Irun aprueba el concurso público para adquirir los autobuses eléctricos de la L-1

Autobús eléctrico y pantógrafo (cargador) similares a los que incorporará Irun a su L-1 este año./
Autobús eléctrico y pantógrafo (cargador) similares a los que incorporará Irun a su L-1 este año.

El alquiler de vehículos, los puntos de carga en las cabeceras y el mantenimiento para cinco años se incluyen en el contrato

IÑIGO MORONDO IRUN.

La llegada de los autobuses eléctricos a la L-1 Zaisa-Hospital ya es sólo cuestión de tiempo. El miércoles, el Pleno de la Corporación aprobó por unanimidad el concurso público para contratar todo aquello que será necesario para que la más utilizada de las líneas del transporte urbano municipal sea totalmente eléctrica y emita cero CO2 a la atmósfera. Dos ciudades guipuzcoanas, Donostia e Irun, son los mejores ejemplos de vanguardia en la electrificación de los autobuses urbanos. En otros lugares las apuestas han sido por motores híbridos u otras fórmulas y, en cuestión de meses, éstas dos se convertirán en las primeras ciudades del Estado que tengan una línea completamente libre de emisiones.

«Con esta decisión, Irun se mira en el espejo de su historia», valoraba ayer el alcalde, José Antonio Santano, aludiendo a que «ya fue pionera con la instalación del sistema de alumbrado eléctrico a finales del siglo XIX», recordó. «No cubría toda la ciudad, pero supuso un paso de gigante en comparación con lo que había en otros lugares. Esa clave innovadora se repite ahora con el bus eléctrico. Esto es como para que nos sintamos orgullosos».

La aprobación del concurso refrenda «dos años de reflexión conjunta de los diferentes grupos políticos y todos los miembros de la Mesa de Movilidad sobre el futuro de Irunbus», anunció en el pleno Cristina Laborda, delegada de Movilidad. Admitió que en los datos de Irunbus encontraron «un buen punto de partida para afrontar esa reflexión. En 2017, 1.600.000 viajeros, 2% más que el año anterior, y crecimiento desde 2012 en todas las líneas. Pero queríamos saber qué hacer en los próximos años, cuáles eran los objetivos que entre todos nos marcábamos».

Los cambios en el diseño de las líneas con la llegada de la L-4 se esperan para antes de Semana Santa

El más ambicioso «y el que ha supuesto todo un reto» es convertir en eléctrico el servicio en 10 años. Se empieza este 2018 por la L-1, que concentra el 72% de los viajes. Con la tecnología en este campo avanzando a pasos gigantescos en cosa de meses, «en el área nos hemos guiado por dos principios: sostenibilidad y prudencia». Sostenibilidad ecológica, pero también de la calidad del servicio en los términos en los que se presta. Prudencia «económica, por supuesto, pero también por lo cambiante que es esta tecnología».

De unos pliegos «complicados y muy técnicos» por los que Laborda felicitó, con nombres y apellidos, a los funcionarios responsables, la delegada extractó dos ideas. «Los autobuses se adquieren en régimen de alquiler con opción a compra, para que haya opción de adaptarnos si la tecnología realiza un gran avance». Por otro lado, se opta por la carga de oportunidad. Es decir, se instalará un pantógrafo (surtidor de carga rápida) en cada extremo de la línea. En esas cabeceras, en apenas 3-4 minutos, el vehículo consiguirá electricidad para llegar al otro extremo. «La exigencia es que consiga autonomía como para realizar el recorrido entero, por si no puede cargar en la otra cabecera. Prudencia, una vez más», subrayó.

El contrato licitado, con un presupuesto máximo de 3,38 millones, incluye la fabricación y alquiler de los cuatro autobuses para el servicio integral de la línea, la colocación de los pantógrafos y el mantenimiento de todo el conjunto, todo ello para los próximos cinco años.

La L-4 llegará este mes

El otro objetivo fruto de la reflexión fue mejorar el servicio que se está prestando. «Las líneas son fiables y funcionan bien, pero hay puntos de la ciudad donde nos demandan llegar. Eso nos lleva a reformular las líneas». En realidad, la L-1 Zaisa-Hospital y la L-2 Ventas-San Juan quedan igual y es la L-3 la que se modifica para dedicarse a conectar el centro con Artia y, «a partir de que se abran, con las instalaciones del Tenis Txingudy».

Para completar la oferta nace la L-4 que dará el servicio a Olaberria y asumirá toda una serie de demandas: la de llegar a Anzaran, la de habilitar una parada de bus urbano delante del ambulatorio Irun Centro y la de que Irunbus cubra la avenida de Euskal Herria.

Una de las empresas que se presentó al contrato de gestión del servicio municipal de transporte público que incluía las anunciadas modificaciones (licitado en julio de 2017) interpuso un recurso cuando el Pleno se lo adjudicó a Auif en octubre. Toda vez que el Órgano Contractual del Gobierno Vasco ha desestimado el recurso, y el miércoles hizo lo propio el Pleno (con votos a favor de PSE, PNV y PP y abstención de SPI y Bildu), «el objetivo es poner el nuevo contrato en marcha, con esa L-4, lo más rápido posible, antes de Semana Santa», anunció Laborda.

Unanimidad y ambición

Todos los grupos municipales, que a través de la Mesa de Movilidad han participado en la ambiciosa propuesta de electrificar la L-1, apoyaron en el Pleno la licitación del contrato de suministro de los autobuses. Todos ellos destacaron las bondades del sistema, especialmente medioambientales, aunque Xabier Iridoy (PNV) destacó también, por ejemplo, «la reducción de ruido que supondrá». Indicó asimismo que «el camino que hoy iniciamos debe continuar a medida que se produzcan mejoras tecnológicas».

El resto de grupos también mostró ambición. Dani Berasategi (Bildu), incidió en que el reto debe ser ahora garantizar que la energía que mueva esos autobuses «sea limpia, renovable y fabricada aquí» y apostó por mejorar infraestructuras de carga para fomentar que el parque de vehículos privados se vaya electrificando. David Soto (SPI), destacó que Irun sea «de los primeros Ayuntamientos que afronta el reto de la movilidad eléctrica, importantísimo de cara a la sostenibilidad energética», y animó a la Corporación a ir «más allá, hasta la autosuficiencia energética». Juana de Bengoechea (PP) reivindicó el papel de la Mesa de Movilidad, «como uno de los órganos de participación ciudadana que mejor funciona» en la ciudad. También pidió al Gobierno municipal que «busque el reconocimiento en Gipuzkoa y Euskadi por los avances que ha hecho Irun en movilidad eléctrica, cuestiones energéticas y de ahorro de contaminación».

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