Zoa Cuéllar: «Nunca he sentido tanta vida en mi cuerpo como en mi primera función»

Zoa le tiene un cariño especial a sus marionetas, con las que se hace una al ponerse tras el teatrillo./F. DE LA HERA
Zoa le tiene un cariño especial a sus marionetas, con las que se hace una al ponerse tras el teatrillo. / F. DE LA HERA
Zoa Cuéllar, titiritera

Esta joven nicaragüense ha nacido y viajado (casi por medio mundo) entre títeres, pero desde hace un año ha instalado su teatrillo y su vida en Irun

YLENIA BENITO BIDASOANDV@GMAIL.COM

Zoa es nicaragüense, nació allí, pero también se siente boliviana. El 12 de diciembre de 2016 llegó a Irun para quedarse, así que también es irundarra. Los días pares se mete en la piel del tío coyote y del tío conejo, pero en algunos impares ha sido una princesa, un gato y un niño curioso. Ha estudiado e investigado tanto sobre la Malinche que también podría ser ella algún día suelto. No crean que Zoa tiene problemas de personalidad, no, es titiritera. De profesión y de corazón. Ese que le han enseñado a poner sus padres en cada representación. Y es que para este oficio hace falta algo más que de dos manos.

-Me pongo en tus manos de titiritera, Zoa.

-¡Las mejores manos, sin duda! Me falta el teatrillo para poder esconderme detrás.

-Ahí es donde se guardan los secretos de los títeres...

-Y los del titiritero, sí. Ahí detrás, con mi padre, es donde yo lo aprendí casi todo de este oficio.

-¿Tu padre es titiritero?

-¡Sí! Yo vengo de una familia de titiriteros, mis padres hacen títeres en Nicaragua desde hace 37 años. De hecho, mi familia formó el primer grupo profesionalizado de títeres: 'Guachipilin'.

-¿Guachipilin? Seguro que tiene un significado divertido.

-Es una mezcla de varias cosas, un árbol y el Dios de la renovación entre otras. Fue mi madre quien propuso el nombre en los ochenta. Entonces, eran muchos en el grupo y lo decidieron en asamblea.

-Entiendo que has nacido entre títeres y teatrillos...

-Efectivamente. Soy la menor de tres hermanos y recuerdo haber viajado mucho junto a mis padres y el resto de la compañía. Intentaban llevarnos siempre, eran tiempos difíciles, así que cada uno buscamos nuestro pequeño hueco en la compañía.

-Intuyo que tu lugar estaba detrás del teatrillo...

-Así es, yo siempre estaba detrás con mi padre. Yo le ponía los títeres en las manos. Era una niña muy tranquila, creo que por eso me dejaban estar detrás.

-Todos los niños y niñas frente al teatro y tú detrás. ¡Qué privilegio!

-Sí, pero recuerdo alguna que otra vez en la que mis hermanos y yo estuvimos entre el público. No podíamos estar callados y adelantábamos a los demás niños lo que iba a ocurrir, así que mis padres hacían trampas y cambiaban la historia. ¡Quedábamos fatal! (Risas)

-¿En el mundo de los títeres hay más trampa o cartón?

-Lo que hay es mucho trabajo y sacrificio. Mis padres han viajado muchísimo, incluso estuvieron de gira en el País Vasco.

-¿También manejan 'txotxongilos'?

-¡Claro! Y sé quienes son Takolo, Pirritx eta Porrotx.

-¿En solo un año en Irun te ha dado tiempo a conocer tanto?

-No los he conocido aquí, ¡fue allá!

-¿Qué hacías tú con Takolo, Pirritx eta Porrotx?

-(Risas) Recuerdo una función que hicieron en una zona de gente muy pobre. Yo tendría como doce años y recuerdo escucharles hablar en euskera y pensar: «¡¿Pero qué dicen?!». Quién me iba a decir a mí entonces que acabaría viviendo aquí...

-El destino es caprichoso o alguien maneja nuestros hilos...

-(Risas) Yo siempre digo que el universo conspira a mi favor. Es increíble, pero cierto. Recuerdo a los payasos allá en Nicaragua, pero en mi casa hay muchas cosas de ellos, libros de mitología de Barandiarán... Son cosas que trajeron mis padres de su gira, además de unos cuantos kilos más. ¡Solo hay fotos de ellos comiendo! (Risas)

-No me digas que te has hecho titiritera por Takolo, Pirritx eta Porrotx o creeré que el universo conspira demasiado...

-Supongo que lo llevaré en la sangre. O no. Mis hermanos no lo son.

-¿Recuerdas tu primera vez?

-Claro. Tendría unos nueve años cuando le dije a mi padre que yo quería salir en una obra con ellos. Estaban haciendo el montaje del 'Gato con botas' y me dieron el papel de la princesa. Eran unos títeres de varilla, no lo olvidaré nunca. Cuando llegó el momento de empezar la función, estábamos mi padre, mi madre, un actor cubano y yo tras el teatrillo, me quedé muda. En ese mismo instante el actor cubano reaccionó poniendo la voz a la princesa y yo solo moví el títere.

-Los títeres también sufren miedo escénico...

-Algo así, sí. El caso es que seguí ayudando a la compañía, pero fue con dieciocho años cuando decido que quiero dedicarme en serio. La universidad no terminaba de interesarme, así que me involucré en una escuela de titiriteros que abrieron mis padres con la alcaldía de Managua. Dirigí una obra con una amiga, Camila. Vinieron mis amigos y esa fue la primera vez que vi a mis padres como público.

-Dime que no te quedaste muda.

-¿Muda? Pocas veces he sentido más vida en mi cuerpo. Me entregué de lleno a la escuela, a leer mucho más, a estudiar... Me gustaba mucho escribir y leer. Con Camila empecé a buscar espacios en los que actuar y seguir con nuestro proyecto.

-¿Empezaste a viajar tanto como tus padres con Guachipilin?

-No tanto, pero sí, he viajado mucho. Estuve un verano en Mérida actuando, luego seis meses en Bolivia y, finalmente, cinco años en Cuba.

-¿Cinco años actuando?

-Actuando y, sobre todo, estudiando. Con la ayuda de mi padre, David, un integrante de Guachipilin, y yo conseguimos dos becas para estudiar en la Universidad de las Artes en Cuba. Aquí empezó otra etapa importantísima de mi vida. Fue una experiencia única. Figúrate, no teníamos internet, ni teléfono y vivíamos con cuatro dólares al mes.

-No se parece nada a un Erasmus...

-(Risas) También tuvo sus cosas buenas, pero lo importante es que hicimos cantidad de cosas y volvimos a casa, en el 2013, con título de oro.

-Titiritera de oro, ¡qué honor!

-Volví muy orgullosa, sí. El título era simbólico, pero a mí me dio mucha confianza en mi misma.

-¿Volvisteis a Guachipilin?

-Sí, pero por mi cuenta empecé a hacer otras cosas. Comencé a estudiar sobre la 'Malinche', a hacer mis performances...

-¿Y qué te trajo a Irun?

-Un vasco.

-Takolo, Pirritx...

-(Risas) ¡No! Pero Rubén, mi pareja, también alucinó cuando mi padre, allí en Nicaragua, le enseñó todas las cosas vascas que tenía.

-El universo y su conspiraciones, o sus títeres.

-Pues sí, allí conocí a Rubén. Conectamos desde el primer momento y aquí me tienes.

-¿Sin títeres?

-¡No! He actuado en varios lugares, en la plaza San Juan, por ejemplo. Hoy no he venido sola. Estos son tío coyote y tío conejo, me acompañan en muchas actuaciones. Y estoy preparando una función en euskera, ¡ahora ya podría entender a los payasos! (Risas)

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