Los colores del oficio y de la vida

Muchísimas personas acompañaron la inauguración de la muestra de Carmen Maura en la Sala Menchu Gal./F. DE LA HERA
Muchísimas personas acompañaron la inauguración de la muestra de Carmen Maura en la Sala Menchu Gal. / F. DE LA HERA

Carmen Maura expone sesenta obras que repasan su trayectoria artística en la sala Menchu Gal

JOANA OCHOTECOIRUN.

'Oficio de pintora' es la obra con la que comienza el recorrido a través de la vida artística de Carmen Maura en la sala Menchu Gal: el cuadro muestra un caballete en el que reposan los pinceles, un cenicero con un par de colillas y, pintada en el lienzo, una plancha de los años 70 junto al montón de ropa doblada. «Es una reivindicación desde el silencio de la búsqueda de la posición en el oficio mientras tienes que atender las cuestiones domésticas».

Son palabras de Santiago Noain, hijo de Carmen Maura y comisario de la exposición que abrió sus puertas el viernes en un acto con muchísimo público entre el que no faltaban los otros dos hijos de Carmen, María José y Carlos. El clarinete de éste y la flauta de Naia Mandaluniz pusieron, además, música a la inauguración, a la que también acudieron, entre otros, el alcalde, José Antonio Santano, y el diputado de Cultura, Denis Itxaso.

La exposición

Ubicación
Las más de sesenta obras de Carmen Maura pueden verse en la sala Menchu Gal, situada en el edificio del Euskaltegi municipal de la plaza Urdanibia, hasta el próximo 6 de mayo.
Horario
La muestra estará abierta todos los viernes y los sábados en horario de 18.00 a 21.00 horas, y los domingos y días festivos desde las 11.30 hasta las 13.30 horas. La entrada es libre.

Desde 'Oficio de pintora', las sesenta obras de la exposición recorren la vida artística de Carmen Maura desde los años 70 hasta la actualidad; y permiten al visitante apreciar, y disfrutar, «la evolución de la pintora, tanto en los motivos como en la manera de pintarlos». La sucesión de obras permiten «apreciar una voluntad de ir evitando los detalles, sintetizando las formas y colores para ir llegando a una pintura menos figurativa», explica Santiago Noain.

El factor humano se sugiere

Una de las constantes de ese viaje desde el realismo a la abstracción es la ausencia deliberada de la figura humana, que sólo se deja intuir en algunas ocasiones a través de sombras a contraluz, consiguiendo hacer «más oníricos sus cuadros». En palabras de la propia Carmen Maura, el ser humano «aparece implícito en la ausencia que se desprende de una barca abandonada, una casa habitada o de un camino que lleva a algún lugar».

Santiago Noain concreta que «el hogar y la maternidad, los espacios íntimos y los paisajes de su entorno» son algunas de las temáticas recurrentes de Carmen Maura. Su papel como madre está presente en obras como 'Cuna vacía' o 'Lápices alpino': en este último cuadro, unos lapiceros de colores de la emblemática marca descansan sobre tres dibujos, pintados por cada uno de sus tres hijos cuando eran pequeños. Hay otras obras en las que, si bien la maternidad no es el tema obvio, sí la motivación del trabajo: ejemplo de ello es un cuadro del tranvía de Rotterdam u otros de Nueva York, ciudades a las que Maura viajó para visitar a su hijo Carlos mientras estaba cursando en ellas sus estudios.

Santiago Noain afirma que «puedo certificar con conocimiento de causa que» Carmen Maura «tuvo que robar tiempo al tiempo para encontrar espacios que dedicar a su profesión, ya que fue una madre absolutamente volcada en el cuidado y la educación de sus tres hijos». En estos momentos en que están «tan justificadamente presentes en el debate público las cuestiones de la desigualdad de género», obras como 'Oficio de pintora' son muestra de esa «reivindicación desde el silencio» que lleva décadas luchando por ser escuchada. «Carmen Maura siempre ha defendido el papel de la mujer en todos los ámbitos de la sociedad, y también en los de su profesión», afirma el comisario de la exposición.

Estampas ensoñadas

Muchas de las obras de Carmen Maura parecen surgidas de un mundo soñado de colores planos y brillantes, donde las luces y sombras marcan, cada una por su lado, su terreno. Santiago Noain señala que, «personalmente», siempre ha entendido las obras de Carmen Maura «a medio camino entre lo real y lo ensoñado». Como una obra que muestra a uno de los cabezudos de Hondarribia de pie en la playa, junto a los restos de una hoguera: por poder, podría ser una imagen real, pero parece más bien surgida de algún sueño.

Los últimos trabajos de la muestra, ubicados en la sala de menor tamaño del espacio Menchu Gal, son una serie de acuarelas abstractas que datan de hace apenas unos meses. Carmen Maura sigue pintando, «a pesar de haber sido diagnosticada con una enfermedad neuronal que, en principio, parecía limitarla». No obstante, «ha encontrado una nueva vía de trabajo que le acerca al expresionismo abstracto», explica Santiago Noain.

«Se ha abierto una nueva etapa en su creatividad», que mantiene a Carmen Maura «enfrascada en un nuevo proceso de alta intensidad. Siempre hay camino en el arte». Su hijo destacó «la valentía» de una artista «que no se queda acurrucada en casa» y muestra su obra en esta nueva exposición. «Para nosotros ha sido un placer hacerla», aseguró Noain. El comisario y Carmen Maura quisieron transmitir su agradecimiento al departamento de Cultura del Ayuntamiento; a Edorta Kortadi, autor de los textos del catálogo de la exposición, y a Mikel Murugarren de Gráficas Lorea «que nos ha ayudado en la producción» de dicha publicación; a Susana Soto, directora del Museo de San Telmo, a Rafa López, de Kutxa Fundazioa y a todos los particulares que han cedido obra para la muestra; y «especialmente, a nuestra querida amiga María Jesús Garín, por las labores de facilitación que ha realizado para que esta exposición llegara a buen puerto».

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