La música en el lugar que se merece

El saludo del músico. Ricardo Requejo, como tantas veces, recibió ayer el aplauso del público, pero no por cómo tocó el piano, sino por toda su trayectoria vital./FOTOS: F. DE LA HERA
El saludo del músico. Ricardo Requejo, como tantas veces, recibió ayer el aplauso del público, pero no por cómo tocó el piano, sino por toda su trayectoria vital. / FOTOS: F. DE LA HERA

Familiares, amigos y 'su' Coro Ametsa quisieron acompañar al pianista irunés durante el acto La ciudad concedió ayer su Medalla de Oro a Ricardo Requejo, el primer músico que recibe esta distinción

IÑIGO MORONDOIRUN.

La cooperación y la solidaridad, la pintura, la investigación histórica, la educación ya habían recibido en la figura de distintas personas y entidades la máxima distinción que puede conceder el Ayuntamiento de Irun. Ayer por primera vez, la Medalla de Oro de la ciudad se entregó a un músico, al pianista Ricardo Requejo Retegui.

Fue en el transcurso de un acto con todos los ingredientes para la solemnidad que acabó resultando profundamente emotivo. La Corporación accedió a la Sala Capitular en fila de uno cuando en ésta ya esperaban decenas de invitados que la llenaban. Lo hizo con la música de la Banda Municipal de Txistularis, escoltada por los maceros y luciendo todos los concejales la venera que los acredita como tales. El pequeño desfile lo cerraron el alcalde, José Antonio Santano, y Ricardo Requejo. El homenajeado se sentó en la primera fila de las sillas de público, acompañado por Mikel Belarra, Pilar Requejo, Ana Mari Gaztelumendi e Iñigo Leonet.

Con todo el mundo situado arrancó el acto con la justificación oficial de los motivos de la entrega de la Medalla de Oro a Requejo, muy centrados en sus méritos como intérprete musical, pero más si cabe en su labor pedagógica como «maestro de músicos», docente apasionado en la formación de jóvenes promesas de todo el mundo, y sin olvidar su estrecha vinculación con Irun.

Requejo, a los 79 años, sigue tocando y enseñando y tiene un nuevo proyecto en Irun

Hasta ahí todo fue muy sobrio, muy formal. Pero un vídeo preparado para la ocasión empezó a agitar los sentimientos. Eskarne Agesta, Fernando Etxepare, Ainhoa Pintos y Leticia Vergara compartieron desde la pantalla sus vivencias junto a Requejo, todo ello entrelazado con las reflexiones intensas y profundas del propio pianista sobre la música y la vida, recogidas de antiguas entrevistas televisivas. La música de piano, interpretada por el propio irundarra, bañaba el vídeo desde el comienzo hasta el final.

Tomó el testigo el alcalde que con Requejo y tantos otros músicos presentes y tras haber disfrutado del vídeo, aseguró en su bienvenida que «la sintonía que nos acompaña en este acto no podía ser más cálida». Seguiría aún con las referencias musicales pero en forma de nombre propios de irundarras muy ligados a Requejo. Su profesor en la Escuela Municipal de Música, Primitivo Azpiazu; su director en la banda, Teodoro Murua... pero también sus compañeros en la Orquesta Uranzu: «Jorge Aranburu, Artola, Txitxo Tejero, Dionisio Zabala...», y, por supuesto, «nuestro querido y desaparecido Fernando Etxepare», con quien Requejo compartió amistad toda la vida y un proyecto musical que dio origen al Coro Ametsa.

Santano no entró al detalle de los indiscutibles méritos profesionales del pianista y sí halago su vocación por formar jóvenes, pero, sobre todo, destacó que «ha sido y es un espíritu libre; ha hecho lo que ha querido y ha querido lo que ha hecho. Ha estado en muchos lugares, ha sido reconocido y premiado, pero a mí me emociona oírle hablar de Irun y de nuestras fiestas; oírle hablar del Ametsa, de la juventud que pelea por la música. Me gusta recibirlo cuando viene cargado de ideas y proyectos». Para cerrar su intervención con otra referencia musical, Santano eligió una cita de Miguel de Cervantes: «Donde hay música, no puede haber cosa mala».

Un emotivo discurso

Llegó entonces el momento en el que Requejo fue reclamado ante los corporativos para que el primer edil le impusiera la medalla. Emocionado, nervioso según llegó a reconocer, Ricardo Requejo se dirigió a los presentes. Recordó que nació «en la calle Eguzkiza, a 300 metros de aquí», y habló de su infancia en Irun, de cómo fue su hermano Ramón quien le inició en la música antes de conocer a tantos y tan afamados maestros locales como Azpiazu, Murua o Luis Emparan. Recordó a Ascensión Michelena, su primera profesora de piano, «en el número 11 de la calle Uranzu». Contó cómo él y Etxepare se empeñaron en que su coro de Nochebuena cantara todo el año y cómo aquí dejó a su amigo dirigiendo aquellas voces graves (germen del Ametsa) cuando se fue a estudiar a París con 18 años. Habló de los Agesta, Mikela, Gabriel y Eskarne, de cómo ese núcleo irundarra en la capital francesa fue su «trampolín».

Y desde 1957, dio «un salto de 60 años, porque lo de en medio es muy aburrido», mintió, pero él prefería hablar de sus proyectos actuales. Tocará en septiembre en Irun a beneficio de la ONG DOA, llevará el departamento de piano de un nuevo centro superior de Música en Extremadura y en enero arrancará un ciclo de conciertos de cámara en Irun que él ha promovido junto a otros músicos locales para que intérpretes profesionales de la comarca puedan actuar en casa. Su objetivo, siempre presente y ayer firmemente declarado, es que «la música, poco a poco, vaya ocupando el lugar que se merece en nuestra sociedad».

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