Guadalupe Serrano Berrotarán: «Los relatos de este libro son pedazos de mi vida, con un poco de poesía»

Guadalupe Serrano, con su libro 'Las edades de mis años'./DE LA HERA
Guadalupe Serrano, con su libro 'Las edades de mis años'. / DE LA HERA

Mitad pacense, mitad hondarribitarra, la mixtura cultural está presente en 'Las edades de mis años', su quinto libro y primera obra autobiográfica

MARÍA JOSÉ ATIENZAIRUN.

Un día, ordenando un armario, una caja de fotos se vino al suelo. Las imágenes, algunas en blanco y negro y otras en color, quedaron esparcidas, mirando a Guadalupe a la cara. En una de ellas, su abuela Encarna, vestida de riguroso luto y rodeada por sus cinco hijos varones, le trajo a la memoria la historia que había detrás. Aquella foto fue el cabo de madeja del que tiró la autora para escribir 'Las edades de mis años' (AA ediciones), una veintena de relatos autobiográficos que mañana jueves, a las 19.00h, presentará en el CBA.

-Una vieja fotografía, una melodía, el aroma de una flor o el olor de un guiso son las llaves que abren el archivo personal de Guadalupe Serrano. ¿Qué tipo de historias nos cuenta en su nuevo libro?

-Son pedazos de mi vida. Hay un aroma o una imagen que me traslada a un momento concreto y es como si lo estuviera viviendo. Todo lo que cuento es verdad, aunque hay un poco de fantasía y de poesía en algunos de los relatos, porque en ellos aparecen personas reales. Las historias no siguen un orden cronológico. Se pueden leer en cualquier orden. Hay algunos relatos de la infancia y otros de la madurez y se ve cómo han cambiado las cosas desde los años 40 hasta la actualidad.

-Pacense, hondarribitarra y fronteriza por partida doble. La mezcla de culturas vuelve a estar presente en esta obra.

-Mi madre era de Hondarribia y mi padre de Badajoz y yo siempre he tenido esa mezcla muy marcada, igual que el carácter fronterizo, que es más libre. Nosotros vivíamos en Extremadura, pero en mayo, cuando empezaba a hacer calor, nos veníamos aquí. Nuestra educación, nuestra cultura y nuestra comida siempre ha sido una mixtura. Éramos un poco distintos en un lugar y en otro. Nuestra vida ha sido un poco peculiar, en ese sentido.

-La cocina está muy presente en los relatos de 'Las edades de mis años'. Incluso el libro termina con una relación de sus recetas favoritas.

-Mis dos abuelas eran excelentes cocineras. Marcela, mi abuela materna, se fue a Badajoz con mi madre cuando ésta se casó. Ella seguía cocinando al estilo vasco, pero allí no encontraba muchos de los productos a los que estaba acostumbrada. No había puerros, que eran básicos para su cocina. En la casa de Badajoz había un jardín con una pequeña huerta. En uno de los viajes que hizo a Hondarribia, en aquellos trenes con transbordo en Mardid, se trajo unas plantitas de puerro en su regazo, como si fueran un tesoro. Las plantaron en la huerta y cuando crecieron aquello fue una fiesta. Creo que fueron los primeros puerros que se vieron en Badajoz.

-Ya que nos ha enseñado sus recetas favoritas, ¿puede decirnos cuáles son sus relatos preferidos?

-'Imágenes y aromas', que trata la muerte de mi abuelo paterno, vista desde los ojos de la niña que yo era; 'Del blanco y negro al color', un relato sobre un episodio duro de mi vida y 'Mi madre, Juliana Berrotarán', un homenaje a esa mujer que nunca olvidó su lengua ni su lugar de origen y que nos hizo amar a Hondarribia y a sentir nostalgia por ella cuando estábamos lejos.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos