Adiós al Carnaval entre fuego y lluvia

La elegante Sardina de este año y su séquito de sollozos. / F. PORTU
La elegante Sardina de este año y su séquito de sollozos. / F. PORTU

Zanpantzar y la Sardina ardieron ayer en la hoguera como despedida de las fiestas

I. M. IRUN.

El Zanpantzar que se había quitado la seria careta a la que nos obliga nuestro día a día y una Sardina de aspecto muy exótico ardieron ayer delante del ayuntamiento para cerrar el Carnaval irunés. Desde la plaza del Ensanche a la de San Juan, ambas figuras fueron escoltadas por la Banda de Música Ciudad de Irun, algunos personajes del carnaval vasco, dos gigantes medianos de Bidasoako Erraldoiak y un centenar largo de sentidas plañideras que desfilaba precedido por varios estandartes, entre ellos, el de la elegante figura de la sardina de pelo rosa sobre terciopelo negro.

Tuvo suerte la comitiva. Para el tiempo que había padecido este Martes de Carnaval, no le fue nada mal al acto vespertino. Cierto que el sirimiri acababa calando, pero no era nada que la comparsa no supiera lidiar. En peores se ha visto.

Hacia las ocho toda la comitiva fúnebre estaba ya dentro de la plaza para empezar a amortajar al gigantón. Se le cubrió la cabeza para que se notara menos que, en realidad, el cuerpo no la llevaba camino de la pira. La 'burua', obra siempre del genio creativo del artesano Xabier Garate y su hermano Benito, recibe todos los años un perdón artístico para poder incorporarla a la colección que custodia Bidasoako Erraldoiak y que estos carnavales, con motivo del 30 aniversario de esta nueva era de Zanpantzar, se ha mostrado en el Amaia.

Así, descabezado, empezó a arder ayer Zanpantzar junto a la Sardina. Con música más alegre que la interpretada hasta ese momento, la Banda puso a todo el mundo a bailar, especialmente a los miembros de Bidasoako Erraldoiak, que giraron alrededor de la hoguera portando la indultada cabeza de Zanpantzar.

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