resultó «alucinante. La familia, las amigas, todo se ha concentrado ahí y en ese momento». También fuera de lo habitual la mención de Ane Rekarte, que además de destacar la recogida de la bandera con su compañía, Bidasoa, rescataba «la imagen de ver al resto de las compañías formadas frente a nosotros en la plaza de San Juan. Era muy bonito». A Leire Legorburu Gallego, cantinera de Lapice, ni siquiera el chaparrón que acompañó el momento le hizo disfrutar menos de la ofrenda floral en el monte: «la verdad es que emociona y lo he disfrutado muchísimo».

Emocionada estaba Amaia Aranburu Escamochero, cantinera de la Banda, por desfilar en una unidad «que es la que cada año espero con más ganas porque van el aita, mi hermano, mis primos, mis amigos. Ha sido una sensación única estar dentro de todos los momentos que conoces sólo desde fuera». Miriam Martínez Serrano, cantinera de Artillería, también esperaba este 30 de junio «con muchas ganas». Al no tener ensayos, ha vivido los tres últimos días de las fiestas con especial intensidad: «el día de San Pedro fue precioso, y San Marcial ha sido muy especial. Cuando me han venido a buscar a casa ha sido impresionante, un momento precioso», afirmaba. Marina García Fernández, cantinera de Caballería, definía como «increíble» la jornada y destacaba «la perspectiva que te da el caballo, ver ese mar de txapelas rojas... Es un lujo». Es el día 30 en Irun, «un día que todos los años es especial y cuando lo vives desde dentro, como cantinera, aún más», decía Juncal Susperregi Gamboa, de Ama Shantalen. «Mucha gente te explica cómo lo vivió, lo que sintió, lo bien que se lo pasó, pero hasta que no empiezas a subir la cuesta San Marcial no puedes hacerte una idea real», sentenció la cantinera de Meaka, Saioa Iriarte Etxegia.

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