Diario Vasco
El humorista Luis Piedrahita actúa hoy en el Centro Cultural Amaia.
El humorista Luis Piedrahita actúa hoy en el Centro Cultural Amaia.

«Los objetos pequeños son la excusa perfecta para hablar de los grandes temas»

  • Luis Piedrahita, Monologuista, El polifacético humorista presenta esta tarde en el Centro Cultural Amaia su último espectáculo, para el que ya no quedan entradas

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Hace semanas que se colgó el cartel de 'No hay entradas' para el espectáculo que ofrece hoy en el Amaia Luis Piedrahita. El monologuista (y guionista, ilusionista, escritor y director de cine), natural de A Coruña, reivindica el humor de lo cotidiano en su nueva función, titulada 'Las amígdalas de mis amígdalas son mis amígdalas'.

-En este espectáculo compara la vida con un hotel. ¿Qué le inspiró para unir ambos conceptos?

-La vida es como un hotel. Es un sitio en el que vas a estar poco tiempo y tienes que llevarte todo lo que puedas.

-Seguro que, por su profesión, ha estado en muchísimos hoteles. ¿Qué es lo más curioso que la ocurrido en uno de ellos?

-Hay hoteles modernos cuyos grifos no los entiende ni un astrofísico. Hay palancas, botones, conmutadores, chorritos, termómetros... Parece que uno pueda lanzar un misil desde allí. Recuerdo que en una ocasión, después de llevar bastante tiempo intentando activar la ducha, resolví bañarme en el bidé. Me rendí con la ducha, la bañera, el lavabo y me decidí por el bidé porque era el único cacharro con el que fui capaz de entenderme. Puse a toda potencia el chorro ese que dispara hacia el techo y poco a poco me fui enjuagando como un jilguero en la fuente de un parque. La verdad es que el chorro tenía mucha fuerza. No quiero pensar lo que le podría pasar a un ser humano normal, sentado allí con ese chorro a toda potencia. Se le iba a enjuagar hasta la campanilla.

-Y esa costumbre que tenemos de quedarnos siempre con algún 'souvenir' de los hoteles... ¿Qué es lo que más le gusta llevarse a usted?

-Siempre me llevo la cinta esa que ponen en la tapa de váter y que pone 'higienizado'. La pongo en el de mi casa y así no lo tengo que fregar.

-En la presentación de este espectáculo decía que es una reivindicación del humor de los pequeños objetos. ¿Es la vida cotidiana su principal fuente de inspiración?

-Así es. Los objetos pequeños son la excusa perfecta para hablar de los grandes temas. Cada objeto y cada comportamiento cotidiano esconde una metáfora y una reflexión sobre la condición humana. Las cosas pequeñas son las que hacen de la vida algo realmente grande.

-Es humorista, guionista, escritor, ilusionista, director de cine... ¿En qué faceta se encuentra más a gusto?

-Disfruto de todas por igual y me considero una persona muy afortunada por haber podido perpetrar todas esas fechorías.

-¿Qué prefiere: trabajar sobre un escenario, o hacerlo sin la presión de tener al público enfrente, como cuando escribe?

-Ambas actividades son complementarias y la una llena de sentido a la otra. En mi caso, el de un humorista que escribe y luego interpreta su texto, o un mago que primero ensaya y después ejecuta su juego, ambas son muy placenteras. Disfruto mucho el momento de la creación: inventar los chistes, las magias, las metáforas visuales... Me encanta. Pero todo eso realmente cobra sentido cuando me subo a un escenario y lo puedo ver funcionar delante del público, oyendo sus risas o sintiendo su asombro.

-En sus monólogos suele hablar mucho del lenguaje, las palabras... Deduzco que debe de ser un gran lector. ¿Nos recomienda un libro para empezar el año?

-Ok, tú te lo has buscado. Recomiendo encarecidamente la lectura de 'A mi este siglo se me está haciendo largo'. Me han dicho que está muy bien, aunque no le he leído. Lo escribí pero no lo he leído.

-Otros monologuistas suelen decir que el público del norte es muy agradecido en este tipo de espectáculos. ¿Está de acuerdo?

-Sí. Es un público muy exigente y muy agradecido.

-Está de gira por toda España y ha visitado también Latinoamérica. ¿Cómo ha sido la experiencia al otro lado del charco? ¿Tenemos un sentido del humor diferente?

-La experiencia al otro lado del charco ha sido espectacular. Mi relación con Argentina no es nueva. Llevo mucho tiempo en contacto con la gente de allá y colaborando con alguno de los programas más importantes del país. Desde hace algunos años colaboro con el programa de Alejandro Dolina, referente artístico, cultural humorístico y literario de Argentina. Gracias a eso algunas personas me conocen y cuando me presento en su ciudad no lo hago como un desconocido. Además la producción de la gira es impecable. Suelo presentarme en el gran Teatro Maipo de Buenos Aires, una bombonera deliciosa de ochocientas localidades. Es el teatro que regenta Lino Patalano, el teatro de Les Luthiers, Nini Marshall, Gasalla, Pinti... Todos los grandes de la escena porteña han pasado por allí. Todavía me cuesta entender como he conseguido colarme yo ahí. Además de Buenos Aires, las giras de estos años también han pasado por Mar del Plata, Rosario, Córdoba y Mendoza. Proximamente también Uruguay. Y es una maravilla ver cómo al otro lado del charco se siente el humor de la misma manera que aquí.

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