Un lazo rojo por todos los que huyeron

Un centenar de ciudadanos se sumaron ayer al acto de atar lazos rojos en la barandilla del puente Avenida para recordar a quienes lo cruzaron en 1936./
Un centenar de ciudadanos se sumaron ayer al acto de atar lazos rojos en la barandilla del puente Avenida para recordar a quienes lo cruzaron en 1936.

El 4 de septiembre de 1936 miles de iruneses cruzaron a Hendaia, dejando atrás una ciudad en llamas

JOSEBA ZUBIALDE

Este año se celebra el centenario del puente Avenida, una infraestructura que ha sido testigo del último siglo en la historia de Irun. Si pudiera relatar algunos de los recuerdos que guarda entre su sólida estructura de hormigón, muy probablemente hablaría del miedo, la impotencia, el horror y el pánico de los miles de iruneses que el 4 de septiembre de 1936, con la caída de la ciudad en la Guerra Civil, cruzaron a Hendaia con lo puesto y la ciudad en llamas a sus espaldas. «Se vieron obligados a abandonar sus ilusiones y sus proyectos de vida», lamentó ayer el alcalde de Irun, José Antonio Santano, durante el acto de homenaje y recuerdo que tuvo lugar en el mismo puente que hace 80 años fue testigo de un éxodo del que «solo algunos pudieron regresar».

Ciudadanos y representantes políticos de diferentes partidos de Irun y Hendaia realizaron un «pequeño pero profundo» acto cuyo objetivo no fue otro que el de «traer a la memoria un hecho que tuvo tanta repercusión en nuestra ciudad», destacó Santano. Junto a él estaba el alcalde Hendaia, Kotte Ecenarro, que se sumó al acto, al igual que un centenar de ciudadanos de ambos lados de la muga, entre los que se encontraban irundarras que vivieron en primera persona todo aquello. Tampoco quisieron perderse la cita los miembros de la Asociación Republicana Nicolás de Guerendiain.

«'Estos días azules, y este sol de la infancia', estas fueron las últimas palabras de Machado antes de morir en el exilio», recordó Santano tras el Aurresku que dio inicio al acto. «Él tuvo que dejar su país, sus paisajes, sus cielos y hasta sus libros, y huir, como los miles de iruneses que dejaron atrás el incendio aquella madrugada del 4 de septiembre de 1936, obligados a dejarlo todo por culpa de la guerra y las políticas del terror».

Santano aseguró que tras haber visto los últimos días fotos de la contienda en la ciudad, «resulta increíble que en este puente, hoy símbolo de encuentro, paseos y de disfrute, nuestros antepasados cruzaran con un baúl y un colchón sobre la espalda». En ese sentido, hizo hincapié en que «es la razón por la que nos encontramos hoy aquí, para recordarles y agradecer a la acogedora Hendaia su ayuda, que también vivió convulsionada por el dolor de nuestros vecinos».

Aunque las imágenes de los primeros meses de la Guerra Civil en Irun muestran el horror y la devastación, el testimonio de aquellos días ha llegado por transmisión oral entre padres, hijos y nietos. «Creo que todos tenemos pequeños episodios de aquellos días o contamos con conocidos que cruzaron este puente o el de Behobia buscando en la otra orilla paz y libertad», comentó Santano. En ese sentido, no dudó en asegurar que la Guerra Civil fue reflejo de la «sinrazón, que arrancó por culpa de quienes no quisieron respetar la democracia de la Republica».

Hendaia no olvida

Aunque el éxodo del 4 de septiembre fue el más numeroso, el alcalde de Hendaia destacó que «a partir del 23 y del 24 de agosto de 1936 la población de Irun ya empezó a pasar a Hendaia, sobre todo niños y mujeres». Aunque en el día de ayer también se agradeció la ayuda prestada por la localidad vecina, Ecenarro no quiso dejar pasar la ocasión para decir que «no olvido que Irun y sus gentes se portaron muy bien con la población de Hendaia en la guerra ocurrida entre 1914 y 1918». Durante su intervención, el alcalde Hendaia incidió en que pese a que el puente pueda evocar el exilio «también lo es de la libertad», e hizo hincapié en que «el objetivo de hoy es que no hay que olvidar. Su historia es también nuestra historia.

Por otro lado, Ecenarro explicó que «para los alcaldes nuestra primera misión es que entre diferentes poblaciones sus gentes se entiendan y puedan trabajar y convivir juntos», una labor en la que «estamos trabajando» tanto Irun como Hendaia. Lograr esa armonía es algo que «Europa aún no ha conseguido, lo está haciendo poco a poco, pero aún queda mucho trabajo por hacer», aseguró, aunque confió en que lo logre algún día.

Al finalizar sus intervenciones, ambos alcaldes realizaron una ofrenda floral por todos los irundarras que se vieron obligados a huir. Acto seguido, Santano y Ecenarro anudaron una cinta roja a la barandilla del puente en recuerdo de aquellos exiliados iruneses. «Queremos recordar el dolor, la angustia de quienes tuvieron que dejar sus casas y cruzar este puente con lo puesto», dijo el alcalde de Irun, e incidió en que se trató de un acto que «va más allá de los bandos, de la guerra y de las atrocidades. Queremos recordar a los padres, madres, abuelos y niños que nos han contado sus historias a lo largo de estos años». Los allí presentes no dudaron en coger una cinta y atarla a la barandilla, un acto simbólico «por ellos, por cada uno de esos iruneses que recorrieron estos metros y que dejaron atrás el horror de la guerra pero también sus raíces y su historia», aseguró Santano.

Todo aquel que lo desee puede sumarse a este homenaje anudando este fin de semana una cinta roja -disponible en la Oficina de Turismo de Luis Mariano- en la barandilla del puente Avenida para «vestirlo de rojo».

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