Diario Vasco

Una joya engastada en gruesos muros de piedra

Salón de plenos. Algunos de los participantes en la última visita guiada al consistorio.
Salón de plenos. Algunos de los participantes en la última visita guiada al consistorio. / FOTOS: F. DE LA HERA
  • El sábado finalizó el ciclo de visitas guiadas al ayuntamiento, realizado durante el verano con motivo del 250 aniversario de Irun

Los historiadores Iñaki Garrido, en la mayoría de los casos, y Carlos Rilova, en el resto de ocasiones, han llevado de la mano a decenas de irundarras a conocer el interior de la casa consistorial a lo largo de este verano. El ciclo de visitas guiadas organizado con motivo del 250 aniversario de Irun finalizó el sábado con un último recorrido por un edificio «que es muy conocido por fuera pero muy poco por dentro», destacó Garrido.

Cuando comenzó la construcción, en 1756, Irun estaba lejos de ser jurisdiccionalmente independiente de Hondarribia, pero logró autorización para el proyecto alegando que «no había en la ciudad dónde albergar a los monarcas y su corte a su paso por aquí». Los irundarras de entonces aprovecharon el permiso logrado para hacer un edificio «enorme y ostentoso, nada que ver con otros de poblaciones similares cercanas como Hondarribia, Errenteria, Astigarraga... Era para 2.500 habitantes y aún hoy, con más de 60.000, sigue siendo válido. Quizá por eso, es de los pocos que en más de dos siglos no se ha usado para otra cosa que no fuera la función pública».

El historiador explicó también el origen de los diversos tipos de piedra con los que fue construido siguiendo las indicaciones de Felipe Crame, un ingeniero militar que dotó al edificio de una fortaleza a prueba de guerras. Así, aunque desde que se terminó, en 1763, la ciudad padeció continuos saqueos, incendios y bombardeos, el ayuntamiento se mantiene sólidamente en pie «gracias a sus gruesos muros, en los que, desde cerca, se puede ver la mella de la metralla y las bombas», apuntó el historiador irundarra.

Un valor oculto desde fuera

Quizá el mayor secreto arquitectónico del consistorio irundarra sea su cúpula. Invisible, totalmente imperceptible desde el exterior, sorprende a quien nada más entrar busca con la mirada lo alto del hall. «No me había fijado en la vida, la verdad. He venido alguna vez a alguna conferencia o algún otro acto, pero nunca había mirado arriba», admitía una de las visitantes. La mayoría del resto tampoco había reparado en la cúpula, «decorada con ocho vidrieras que presentan los escudos de los siete 'herrialdes' vascos y el de Irun, realizados todos ellos por la Unión de Artistas Vidrieros», explicó Garrido.

Salpicando sus indicaciones con anécdotas y apuntes históricos, el guía se dedicó sobre todo a descubrir a los visitantes el valor de la impresionante colección pictórica que engalana las paredes interiores del ayuntamiento. Alrededor de la escalinata destacó las dos enormes e impresionantes marinas, pero, especialmente, los cuadros colocados a los lados de la puerta de la Sala Capitular: unos pescadores de Enrique Albizu y un retrato de Salvador Etxeandia Gal (firmado por Elías Salaberria) y que le valió a Garrido para hablar de la vida de este ilustre irundarra, hijo predilecto de la ciudad.

Dentro de la Sala Capitular, principal estancia del edificio por ser el salón plenario, Garrido mencionó lo poco que ha cambiado en sus 253 años y entre sus pinturas destacó 'La Etxekoandre' de Berrueta, «en la que se basa la escultura de la plaza Urdanibia» y una espectacular representación del Irun derruido del 36.

Los participantes disfrutaron de algunos cuadros más en la Sala de Sesiones y finalizaron la visita en la antesala de Alcaldía. Allí cuelgan de las paredes los retratos de los tres ex alcaldes de la democracia, Xabier Txapartegi, Ricardo Etxepare y Alberto Buen, los tres firmados por Albizu. En este punto finalizó la visita con una buena ración de preguntas que los participantes trasladaron a su amable guía, el historiador Iñaki Garrido.