Diario Vasco
Mari Carmen, en el camerino del Amaia donde arregla a los protagonistas de la ópera.
Mari Carmen, en el camerino del Amaia donde arregla a los protagonistas de la ópera. / F. DE LA HERA

Mari Carmen Paredes: «Cuando veo a Lourdes Maldonado en la tele digo ¡ay, mi Lourditas!»

  • Maquillaje, televisión y ópera

  • Lleva cerca de tres décadas entre brochas, lápices de ojos y pintalabios, pero siempre en la sombra, en una cabina o camerino

¿Han visto la película 'El quinto elemento'? Si la respuesta es afirmativa sabrán por qué queremos recordar este largometraje de ciencia ficción. No vamos a desvelar nada importante para quienes no la hayan visto, así que sigan leyendo. En la película, Mila Jovovich utiliza una caja de Chanel con la que consigue un maquillaje perfecto con el simple movimiento de acercársela a los ojos. El invento del siglo, vaya. Lamentablemente es algo que no ha pasado de ser ciencia ficción, como la película. Pero, ¿para qué queremos esa caja si tenemos a Mari Carmen Paredes? Nuestra protagonista es la artífice de que muchos rostros populares de la tele den su mejor perfil ante la cámara y de que cantantes de ópera hayan provocado cientos de suspiros en los espectadores. Después de pasar por sus manos no hay nadie feo. ¿Preguntamos al espejo?

-Espejito, espejito... ¿quién es la más bella del reino?

-(Risas) ¡Todos y todas los que han pasado por mis manos!

-No entran todos en el reino, son muchos, ¿verdad?

-¡Incontables! Imagínate, creo que empecé a maquillar en 1986...

-Empecemos el cuento por el principio, tienes razón.

-Yo en realidad soy esteticista, mi base es la estética. Comencé mi labor en casa, igual que muchas de mis compañeras. Empecé con una cabina. Ahí hacía maquillajes, pedicura, manicura, masajes de relajación... Fue una época muy buena, pero todo se torció.

-¿Qué pasó?

-Me empezaron a salir trabajos fuera de casa y los impuestos por trabajar en casa cada vez eran más altos, así que... Desmonté mi pequeña cabina casera.

-Pero no el maletín...

-¡Tienes razón! Seguí haciendo pequeñas cosas, favores a amistades o conocidos. Llenaba de maquillajes y brochas mi maletín y allí me plantaba. También seguí estudiando.

-¿Maquillaje?

-Sí, sí. Continué formándome porque era lo que de verdad me gustaba. Estuve en la academia de Maite Alonso, que estaba en la calle Gaztainondo, en las casas de la Renfe si no recuerdo mal... También aprendí mucho con Alain Moisée.

-Suena a maquillaje distinguido.

-¡Sí! Nos contaba muchas historias de las estrella de cine. Recuerdo que siempre nos decía, '¿creeis que no tienen estrías y granitos? ¡ja! Nadie es perfecto, les maquillamos hasta el cuerpo'. Era muy curioso y divertido, aprendí mucho.

-Pero lo que te atrapó fue la pequeña pantalla, la tele, no el cine...

-Efectivamente. Maite, la dueña de la academia, y yo éramos amigas desde pequeñas. Ella estaba haciendo el maquillaje en Txingudi Telebista, pero andaba algo agobiada con sus niños, que eran muy pequeños. Con el ánimo de ayudarla, un día le pregunté, '¿quieres que vaya contigo?'. Y allí me presenté.

-¿A presentar?

-(Risas) A maquillar a las presentadoras.

-Aquí no hay misterio, seguro que todos aciertan quiénes eran...

-¡Normal! Fue una época muy bonita. Las primeras que tuve que maquillar fueron Lourdes Maldonado y Ainhoa Morondo, pero cuando llegué allí había mucha gente.

-¿Quién más?

-Perdonadme si me olvido de alguien, pero recuerdo a Juantxo Atxukarro, Pablo Moratinos, Mikel Esnaola, Mikel Martínez y también los niños que hacían el programa 'Al agua patos'. Bueno, y mi hijo también estába de técnico.

-Hechas las presentaciones, ¿te pusiste manos a la obra?

-Sí, me tocó aprender el maquillaje de televisión. Maite me enseñó cómo tenía que hacerlo.

-Cuéntanos algún chascarrillo de la sala de maquillaje, ¿eran maniáticas las presentadoras?

-(Risas) ¡Para nada! Eran un encanto y lo siguen siendo, que a algunas las sigo viendo...

-¡Seguro que tú maquillabas mejor a Lourdes!

-Ay mi Lourditas, qué ilusión cada vez que la veo en la 'tele grande'. Para mí sigue siendo Lourditas.

-Lourdes Maldonado no es la única cara conocida de la tele que ha pasado por tus manos...

-¡Uy, no! Estuve quince años trabajando en la tele. Por esa sala de maquillaje pasaron muchos periodistas y muchos entrevistados, sí. Recuerdo a Luis Larodera, por ejemplo. Venía de Zaragoza a grabar un concurso de cine. También me acuerdo de Luis Aguilé.

-¿El cantante?

-Sí, eso es. Fue muy amable. Me regaló una caja de bombones. Me hizo tanta ilusión que le pedí que me la firmara. La tengo en casa guardada.

-Cosas del destino, o de esta entrevista, has acabado maquillando a muchos cantantes...

-¡Quién me lo iba a decir! Y sí, fue en la tele donde surgió todo. Ángel Pazos vino a una entrevista junto al doctor Barrio para presentar el proyecto de la Asociación Lírica Luis Mariano. Después de grabar la entrevista, Ángel me preguntó si me apetecería ser la maquilladora en las funciones.

-De la pantalla pequeña, al teatro.

-Al Amaia, sí. Pensé que era una nueva experiencia, que tenía que intentarlo. Le dije que sí y hasta hoy.

-¿Cómo fue el primer día entre bambalinas?

-Me temblaban las piernas, pero estaba contenta porque estaba haciendo lo que me gustaba. En la ópera también he aprendido mucho.

-¿Qué diferencia hay entre maquillar a una presentadora a una soprano?

-En la ópera el maquillaje es más marcado, hay más focos que se 'comen' la luz y el color de la cara, y se tiene que ver todo bien desde el patio de butacas.

-¿Hay ensayos de maquillaje?

-¡Claro! Yo siempre tengo que hablar con el director de escena para saber qué tipo de maquillaje quiere. Lo hago y después tenemos que ver cómo queda sobre el escenario.

-¿Cómo son las tripas de la ópera?

-Es un pequeño camerino para todos. No hay lujos, pero somos una gran familia. A muchos cantantes les llama la atención la unión que hay. Todos nos ayudamos mucho.

-Eres parte de la magia de la tele y del teatro...

-De alguna manera sí. Recuerdo en 'Fausto' una escena en la que estallaba una copa y el protagonista aparecía completamente diferente. Desde la butaca fue magia, pero...

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