El Ametsa mejoró lo que ya era un gran final del acto

No fueron las palabras del homenajeado las que cerraron el acto de ayer sino las voces del Coro Ametsa. Con el mismo derecho que él dice que siente esta agrupación «como algo propio», el Ametsa también ve en Requejo un músico 'suyo', se sienten hijos de su ilusión y su pasión por la música. Habían preparado tres obras pero en el último momento, decidieron alterar el programa. En su discurso, Ricardo Requejo se había referido a que sus inicios musicales se dieron a partir de oír cantar a su hermano una obra en latín que le marcó y cuya primera estrofa recitó. Fernando Etxepare, hijo de quien fuera gran amigo de Requejo y actual director del Ametsa, no lo dudó y anunció a sus cantores el cambio. «Quitamos la primera y cantamos Stabat Mater». Así, improvisando, se pusieron cantar como si nada ocurriera, alcanzando el corazón del homenajeado y de tantos otros en la sala que identificaron la obra como la que Requejo había mencionado.

Llegó después una pieza personalizada. La letra del estribillo citaba el nombre y apellido del galardonado y las estrofas, cantadas a modo de bertso por un solista, hacían referencia a lo que estaba ocurriendo ayer. Se trataba, en realidad, de una obra para coro, 'Zorionak', que Fernando Etxepare padre escribió hace 20 años y que su hijo quiso recuperar ayer, adaptada para la ocasión, en un metahomenaje que relacionaba tantas cosas a la vez. Acabó el Ametsa con una preciosa interpretación del 'Agur Jaunak'. Mérito tuvieron sus componentes de conseguir llegar hasta el final, porque en el breve respiro entre la segunda y la tercera obra ya hubo que secar algún ojo y apenas terminó esta última fueron varios los cantores y cantoras que se emocionaron.

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