«Hay que mantener la memoria viva, porque lo que he pasado no quiero que lo pase nadie»

José de Sola, superviviente.
José de Sola, superviviente.

M. J. A. IRUN.

El irunés José de Sola, superviviente de Gurs, tampoco regresó del exilio. Entró siendo un niño en el campo de concentración de Gurs y quiso acudir a la proyección del Amaia porque le hacía especial ilusión «estar en la ciudad natal de mi familia».

José dio las gracias «a todas estas personas y asociaciones que se ocupan de que la memoria quede viva, porque lo que he pasado no quiero que nadie lo pase. Cuando empezó la guerra pasamos de Hondarribia a Hendaya en una lancha. Mi padre era tornero y trabajaba en el depósito del ferrocarril, aquí en Irun. Mi madre también era irunesa, pero trabajaba en Hendaya, en el Palais de Cristal. Mi madre tenía amigas en Francia y nos acogieron bien, pero como la República resistía, mi padre quiso ir a Barcelona y después, de Barcelona fuimos a la frontera francesa».

Una vez al otro lado de la muga, «a los hombres los mandaron al campo de Argèles y a las mujeres y niños, al centro de Francia. Mi padre salió del campo de Argèles y encontró trabajo en un pueblo al lado de Oloron, donde empezó a trabajar de tornero. Allí vivíamos bien, en un piso amueblado y todo. Pero con el gobierno de Vichy, vinieron a por los que llamaban 'los indeseables'. Nos cogieron y nos llevaron, primero a un campo al lado de Pau y luego al de Gurs».

A José, que tuvo que conocer varios campos, el de Gurs le pareció «el peor. Estaba lleno de barro y las barracas, todas rotas. Cuando llovía, nos caí al agua encima. En cada barraca había 60 personas, la comida era remolacha, nabos y un poco de pan. Cuando empezaron a llevar a los judíos, nos mandaron a otro campo y de ese, a otro. Conocí a un matrimonio judío bastante mayor. La mujer se quedó agachada en un rincón de la barraca. No quería comer ni beber. Mi madre le ofrecía comida y no quería. Allí se quedó quieta hasta que murió».

Fotos

Vídeos