Lucio Francesco (Saggioro Capellán de Guadalupe): «Al principio pensé que este lugar era demasiado bonito para mí»

Lucio, con su hábito, posa tras la misa del domingo en Guadalupe.
Lucio, con su hábito, posa tras la misa del domingo en Guadalupe. / FLOREN PORTU

Es del Veneto, pero ha estado en Brasil, Australia, India o China hasta que en 2013 se instaló en Hondarribia

YLENIA BENITO BIDASOANDV@GMAIL.COM

Juguemos al 'Quién es quién'. Yo daré las pistas. Apuesto a que no conseguirán acertar el personaje. Empezamos. Tiene gafas, son redondas y de pasta. Lleva barba y una rasta en el pelo. Luce catorce tatuajes. Es del Barça, mucho. Le gusta U2 y la música reggae. Admira a San Francisco de Asís y se divierte mucho con Gru y los Minions. Sólo me queda una pista. Siempre lleva vaqueros y camisetas, pero, a veces, los cubre con un hábito. ¿Quién es? Sólo puede ser Lucio, el capellán de Guadalupe. Ya arreglaremos cuentas con quienes hayan perdido la apuesta. Ahora lean y comprueben que no he hecho trampas. Lucio es auténtico, igual que mis pistas.

-Lucio, nadie adivina que eres monje...

-Lo sé. Hace poco estuve en Bilbao, en el concierto de Deep Purple, y en broma le dije a mi amigo: «voy a gritar aupa Guadalupe!. Total, nadie se va a imaginar que soy el monje de Guadalupe». (Risas)

«He descubierto que puedo mantener una conversación en euskera con solo dos respuestas»

«Soy del Barça desde niño, tenía un tío comerciante en Barcelona que me enviaba camisetas»

-Aquí en Hondarribia ya se han acostumbrado a tus tatuajes, ¿verdad?

-¡Sí! Aquí no me ha pasado, pero en otros lugares me han dicho que llevo tatuajes para atraer a los jóvenes. Eso no me gustaba nada. Yo no tengo tatuajes para engañar a nadie. Los tengo porque cada signo tiene un sentido. Lo mismo que la rasta. A mí me gusta mucho la filosofía rastafari, es muy interesante, por eso la llevo. Aquí en Hondarribia ya están todos acostumbrados y desde el principio me acogieron muy bien.

-Ésta es ahora tu casa, pero antes has caminado por medio mundo.

-Sí, así es. Un día dando clase en Roma, porque también he sido profesor, me di cuenta de que tenía que experimentar eso que estaba contando. Tal y como hizo San Francisco, me puse una mochila y me fui. Marché con 373 euros y mi casa reducida a una maleta de once kilos.

-Qué sorprendió más a tu familia, ¿que te marcharas o que quisieras ser fraile?

-¡Ser fraile! Eso fue una sorpresa para todos. Yo era el típico chulito.

-¿Qué te hizo tomar la decisión?

-Yo desde pequeño quería hacer algo interesante. Entonces hacía mucho deporte, sobre todo fútbol. Por cierto, ¡visca el Barça! (Risas)

-¿Cómo? ¿Eres blaugrana?

-¡Desde siempre! Un tío mío vivía en Barcelona, tenía un comercio y me enviaba camisetas de Cruyff y los demás. He vivido un año en Barcelona, eso te lo cuento luego.

-Bien, sigamos con tu decisión de ser fraile.

-Sí, pues fue el fútbol precisamente quién puso a San Francisco en mi camino. Un verano participé en un campamento que organizaron los frailes capuchinos, ahí conocí la figura de San Francisco. Me gustó que fue un hombre con una vida entregada a los demás, pero con mucha libertad de elección. Tenía un 0'00001 de idea, pero empecé con los capuchinos y fui aprendiendo.

-Ese fue tu primer paso en un viaje que te ha llevado a lugares muy lejanos de tu Veneto natal, ¿sí?

-Sí, como te decía, yo no he hecho nada nuevo. San Francisco ya lo hizo. Cogí la mochila y dejé que un viaje me abriese las puertas de otro. Fue una experiencia increíble.

-¡Cuéntanos alguna!

-Recuerdo mucho el Camino de Santiago. Conocía mucha gente, empezamos dos y poco a poco se fueron uniendo más personas como un artista de Nueva York, un torero de Murcia o una chica de Alemania.

-Cuánto une el Camino...

-¡Muchísimo! En los albergues, a la noche, hacía una pequeña misa o, si había muchas personas no católicas, un pequeño momento de espiritualidad. Había gente que pedía sitio en los albergues a los que yo iba. Fueron días increíbles. Ahí también empecé a conocer un poco el norte.

-¿Cuándo y por qué decides instalarte aquí?

-Fue gracias al obispo Munilla. Le presenté lo que sentía en mi corazón y él me dijo que, si yo quería, Gipuzkoa me iba a acoger con los brazos abiertos. Acepté. Primero estuve en Rentería con los chavales de tiempo libre. Ellos me enseñaron el castellano y un poco de euskera. Después de un año, se presentó la oportunidad de venirme a Guadalupe.

-Cómo rechazar Guadalupe...

-Al principio pensé que era un lugar demasiado bonito para mí, de verdad.

-Pero, ¿se han cumplido las palabras del obispo Munilla?

-Sin duda. No solo el paisaje o el entorno, la gente es fenomenal.

-Ya llevas unos años aquí, el euskera estará dominado, ¿no?

-'Gutxi gora behera'. (Risas) Después de tanto estudiar, he descubierto que se puede hablar euskera con solo dos contestaciones.

-¿Cuáles?

-'Gutxi gora behera' y 'beti bezela'

-¡No puede ser!

-Un día estuve en un bar veinte minutos solo diciendo eso. (Risas)

-El euskera en Hondarribia es especial...

-¡Y tanto! En un examen del Euskaltegi puse 'kargatu armak' y la profesora me dijo: «alardeko euskera ez da euskera batua». (Risas)

-En misa, entonces, ¿qué euskera utilizas?

-Lo utilizo bien, creo. Intento prepararme muy bien las liturgias.

-Hablan muy bien de tus sermones, ¿cómo los preparas?

-Durante la semana llevo una vida contemplativa, monacal y de estudio para eso, para prepararme bien las misas. Un sermón de cinco minutos necesita una preparación de unas ocho horas.

-Y en euskera, ¡tiene mérito!

-També parlo catalá, ¡eh!

-¡Cierto! Cuéntanos tus aventuras catalanas.

-Estuve un año viviendo allí y aprendí catalán. Igual que aquí doy misa en euskera, allí lo hacía en catalán. Las lenguas locales hay que cuidarlas, son importantes.

-¿Además de aprender catalán, también fuiste al Nou Camp?

-Sí, y también conocí a la yaya de Cesc Fàbregas, venía a mi parroquia, pero a él no. ¡Qué pena! (Risas)

-«Soy del Barça desde niño, tenía un tío comerciante en Barcelona que me enviaba camisetas»

-¿Sabes qué me pasó una vez? Una peña del Real Madrid me mandó las felicitaciones oficiales de Navidad con la foto de Florentino Pérez.

-¿Qué hiciste?

-¡Quemarlas! (Risas) Aquí no caso a novios que son del Real Madrid, ¿sabías?

-¡No me lo creo!

-Es broma, pero a veces, por si acaso, me lo confiesan después. (Risas)

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