Recuerdos de una Semana Santa 'kattuttera'

Manueltxo González, Juan Mari Sémper, Javier Fanlo y Ramonita Cantero, ante los pasos de San Juan y de Nuestra Señora de la Soledad./DE LA HERA
Manueltxo González, Juan Mari Sémper, Javier Fanlo y Ramonita Cantero, ante los pasos de San Juan y de Nuestra Señora de la Soledad. / DE LA HERA

JOANA OCHOTECOIRUN.

La exposición de los pasos de la Semana Santa de Irun, que puede verse hoy, último día, en la parroquia del Juncal, ha despertado los recuerdos de quienes vivieron las procesiones de Jueves Santo y Viernes Santo que se celebraron hasta el año 1980. Además de verlas, muchos irundarras participaban activamente en aquellos actos, portando los pasos, representando a alguno de los personajes de la procesión o llevando una vela.

Así lo hicieron, hace algunas décadas, Ramonita Cantero, una de las tres Marías; Javier Fanlo, que sostenía el paso de 'La oración en el huerto'; Juan Mari Sémper, alabardero; y Manueltxo González, que desfilaba portando una vela. Los cuatro se reúnen en la parroquia del Juncal para recordar aquellas procesiones de Irun, lo que significaban para ellos y los sentimientos que les despertaban.

Juan Mari Sémper, «de la República Independiente de Behobia», formó parte de «una escuadra de alabarderos majísima. En el año 60, se elaboraron unos trajes» para los hombres que formaban parte de ese grupo, la mayoría de los cuales «éramos de Behobia, de Ibarla, Ventas...». Juan Mari Sémper recuerda que, tras la misa y la procesión, «nos solían invitar a quienes participábamos a comer algo en el local de Acción Católica. Queso, un poco de vino... Un día», rememora, «nos echaron más vino del necesario y hubo alguna castaña de mucho preocupar... Al día siguiente era Viernes Santo y teníamos que desfilar...».

Entre familia y amigos

Sin dejar de lado la devoción y la solemnidad inherentes a estos actos, la Semana Santa era también un motivo para el encuentro, para compartir momentos con familia y amigos. Aquellas procesiones «eran algo muy del pueblo, muy de Irun», recuerda Javier Fanlo. Algo 'kattuttero', como se dice a este lado del Bidasoa. «Había pasos que llevaban familias: primos, hermanos... Otros eran amigos, del barrio... Sí, era algo muy de Irun». «Un día muy entrañable», añade Juan Mari Sémper.

Javier Fanlo comenzó a participar en las procesiones animado por sus hermanos: «los mayores nos llevaban a los pequeños. Nos vestíamos con aquellas corbatas de goma y llevábamos también las velas. Me acuerdo de que, después, mi madre tenía que limpiar el traje, la chaqueta... Porque aquello terminaba lleno de cera».

Las procesiones que se celebraron hasta 1980 «eran algo muy del pueblo, muy de Irun»

Los cuatro se alegran de la restauración de los pasos, expuestos hasta hoy en el Juncal

Un tiempo después, amigos de Javier Fanlo le propusieron participar en las procesiones portando alguno de los pasos: «recuerdo que cuando entré en la calle Izaga me dicen 'Tú, para el huerto'». Era el paso de 'La oración en el huerto', talla cuya figura principal, la de Jesús, ha sido restaurada este mismo año y ahora se muestra en la exposición del Juncal. Debido a sus grandes dimensiones, éste era el paso más significativo de las procesiones de Irun. «Era muy grande y pesaba mucho», atestigua Javier Fanlo. «Había que distribuirse por altura para poder llevarlo correctamente».

Aún y todo, cargar con esta talla no era nada sencillo: «recuerdo un año que, a la altura del túnel» de la calle Juncal «empezó a lloviznar. Acortamos el recorrido y en lugar de ir por Larretxipi subimos por San Marcial. Paramos en la Irungo y, de ahí, nos metimos por la calle Iglesia. Bajando la calle Escuelas, muy empinada», y teniendo en cuenta que el paso era muy largo, «había que ir muy despacio, metiendo talones para que no se nos fuera la figura». Era Viernes Santo, pero tras haber completado el recorrido, «no había abstinencia». Se lo habían ganado: «en la merienda había queso, jamón, chorizo...». Los portadores de 'La oración en el huerto', tras completar la ardua tarea, estaban exentos del ayuno.

También Ramonita Cantero guarda buenos recuerdos de su participación en las procesiones, donde representó a una de las tres marías: «cuando yo tenía diecisiete años, las tres mujeres que hacían de marías tenían de ochenta para arriba». Recuerda sus nombres «Modestita Iguarán, que tendría 86 años; Conchita Estomba y Milagros Lekuona». Ramonita Cantero, desde los trece años, acudía «siempre» a la misa de las ocho y media del Juncal. Se buscaba que gente joven participase en las procesiones «y se fijaron en mí. Al principio me propusieron ir de Verónica, pero a mí me daba vergüenza ir allí sola... Pero de María, con otras chicas, encantada». Y así fue. Ella misma se encargó de buscar a otras dos chicas que completasen las tres marías, «mi hermana Elvira y una de las Urtxegi». También reclutó a Merche Retegi, que se animó a representar a la Verónica.

La «muchísima emoción» con la que Ramonita Cantero participaba en las procesiones todavía se refleja en su voz al recordar aquellos momentos. «Yo siempre había visto las procesiones de niña con mis padres, y me emocionaba mucho». El día en que representó por primera vez a una de las tres Marías, su aita y ama estaban esperando para verla a la altura de Aguirre: «dicen que había unos chicos que comentaron 'mira, aquí vienen tres amargadas de la vida, tres neskazaharras...'». Nada más lejos de la realidad que aquel malintencionado comentario, no sólo porque Ramonita tenía sólo diecisiete años sino porque la miraba desfilar en la procesión, «desde debajo del reloj, el que hoy es mi marido».

La única inquietud que recuerda Ramonita Cantero entre «tantos recuerdos bonitos» era algo que sigue ocurriendo hoy en día ante cualquier acto que vaya a celebrarse al aire libre: la incertidumbre de si llovería o no, y de si «podrían salir los pasos o no, si se mojarían...». «Don David», apunta Juan Mari Sémper, en referencia al entonces párroco del Juncal, David Esnal, «estaba desde las siete de la mañana poniendo el dedo a ver si llovía o no».

«Es algo cíclico»

Manueltxo González define las procesiones como «la parte afectiva» del sentimiento religioso, «una manifestación externa de cariño. Y, también, una demostración de que uno era cristiano». Quien participó en ellas portando una vela se alegra de que en los últimos años se hayan restaurado siete de los pasos; del octavo, el mencionado 'Oración en el huerto', se ha recuperado una de las figuras.

La pregunta es obligada: ¿creen que en un futuro cercano podrían retomarse las procesiones de Irun, como ha ocurrido este año en Legazpi? «Creo que estas cosas se están recuperando», aventura Juan Mari Sémper, citando el ejemplo de la localidad urolatarra, en cuya procesión de este año ha participado, precisamente, la Banda de Música Ciudad de Irun.

Es una realidad innegable que la asistencia a los oficios religiosos ha disminuido, sobre todo entre los jóvenes. «Les cuesta entrar», dice Javier Fanlo. «Pero a mí una vez me explicaron que esto no es novedoso, sino que es algo cíclico. Hay momentos álgidos, y otros que lo son menos. Como la economía...». ¿Y si regresasen las procesiones de Irun? Juan Mari Sémper lo tiene claro: «bienvenido sea. A mí con tal de que no me quiten la pensión...».

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