Una hora para aprender mucho sobre Irun

Patrimonio. Desede la puerta de la parroquia, el recorrido pasa por algunos de los puntos más interesante de la ciudad. / FOTOS: F. DE LA HERA
Patrimonio. Desede la puerta de la parroquia, el recorrido pasa por algunos de los puntos más interesante de la ciudad. / FOTOS: F. DE LA HERA

Las visitas guiadas por la ciudad acuden este verano a diversos espacios y varios edificios significativos

IÑIGO MORONDO IRUN.

El Museo Oiasso dota a la ciudad de cierta consistencia turística, obviamente no para atraer un público masivo, pero sí va para hacerla punto de interés para algunas de las muchísimas personas que en periodos vacacionales visitan Gipuzkoa o Iparralde. «Lo que no teníamos», explica el delegado de Impulso de Ciudad, Miguel Ángel Páez, «era una visita para poner en valor el resto del patrimonio histórico-artístico, que lo hay».

Así ha surgido este verano una nueva modalidad de visita guiada por la ciudad que se viene ofreciendo miércoles (11.00 horas) y sábados (10.30) desde primeros de julio y que se mantendrá hasta finales de agosto. Está tan dirigida a turistas como a locales y las inscripciones pueden realizarse en la Oficina de Turismo de Luis Mariano por dos euros. Se trata de un paseo de una hora desde la parroquia del Juncal hasta el ayuntamiento pasando por el exterior de la ermita de Santa Elena y, por tanto, por la plaza Urdanibia y otros lugares de la Parte Vieja. El consistorio y la iglesia del Juncal se visitan por dentro y esto último es novedad. «El Juncal es una de las joyas que tenemos y que ahora, gracias a un acuerdo con la propia parroquia, se puede visitar con guía», destaca Páez.

Este modelo permite al visitante conocer fechas y estilos arquitectónicos, ver el retablo principal y algunos de los demás desde la mirada conocedora del guía, pero sobre todo, que las preceptivas explicaciones lleguen acompañadas de anécdotas y curiosidades, ésas que golpean en la mente del visitante y se quedan para siempre en su memoria: las leyendas en torno al origen de la talla de la Virgen, historietas con protagonistas de excepción como el pintor Zuloaga recogidas en la pluma de Luis de Uranzu... «Quizá lo que más me ha llamado la atención ha sido saber que antiguamente el río llegaba hasta el pie de la parroquia», confiesa Marina. Ella y Javier son irundarras, pero sólo desde hace ocho años. «Vinimos de Guadalajara por trabajo. Conocíamos los sitios que hemos visto en la visita, pero no sabíamos casi nada de ellos», asegura él.

Lo cierto es que, abandonada la iglesia, el recorrido permite hablar de muchas cosas. Del mercadillo de la plaza Urdanibia, del antiguo hospital Sancho de Urdanibia que actualmente acoge el euskaltegi municipal a un lado y la Sala Menchu Gal al otro. «No sabía que existía esa sala», reconoce Marian, donostiarra apuntada a la visita «para conocer algo más de Irun. Me ha gustado mucho el paseo y pienso volver en cuanto pueda para ir a la Sala Menchu Gal».

Aunque la ermita de Ama Shantalen no se visita por dentro, se convierte en la excusa ideal para hablar del Irun romano y de los diversos hallazgos que en las últimas décadas han dejado obsoletos los libros de texto de finales de siglo XX sobre la historia vasca. Los propios participantes pueden hacer aún mejor la visita con sus preguntas, interesándose por la fuente de la calle Ermita, el parque de la Sargía, el frontón Uranzu o los edificios de la calle Larretxipi mientras la suben camino del ayuntamiento. La casa consistorial es el final del camino, pero un final dilatado. Subir su elegante escalinata da pie a recordar que las originales eran de piedra y que, hasta hace no tanto, estaban en el exterior, en el lateral del edificio, garantizando la conexión de la calle Jesús con la plaza de San Juan. La cúpula, con sus vidrieras, es una agradable sorpresa porque está ausente en la fachada y sólo se presenta ante quien accede al interior del consistorio. «No me podía ni imaginar una cúpula dentro», dice Marina. Con la Sala Capitular y sus valiosos cuadros, incluido el de la etxekoandre de Vicente Berrueta, «la que hemos visto en escultura de piedra en la plaza Urdanibia», apunta el guía, llega el final.

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