Diario Vasco

Jokin Ormazabal (Extécnico de cultura de Irun): «Cuando llegué, las exposiciones se hacían en la Sala Capitular»

Jokin Ormazabal frente a la Sala Menchu Gal, uno de los equipamientos culturales por los que ha trabajado.
Jokin Ormazabal frente a la Sala Menchu Gal, uno de los equipamientos culturales por los que ha trabajado. / FOTOS: F. DE LA HERA
  • Durante 34 años este lazkaotarra de nacimiento e irundarra de adopción ha trabajado por y para la cultura

¿Se imaginan París sin su Museo del Louvre? ¿A Londres sin la National Gallery? Más cerca, ¿Bilbao sin el Guggenheim? y ¿Donostia sin su Sala Kubo o su recién estrenada Tabakalera? Algunos de estos lugares son tan antiguos que parece que siempre han estado ahí, otros se acaban de incorporar a nuestra memoria. Como lo han hecho en Irun el CBA, la Sala Menchu Gal o el Centro Cultural Amaia. ¿Se imaginan la ciudad sin estas instalaciones? Jokin Ormazabal no necesita hacerlo, ha conocido Irun sin ninguna de ellas. Es más, ha trabajado para que no tengamos que imaginarlo.

-¿Cómo era Irun sin apenas instalaciones culturales, Jokin?

-Pues muy diferente, sí. ¿Sabes dónde se hacían las exposiciones?

-¿Dónde?

-En la Sala Capitular del ayuntamiento. Entonces no existía la Sala Menchu Gal y el Amaia era un cine, no un centro cultural.

-Hasta que llegaste tú...

-Bueno, ha sido un trabajo de muchos años y de mucha gente. Hace un par de meses que me he jubilado y aún sigo ordenando los recuerdos y vivencias, ¡han sido tantas!

-¡Te ayudamos! Empecemos por el principio, ¿cómo y por qué aterrizas en Irun?

-Vine por trabajo. Nací en Lazkao, estudié en la Sorbona de París, luego me instalé en Donostia y después de hacer la mili empecé a trabajar en una empresa de Zaldibia.

-En este pequeño currículum, ¿dónde colocamos la cultura?

-En esa época en mi tiempo de ocio. Por un lado, colaboraba con una asociación del barrio de Amara, 'Euskal Kultur Taldea', organizando conferencias y actividades. Por otro, en mi tiempo libre he tocado todos los palos; la expresión plástica, el arte, la música... Siempre he tenido una ventana abierta a todo lo relacionado con la cultura, pero yo estudié sociología. Cuando surgió la oportunidad de trabajar como técnico de cultura en el Ayuntamiento de Irun, fue algo inesperado.

-¿Por qué?

-No sé, tal vez pensaba que podría dedicarme a la enseñanza o que sería un investigador social. Eran todo suposiciones, la verdad. Volví de hacer la mili y tenía claro que quería trabajar, así que me busqué la vida. El azar es clave también y a mi me trajo hasta aquí, a Irun.

-No solo a trabajar, también a vivir.

-Efectivamente. El 1 de febrero de 1982 empecé a trabajar en Irun y también a vivir. Tuve claro desde el principio que si iba a hacerme cargo de la cultura de la ciudad, lo mejor era estar aquí y mezclarme con la gente.

-¿Cómo era entonces el departamento de cultura?

-¡Ni siquiera era un departamento! (Risas) Era una época de transición y transformación, pero me atrevería a decir que Irun fue uno de los primeros Ayuntamientos en plantearse tener técnicos trabajando en diferentes áreas. Entre el 80 y el 83, se que entramos varios.

-Si recuerdas la fecha, 1 de febrero, seguro que también tienes guardada alguna impresión de esos primeros momentos...

-Pues tengo el recuerdo de que me impresionó mucho la magnífica escalera de la entrada del ayuntamiento. La escalera ha estado siempre ahí, pero también recuerdo otra menos majestuosa, que es la que me llevaba a mi 'oficina'.

-¿Es una escalera secreta?

-¡Para nada! Es de madera y te lleva a lo que llamábamos 'el palomar'.

-¿Así llamabas a tu oficina?

-¡Todos! Es el lugar más alto del ayuntamiento, por eso lo llamamos así. Era un despacho de mamparas, sin ventanas. Muy humilde. Allí estuve dos años, debajo tenía el antiguo archivo con José Monje.

-¿Y de las instalaciones de la ciudad qué recuerdos tienes?

-¡Esa es otra historia! Por esa época, más o menos, no había biblioteca como la de ahora y la pequeña de la esquina de la calle San Marcial estaba de obras. A veces, alquilábamos el teatro Avenida para hacer algunas cosas, pero era difícil porque realmente era un cine.

-Todo empezó desde cero...

-Pues sí, la organización municipal y la infraestructura de equipamientos nacieron casi de la mano.

-Con tanto por hacer, ¿por dónde empezaste?

-Por invertir en nuevos equipamientos. Antes de la década de los 90 se adquirió Ikust-Alaia, donde se instaló la biblioteca municipal. Más adelante surgió el conservatorio de música, el inicio del proyecto de musealizar los descubrimientos romanos de las excavaciones, el primer convenio con la Caja Laboral para gestionar su sala de exposiciones o la rehabilitación del Amaia para convertirse en centro cultural. Poco a poco fuimos dando pasos y añadiendo equipamientos a la ciudad.

-¿Y el departamento de cultura? También lo has visto crecer, tú fuiste el primero en entrar...

-En los inicios todo era muy diferente. Funcionábamos con dos comisiones, la de cultura y deportes y la de educación. Recuerdo que quedábamos los martes para reunirnos los administrativos, el presidente de la comisión y yo. Entonces no había delegados como ahora, el funcionamiento del Ayuntamiento también ha cambiado mucho.

-Cuéntame más cosas que hayas visto 'nacer'.

-Me paro a pensar y me doy cuenta que son muchas, aunque siempre se puede pedir más, claro. En la década de los 90 se compró Martindozenea para los jóvenes, en el 92 empezamos con las ludotecas en Dunboa, en esos años alquilábamos salas en Tunk para grupos, iniciamos el concurso de pintura 'Adour Bidasoa' y el lírico de Luis Mariano...

-No me da tiempo a apuntarlo todo y me parece que todo ha estado aquí siempre y desde siempre.

-Pues no, ha habido mucho trabajo y de mucha gente por detrás. Roma no se hizo en un día...

-Las últimas incorporaciones han sido la Sala Menchu Gal y el CBA, ¿verdad?

-Y el Centro Cívico de Palmera Montero, sí. Recuerdo que la primera idea era la de hacer un museo dedicado a Menchu Gal, pero no teníamos el espacio adecuado para 'montar' un museo, que requiere de un depósito, una serie de salas... Creo que la sala ha sido un acierto, ha habido muestras excelentes.

-Has dejado el departamento de cultura después de casi 35 años de trabajo, ¿queda algo pendiente?

-Irun tiene varios retos que afrontar en materia de cultura. Tiene un proyecto precioso con las termas, la idea del museo de la ciudad... ¡hay mucho por hacer!

-Habrás dejado el departamento, pero no la cultura...

-Claro, ahora tengo tiempo para pintar, dibujar, bailar... Y aún me sorprende mi familia en los museos mirando al techo, para averiguar el sistema de iluminación, en vez de a los cuadros. Gajes del oficio, dicen...

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