Diario Vasco

Blaia hace sitio a las cenizas

El túmulo. El cementerio de Blaia ofrece este enterramiento «colectivo y discreto» para difuntos que han sido incinerados.
El túmulo. El cementerio de Blaia ofrece este enterramiento «colectivo y discreto» para difuntos que han sido incinerados. / FOTOS: F. PORTU
  • El cementerio municipal ha creado en los últimos años nuevos espacios para atender a una demanda creciente

  • Ante el aumento de las cremaciones, El Vaticano se ha pronunciado para que los restos descansen en lugares sacros

El Vaticano, a través de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha advertido a la comunidad católica de que los restos de los difuntos incinerados no pueden tratarse de cualquier manera. Se pronuncia ahora defendiendo que, de acuerdo con la fe cristiana, no deben esparcirse las cenizas ni guardarse en casa. Es una cuestión de garantizar a largo plazo el respeto y el descanso, asegura la Doctrina.

La Iglesia ha percibido un cambio patente en la sociedad. Las inhumaciones son menos porque crecen las cremaciones. Las razones son muchas y diversas, pero el hecho es indiscutible. Lo notan los cementerios y el municipal de Blaia no es una excepción. Hace ocho años, se instalaron allí los primeros columbarios para cenizas «pensando en quienes no tienen panteón. En la primera fase fueron 60, todos individuales. Enseguida vimos que tenían buena aceptación», comenta Javier Mitxelena, el gerente de la empresa municipal de servicios funerarios Blaia, que entre otras cosas, gestiona el cementerio local. «Hicimos una segunda zona con otros 56. En aquel caso, atendiendo a lo que nos habían comentado varios ciudadanos, incluimos algunos columbarios para dos y algunos otros para cuatro».

La opción del túmulo

Cada columbario tiene su placa para el nombre de las personas cuyas cenizas descansan dentro. Existe la posibilidad de colocar una fotografía no muy grande de cada uno y también de acompañar el conjunto con un pequeño jarrón para flores. «Hay gente a la que le gusta que sea así, pero otros, por el contrario no quieren nada de eso».

Para atender a ese segundo grupo surgió la idea del túmulo. «Es una pequeña 'montañita' de césped y algunas rocas que hay frente al primero de los columbarios». En el momento de la inhumación se realiza una pequeña ceremonia para verter las cenizas al interior del túmulo a través de la urna metálica que lo corona. «La gente sabe que está ahí y se queda tranquila. La cuestión de la localización, saber dónde descansa el ser querido, es fundamental para la memoria y el recuerdo», afirma Mitxelena. El túmulo ofrece eso en un formato «colectivo y más discreto», porque no hay una placa con el nombre. «No se puede decir que sea anónimo, porque junto a la urna hay un libro de hojas metálicas en las que se escriben los nombres de los que yacen allí, pero no hay lápidas personalizadas».

Este servicio que ofrece Blaia «no es muy conocido entre la gente, pero a pesar de todo, se está usando». Pesa la cuestión económica, porque mientras los columbarios se ceden para cuatro años por algo más de 240 euros, «en el caso del túmulo se cobran los 100 euros de la ceremonia y se acabó, es para siempre. Hay gente para la que más que el dinero es la gestión, hacer papeles cada cuatro años, poner a toda la familia de acuerdo... puede ser complicado».

La opción del túmulo cumple varias premisas clave. El difunto descansa en lugar aprobado por la Iglesia, sus seres queridos saben donde está, pueden visitarlo si lo desean y ese lugar es un espacio «digno y al aire libre, adecuado tanto para la ceremonia como para el recuerdo».

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