«En fiestas solemos fabricar entre 10.000 y 12.000 alpargatas»

Juncal Aguirre y su equipo tienen toda la artillería pesada preparada para las fiestas de Hondarribia.
Juncal Aguirre y su equipo tienen toda la artillería pesada preparada para las fiestas de Hondarribia. / FOTOS F. DE LA HERA

Esta irundarra está al frente de una empresa bidasotarra que calza los pies de japoneses, australianos, italianos y franceses, entre otros

YLENIA BENITO

Dicen que hay que tener los pies en la tierra. Es importante, aunque algunas, como Frida Kahlo, reniegan de ellos porque tienen alas para volar y otros prefieren surcar mares y no pisar tierra firme. El caso es que, de vez en cuando, es importante- y necesario- tener los pies sobre la tierra. Y para caminar sobre ella, para avanzar en nuestro camino, es imprescindible un buen calzado. Esta lección la saben bien en Calzanor. Juncal Aguirre puede demostrar que un buen calzado puede llevarte lejos. Muy lejos. Australia, China o Nueva York. Hasta allí llega el buen saber hacer de esta empresa irundarra, porque las alpargatas no son solo para fiestas.

-¿Hay vida para una alpargata más allá del 30 de junio y el 8 de septiembre, Juncal?

-(Risas) ¡Mucha vida! Es un calzado que ya es habitual durante todo el verano. El problema es que aquí el buen tiempo dura poco...

-Ni siquiera nos respeta el día de fiesta...

-Desde luego. Este año con la lluvia, en sanmarciales, hemos vendido las alpargatas a puñados.

-Será lo habitual en esas fechas y, bueno, en estas también.

-Sí, sí. Los días previos a San Marcial y al día de Guadalupe son una auténtica locura. Ahora tenemos mucho trabajo porque las alpargatas en Hondarribia son muy variadas.

-En números, ¿de cuántas alpargatas estamos hablando?

-Uy, ¿en fiestas? 10.000 o 12.000 cada año.

-¿Y después os quedan fuerzas para más?

-¡Claro! Nosotros, por suerte, trabajamos todo el año. Gracias a nuestros clientes en el extranjero, la temporada, para nosotros, no se limita solo al verano.

-Para muchos Calzanor ha existido siempre, pero ¿cómo y cuándo empezó esta andadura?

-Fue en 1987. Acabamos de cumplir treinta años. La historia comienza en la empresa de un francés. Mi marido trabajaba allí, era el mecánico de esa pequeña fábrica que hacía alpargatas clásicas. El dueño decidió cerrar, pero entonces un grupo de trabajadores, entre ellos mi marido, se quedaron con la empresa y montaron una cooperativa. La cosa no salió bien, fue entonces cuando mi marido se quedó con la empresa y yo empecé a trabajar en ella.

-¿A qué te dedicabas tú?

-Yo trabajaba en una agencia de aduanas. Era la época en la que, también, la iban a cerrar, así que me incorporé a la empresa de mi marido.

-¿Sabías algo de alpargatas?

-¡Nada! (Risas) Pero de 'papeleo' y temas de exportación sí, así que me vino bien.

-Permíteme la broma: ¿empezasteis con buen pie?

-(Risas) Bueno, con muchas dudas. Empezamos haciendo la alpargata clásica, pero enseguida nos dimos cuenta de que teníamos que abrir nuevos caminos.

-¿Renovarse o morir?

-Era la época de las primeras alpargatas de importación. Las traían de China. Eran muy baratas. Para que te hagas una idea, con el precio de una alpargata china nosotros solo pagábamos el material inicial.

-Vaya...

-No podíamos competir contra eso. Nosotros aquí lo hacíamos todo, ¡hasta trenzar el hilo! Hacíamos una alpargata muy buena, pero si al lado teníamos una más barata pues... ¡la gente la compraba! Normal.

-Esto fue solo un traspié, salisteis adelante.

-Sí, nos planteamos diseñar. Fuimos a tres ferias internacionales y ahí encontramos nuestro nuevo camino. Allí conocimos a nuestros primeros clientes de exportación. Clientes que aún hoy mantenemos, por cierto.

-¿De dónde son esos clientes?

-Japón, Nueva York y Australia.

-¡Llegar con alpargatas al otro lado del mundo tiene mérito!

-Pues sí, la verdad. No nos podemos quejar de cómo nos han ido las cosas. En el mercado nacional estamos en todas las provincias, también tenemos alpargatas en Francia e Italia. La exportación supone el 75% para nosotros.

-¿El enviar alpargatas tan lejos os ha supuesto cambiar la empresa o el modo de trabajar?

-La empresa no ha cambiado mucho, seguimos siendo unos treinta trabajadores. El modo de trabajar, tal vez, sí ha cambiado. Ahora las suelas se las encargamos a alguien que se dedica solo a eso, por ejemplo. Los moldes cambian cada año, más tacón, menos, puntera cuadrada, redonda... Pero, por lo demás, la alpargata la hacemos aquí.

-Made in Irun auténtico.

-Sí. Mira, aquí en el piso de arriba está la sección de aparado. Aquí hacen la parte de arriba de la alpargata. Abajo unen las dos partes, la suela y lo que hayamos diseñado.

-Hacéis de todo Juncal, no hay dos iguales.

-¡Claro! Lo que nos exige el mercado. Hoy en día, una alpargata, además de ser cómoda, debe ser bonita. Las hay con glitter, charol, plateadas, doradas... ¡de todo!

-Los hombres también pueden calzar vuestras alpargatas, ¿verdad?

-Sí, claro. Tenemos, por decirlo de alguna manera, dos marcas: Calzanor y Juncal Aguirre.

-¿Quién te iba a decir a ti en la aduana que ibas a estar enviando alpargatas a Japón?

-(Risas) ¡Desde luego! Pero, sin duda, la exportación, el meternos de lleno en el diseño, ha sido nuestra salvación. Ahí nos empezó a ir todo mejor y hasta aquí.

-Aquí no acaba el camino. Tenéis buen calzado, seguro que seguiréis andando...

-Mi marido hace un par de años que se jubiló. Yo no sé cuándo lo haré, pero la próxima generación ya está preparada y trabajando aquí.

-¡Qué buena noticia!

-Sí, mis hijos han aprendido el oficio. Por ahí andan hoy buscando dónde y cómo hacer la campaña publicitaria de la próxima temporada...

-Sí, veo mucho revuelo, pero las fiestas aún no han empezado...

-¡Aquí siempre hay fiesta! (Risas) Hoy nos toca hacer las fotos de la campaña publicitaria con modelos, pero mira lo que hay aquí... (señala el montón de alpargatas).

-¿Habrá alpargatas para todos los hondarribitarras?

-¡No lo dudes!

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