Diario Vasco

Ángel Aramendi y Arantxa Ayerbe (Toda una vida en el mercado): «Tenemos una clientela muy fiel, hemos hecho grandes amistades»

Arantxa y Ángel, Ángel y Arantxa. El divertido tándem preparando los últimos pedidos para mañana sábado
Arantxa y Ángel, Ángel y Arantxa. El divertido tándem preparando los últimos pedidos para mañana sábado / F. DE LA HERA
  • Después de casi medio siglo trabajando en el mercado Municipal, han decidido bajar la persiana para siempre

¡La diversión está segurada!

Las mejores marcas a los mejores precios

Nueva colección para hombre y mujer

Hasta 90%

Gran variedad en alfombras de diseño

Hasta 80%

Relojes de pulsera de tus marcas favoritas

Las mejores marcas a los mejores precios

Completa tus looks con complementos urbanos a precios increíbles

Hasta 90%

Homewear para hombre y mujer

Hasta 70%

Marca española en moda pre-mamá

Las mejores marcas a los mejores precios

¡Diversión para todas las edades!

Las mejores marcas a los mejores precios

Colección moda técnica para hombre y mujer

Hasta 80%

¡Semillas, macetas, herramientas y mucho más!

Las mejores marcas a los mejores precios

Moda casual para hombre y mujer

Hasta 70%

Deportivas para toda la familia al mejor precio

Las mejores marcas a los mejores precios

Colección en piel de bolsos y zapatos de diseño

Hasta 70%

Selección de botas, botines y zapatos para mujer

Hasta 70%

Calzado de piel para hombre y mujer

Hasta 70%

Relojes de pulsera para hombre y mujer

Hasta 70%

Diseños exclusivos en bolsos de piel

Las mejores marcas a los mejores precios

Joyas y relojes para hombre y mujer

Hasta 70%

Deportivas, botas y zapatos para hombre

Las mejores marcas a los mejores precios

Relojes de pulsera al mejor precio

Hasta 80%

Complementos y juguetes eróticos.¡Mantén viva la pasión!

Hasta 80%

Dice el refrán que 'del cerdo se aprovecha todo, hasta los andares'. En el mercado Municipal de Irun se aprovecha todo, hasta el ratito con el carnicero o la carnicera. En el puesto de Ángel y Arantxa, te llevas cinco filetes de cerdo, unas chuletillas de cordero, cuatro pechugas de pollo muy finas y una sonrisa. Tienen en su vitrina, cuchillos afilados y en las espaldas años de trabajo en los que nunca les ha faltado el buen humor. Quien lo ha probado, lo sabe. Y el que no, solo tiene un día para hacerlo. Mañana la pareja se despedirá de su segunda casa y de esas personas que en algún momento han dejado de ser clientes para ser amigos.

-Ángel, no podemos convencerte para que te quedes, ¿verdad?

-Ay, ¡no eres la primera que me lo dice! Me ha costado mucho tomar esta decisión, no te creas, pero... Sí, mañana sábado será nuestro último día en el mercado de Irun. La plaza, como aún la llamamos muchos.

-'La plaza', ¡qué de recuerdos!

-Así llamaban al antiguo mercado, todavía hay mucha gente que, como yo, dice 'la plaza'.

-¿Allí empezó todo?

-¡Qué va! Mucho antes. Yo empecé en casa, ayudando a mi abuela Lorenza a hacer morcillas y txistorra.

-Empezaste bien alimentado entonces...

-Sí, sí. La labor de los domingos era esa, ayudar a mi abuela. Le llevaba la sangre, el tocino... todo lo necesario. Luego, el lunes, iba al mercado y lo vendía. Pero no al de Mendibil, al anterior. ¡Fíjate si son años!

-Serías un niño, ¿no?

-Tendría como mucho catorce años, sí. No quería estudiar, así que la otra opción era trabajar. No había otra cosa.

-¿Cuándo dejaste de ser el pupilo de tu abuela Lorenza?

-Déjame pensar... Yo creo que justo antes de la mili ya estaba trabajando de lleno en el puesto del mercado con mi madre. Sí, con dieciocho años más o menos.

-¿Te escapaste del puesto para hacer la mili?

-¡Poco! Estaba en la carnicería, pero iba cuando me llamaban para formarme. Salía corriendo al cuartel de Ventas.

-Arantxa te ríes...

-¡Ya ves que enchufado era! La mili en Ventas, al ladito de casa. (Risas)

-Así que enchufado, Ángel. ¡Defiéndete!

-No puedo, es cierto que al trabajar en el mercado tenía mis contactos.

-¿Qué tipo de contactos?

-La mujer del comandante, por ejemplo. Venía siempre a comprar.

-Y le dabas los mejores filetes.

-No, no. ¡Chuletas! Chuletas de las buenas, las mejores. (Risas)

-En vuestro puesto no ha habido nunca nada malo, has tenido grandes maestras...

-¡Las mejores! Sin duda. Primero mi abuela y luego trabajé muchos años con mi madre. Y Arantxa, cuando se unió a nosotros, también.

-¿Eso cuándo fue, Arantxa?

-Pues hace casi cuarenta años porque llevamos 37 casados. Yo creo que antes de casarnos ya estaba por aquí con vosotros, ¿no?

-¡No me digas que te pidió matrimonio aquí, en el mercado!

-(Risas) Nosotros somos pareja de mercado. Aquí surgió todo. Yo trabajaba en la frutería de mis padres.

-Ángel, ¿cómo te daba tiempo a ligar con tanto trabajo?

-¡No sé! Arantxa a veces me guiñaba el ojo y otras tosía. Entonces yo le decía: '¿Qué te pasa? ¿Tienes catarro? Yo soy carnicero, no médico'. (Risas)

-¿Su madre no lo ponía firme, Arantxa?

-¿Mari? ¡Si eran iguales los dos! Igual de bromistas.

-¿El buen humor es genético entonces?

-Mi madre era una 'cachonda', sí, pero en el antiguo mercado había un ambiente buenísimo. Increíble. La gente mayor era estupenda, había mucha camaradería y cachondeo. Déjame que diga que, teníamos un compañerismo 'cojonudo'.

-¿Los chistes te los enseñaron los veteranos del mercado?

-Algunos sí, me acogieron fenomenal. No tengo queja. Nos íbamos a tomar vinos, charlábamos... ¡Qué tiempos tan bonitos!

-¿Han cambiado mucho esos tiempos?

-El buen humor no, el trabajo sí. Antes todo era sota, caballo y rey. Cuatro golpes y a correr. Ahora no. Ahora todo todo es elaborado, pechuguitas...

-¿Cómo? ¿Antes no vendíais pechugas?

-¡Claro que no! Vendíamos pollo. (Risas)

-Arantxa, no le creo...

-Sí, sí. Es verdad. Antes vendíamos mucho cerdo o cordero para los franceses. Los gustos y las formas han cambiado.

-También el lugar. Éste es tu tercer mercado, Ángel.

-Efectivamente. El anterior era un lugar emblemático, pero estaba muy deteriorado. Había ratas del tamaño de conejos. Mi madre no tenía miedo a nada, así que le decían: 'Mari, pase usted primero'. (Risas)

-Allí o aquí vosotros siempre sabéis lo que quiere la gente, doy fe.

-Mira, hay con gente con la que solo tengo esta conversación: '¡Hola! ¿Qué tal? ¿Te pongo lo de siempre?'. Se hasta quién va a venir cada día. Si alguien viene un poco más tarde de su hora, enseguida le echo en falta.

-Tenéis una clientela muy fiel, ¿verdad, Arantxa?

-Tan fiel que, Ángel y yo llevamos 37 años casados y todavía hay clientas que vienen y dicen: 'A mí que me haga Ángel, él sabe lo que quiero'.

-Ángel, ¿tienes clientas VIP?

-De eso nada, hay otras que solo quieren con Arantxa.

-Las VIP son tuyas entonces...

-Lo son todas. Lo que pasa es que somos de costumbres, todos tenemos manías. Te contaré una anécdota. Tenemos una clienta francesa que siempre por Navidad encarga cordero. Vino a recogerlo y cuando Ángel se lo fue a dar, le dijo: 'No, no. A mí así no me gusta. Arantxa sabe como lo llevo'.

-Ángel, ¿qué hiciste?

-Le dije que ya se lo iba a dar a Arantxa para que se lo preparase, que volviese en media hora.

-¡Asunto resuelto, Arantxa!

-Fue más fácil de lo que crees. La clienta volvió a la media hora, yo no toqué nada, ni siquiera saqué el cordero de la bolsa, se lo di yo y... Sin mirarlo se fue diciendo: 'A mí me gusta como lo haces tú, Arantxa'.

-Anda que no vas a echar de menos tú este 'ambientillo', Ángel...

-¡Mucho! El runrún lo tengo dentro. Hay clientas que al enterarse del cierre no se han puesto a llorar de milagro... ¡Y yo también!

-Os quieren mucho, Arantxa, ¿lo notáis?

-Por supuesto. Son muchos años juntos, pero Ángel lleva cincuenta años trabajando... ¡se merece un descanso!

-Ángel, ¿cómo te vas a despedir?

-Dando las gracias. Solo tengo palabras de agradecimiento. Yo no tengo clientes, tengo grandes amistades. Ha sido toda una vida aquí, me llevo grandes recuerdos y amigos.

Recibe nuestras newsletters en tu email

Apúntate