Fiesta pagana en la plaza Urdanibia

Manos arriba. El público llenó el lunes la plaza Urdanibia para disfrutar del concierto, recuperado tras haberse suspendido por mal tiempo en sanmarciales/F. DE LA HERA
Manos arriba. El público llenó el lunes la plaza Urdanibia para disfrutar del concierto, recuperado tras haberse suspendido por mal tiempo en sanmarciales / F. DE LA HERA

Mägo de Oz hizo saltar y gritar a un público que llevaba casi un mes esperando al grupo madrileño

IRATI JARAIRUN.

En esta ocasión la lluvia no impidió a los más forofos de Mägo de Oz, y a los no tan forofos, ponerse en pie, alzar el puño y la cerveza. Antes de las 22.00 horas, la plaza Urdanibia ya se vestía con las tan representativas camisetas negras para escuchar, durante una hora y media, al grupo de rock duro español más importante en los últimos tiempos. «¿Como no íbamos a venir? Aunque cantase Morat en las fiestas de San Sebastián... no nos podíamos perder Mägo de Oz», decía uno de los asistentes.

El concierto dio comienzo con una lluvia de serpentinas y confetis. El atrezzo del escenario se encendió con fuerza y los instrumentos más reconocidos de la banda, junto con las palmas y los gritos de la gente, empezaron a sonar. Poco a poco, fueron llegando las canciones más populares 'La danza del fuego', 'Hoy toca ser feliz' o 'Hasta que aguante mi voz'. Lágrimas, sonrisas, emoción, hubo hueco para todo tipo de sensaciones y sentimientos. Incluso, para poesías. Zeta, el vocalista, se atrevía con un poema «cultivo propio» para amenizar, todavía más, la noche.

Treinta años de trayectoria lograron levantar cientos de manos cornutas. «Un grupo especial, diferente, genuino y único que nunca deja indiferente a nadie», es auténtico hasta el vestuario. Admirable es, también, la capacidad que tiene Josema para soplar con esa rapidez la flauta travesera o la que tiene Mohamed de tocar el violín con esa viveza, o la de la imperial Patricia Tapa, segunda voz, que logró levantar el ánimo del público con el solo que se marcó, ayudada del miembro más antiguo de la banda, el batería Txus, y un trío de guitarras muy potente.

Un mágico escenario lanzó serpentinas, confetis y fuego durante hora y media

«Era imposible faltar a este concierto. Mägo nunca falla, la gente ha estado muy entregada»

Cuando parecía que la actuación había terminado, llegó el cañonazo final. «¡Beste bat, beste bat, Fiesta pagana, Fiesta pagana!», gritaba el público con energía.

El grupo se hizo de rogar durante un par de minutos, pero la espera mereció la pena. Las coreadas 'Molinos de viento y 'Fiesta Pagana 2.0' hicieron saltar y bailar a todos los asistentes. La plaza se llenó de pequeñas luces de móviles y cámaras para grabar un final que dejó muy buen sabor de boca.

«Ha estado genial, todo el público estaba muy receptivo, muy entregado, muy metido en el concierto», comentaba Alejandro, uno de los presentes. «Se me ha pasado el concierto volando, este grupo es genial. Mägo de Oz nunca falla».

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