Simon: «Es la primera vez en mi vida que me dejo barba, ¡aquí en Irun!»

Simon, un barbero auténtico, en su barbería y peluquería 'Authentic'. / F. DE LA HERA

Argelia, Bélgica e Irun son los lugares que marcan el camino de nuestro protagonista para, al fin, convertirse en un barbero auténtico

YLENIA BENITO BIDASOANDV@GMAIL.COM

En Irun tenemos a nuestro propio 'Barbero de Sevilla'. Nuestro Fígaro se llama Simon, pero no es de Sevilla. Es argelino con toques belgas y ahora irundarras, claro. Tampoco busca conquistar a Rosina que como no tiene barba, no le interesa. Simon es un barbero de verdad. Auténtico, como su local de la calle Joaquín Gamón. En 'Authentic', un salón de barbas y peluquería, el argelino hace de las barbas un arte. Comienza nuestra ópera: 'El barbero de Irun'. Confíen, Simon sólo utiliza las navajas para trabajar. Primer acto.

-Si a un barbero le haces una pregunta incómoda, ¿saca la navaja?

-(Risas) ¡No! Las navajas solo las uso para afeitar. Lo prometo.

«Los primeros pasos como barbero los he dado en Argelia, pero me he profesionalizado trabajando en Bélgica»

«Estos días de fiestas he trabajado mucho. Los hombres irundarras también son coquetos y han venido a arreglarse»

-Confío, pero te advierto que me defenderé con mi bolígrafo.

-Eso sí que me da miedo. El inglés y el francés los domino, pero aún estoy aprendiendo castellano. ¡Ten paciencia!

-Bien sûr. Una fácil, ¿de dónde eres?

-Yo nací en Argelia. Soy del norte. No soy árabe, soy bereber.

-¿Allí te formaste como barbero?

-Bueno, he aprendido más en Bélgica, pero sí, los primeros pasos los di allí.

-¿La del barbero es una profesión habitual en Argelia?

-Sí, sí. Allí todo el mundo va a la barbería. Hay muchos barberos, es casi una tradición. Claro, allí es muy barato. Creo que cobran cincuenta céntimos, ¡imagínate!

-Es más barato que hacérselo en casa...

-Allí es algo muy común. Ir a la barbería, estar con amigos, charlar... Por eso no es tan profesional.

-¿Se trabaja diferente?

-Mucho. En Argelia era como estar en casa, con la familia y amigos. Era poco serio y yo quería aprender a ser un profesional, por eso me fui a Bélgica.

-¿Por qué Bélgica? Creía que las barberías eran típicas del Reino Unido...

-Sí, sí. Todas las técnicas vienen de Londres, pero yo tenía un amigo en Bélgica y me resultó más sencillo irme allí. Yo quería trabajar. Llegué y lo primero que hice fue buscar trabajo de barbero.

-¿Fue fácil?

-Sí. Trabajando allí es dónde he aprendido a ser un profesional de verdad.

-¿Qué aprendiste en Bélgica?

-Aprendí mucho sobre productos, en Argelia no usábamos nada. También hice muchos dibujos en el pelo. Ese tipo de corte moderno es muy habitual allí. ¿Sabes? Dibujos como la raya a un lado que llevó Cristiano Ronaldo. (Risas)

-Ronaldo siempre marcando tendencia...

-En Bélgica trabajábamos mucho los dibujos en el pelo. Aquí, los hombres son menos atrevidos.

-Aquí la mayoría de los hombres son de la Real o del Athletic, imitan a Prieto o Aduriz.

-¿Esos son modernos?

-¡No mucho!

-Yo aquí ofrezco corte moderno a diez euros, ¡ojalá se animen!

-Y como barbero, ¿aprendiste técnicas nuevas?

-Sí, también. En Bélgica aprendí a usar la máquina para retocar. En Argelia no la usábamos.

-¿La búsqueda de nuevas técnicas te trajo a Irun?

-(Risas) No, fue otra cosa. En unas vacaciones conocí a la que hoy es mi mujer. Es una catalana que vive en Irun, así que...

-¡L'amour!

-Sí, hace no mucho decidí dejar Bélgica y venir a Irun.

-Una vez instalado, ¿cuándo surge la opción de abrir tu propio negocio?

-Eso es un sueño que he tenido siempre, pero si no llega a ser por el apoyo de mi mujer, tal vez, no lo habría hecho nunca.

-¿Por qué?

-Tenía mucho miedo. Vine aquí y casi no conocía a nadie, tampoco hablo bien el idioma... ¡no sé! Lo veía muy complicado.

-Pero aquí estás, cumpliste el sueño...

-¡Sí! Tenías que haber visto esto el primer día, era muy diferente.

-¿Qué había?

-¡Nada! Sólo una lámpara ahí al fondo. Han sido meses de mucho trabajo. Esto antes era una zapatería, creo, pero estaba muy abandonado.

-Ahora parece una barbería londinense, no te falta de nada.

-Claro, he intentado poner los símbolos de las barberías y tenerlo todo listo para trabajar bien.

-Se nota que te gusta tu trabajo...

-¡Muchísimo! Ser barbero es un arte. Me gustan las cosas artesanales y esto lo es. Empecé a trabajar con diecinueve años y cada vez me gusta más. Esta profesión es muy especial. Disfruto mucho trabajando con las manos, con el trato de la gente...

-¿Qué tal te han acogido los irundarras?

-Muy, muy bien. Yo intento cuidar mucho a mis clientes, ellos son el mejor testigo de mi trabajo. Si mis clientes se van contentos, se lo recomendarán a otros. Eso es importante.

-La mejor estrategia de marketing, sin duda.

-Sí, sí. Es la mejor publicidad. Estos días de fiestas, he trabajado mucho. Los hombres también son coquetos y han venido a arreglarse.

-¿Vienen a cortarse el pelo o a afeitarse?

-Hay de todo. Estoy muy contento.

-Tú llevas barba, la navaja contigo no la usas...

-(Risas) Me acabo de dejar barba por primera vez en mi vida, ¡aquí en Irun! No a todo el mundo le queda bien o tiene una buena barba.

-¿No? En la era de los hipsters, yo creía que a todos los hombres les venía bien la barba.

-No, yo creo que la barba roja es la mejor. Hay hombres que tienen muy poca barba, yo les aconsejo que no se la dejen.

-¡Así sacas la navaja!

-(Risas) Yo siempre he ido con afeitado perfecto. La cara queda muy bien después de un buen afeitado. Suave y limpia. Al principio hasta se me hizo raro dejarme la barba.

-Eres un barbero con barba. Auténtico, como tu local.

-¡Uy! Lo que me costó encontrar el nombre...

-¡No me digas! ¿Por qué?

-Yo quería un nombre especial, pero que definiese bien este trabajo. Un día estaba en casa, en el sofá, y me vino a la cabeza la palabra 'authentic'. Lo vi claro. Eso quiero yo, que este sea un sitio auténtico; nuevo, pero tradicional. Una barbería de verdad, auténtica y única.

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