El programa de educación en medio abierto atendió a 444 jóvenes en 2016

Sergio Corchón, Irune Fernández y los educadores, frente a las oficinas de Bienestar social. /
Sergio Corchón, Irune Fernández y los educadores, frente a las oficinas de Bienestar social.

El delegado de Bienestar social y los educadores de calle hicieron balance del recurso y explicaron sus líneas de actuación

JOANA OCHOTECO

El programa de educación en medio abierto es «uno de los proyectos más importantes de Bienestar social, aunque muchas personas no lo conozcan». El recurso, incluido dentro del Servicio de Intervención Comunitaria y que el año pasado llegó a 444 jóvenes de entre 11 y 17 años, ofrece a los destinatarios apoyo con la particularidad de que se lleva a cabo en grupos y en la calle. El delegado de Bienestar social, Sergio Corchón; y la técnico Irune Hernández ofrecieron ayer los datos de 2016 de este servicio y recordaron en qué consiste.

Pese a no ser tan conocido como otras líneas de actuación de Bienestar social, Sergio Corchón señaló que el programa de educación en medio abierto lleva en marcha desde hace 18 años: seis educadores «con amplia formación y experiencia en este campo» se distribuyen por todos los barrios de la ciudad «para trabajar y acompañar a los jóvenes y adolescentes». El objetivo del programa es «darles herramientas y competencias para que puedan afrontar las dificultades» inherentes a la edad de los destinatarios. Sergio Corchón recordó que la adolescencia es una etapa «llena de retos. Se trata de que, a través de distintas dinámicas adquieran competencias y puedan desarrollarse». El programa de educación en medio abierto se lleva a cabo «desde una perspectiva muy interesante: es un trabajo personal, flexible y comunitario».

Los educadores de calle Elena Aycart y Álvaro Cano son dos de los seis miembros del equipo que trabaja con los adolescentes de Irun: «educamos a todos los niveles y en función de lo que cada chaval, grupo o barrio necesite. Nos adaptamos a las características de cada adolescente», concretó Elena Aycart. «Establecemos relaciones educativas con ellos», siendo «referentes adultos positivos» que «les acompañamos en lo que vayan necesitando».

«Perspectiva comunitaria»

La forma de establecer los vínculos con los adolescentes es «estando presentes en los barrios. Formamos parte del decorado y, a partir de ahí, nos van conociendo. Los organizamos en grupos, si ellos no lo están ya, y hacemos actividades». El año pasado, llegaron a establecer 22 grupos con los más de 400 jóvenes que participaron en el programa.

Los educadores hicieron hincapié en la «perspectiva comunitaria» del recurso. «No estamos solo nosotros con los adolescentes, sino que nos encargamos de coordinarnos con el resto de personas de la comunidad, de conocer a sus familias, vecinos...», señaló Elena Aycart. Álvaro Cano explicó que «es importante que todos los vecinos, las AAVV, los colegios, los grupos de tiempo libre y los deportivos ayuden a educar a los adolescentes». Incluyendo a esos más de 400 jóvenes, en el programa de educación en medio abierto de 2016 llegaron a implicarse 700 personas.

Álvaro Cano se refirió a esta etapa vital como «el período más difícil para casi todos. Es una franja de edad complicada: los adultos no entienden muchas de las cosas que hacen los adolescentes y a veces olvidamos que nosotros también lo hemos sido». Pese a las diferencias que pueda haber en cada generación, los retos de la adolescencia no cambian tanto de una época a otra: «encontrarse a uno mismo, ir construyéndose, tener amigos...». Respecto a esto último, Álvaro Cano explicó que «parece fácil, pero no lo es tanto: a menudo nos encontramos con chavales que no tienen muchos amigos y es uno de los grandes retos, que consigan tener recursos relacionales». La función y el objetivo de los educadores, concluyó, se resume en «acompañarles mientras se construyen como personas».

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