«No soy de gatillo fácil, pero aquel día disparé más de dos mil fotos»

De tal palo, tal astilla. Alain y Paula García son los autores de este retrato de su padre, Vladi García./
De tal palo, tal astilla. Alain y Paula García son los autores de este retrato de su padre, Vladi García.
Vladi García, cazador de instantes y luces desde otro punto de vista

Es hondarribitarra de adopción, pero también de corazón porque siempre quiso vivir en el norte, su inspiración

YLENIA BENITO BIDASOANDV@GMAIL.COM

«La luz de Hondarribia me cambió, me enseñó a pintar», confesó en más de una ocasión Daniel Vázquez Díaz. El pintor de viaje a París quedó prendado de Hondarribia. Esa luz que cautivó a Vázquez Díaz, sirve años después de inspiración a otros pintores y a otro tipo de artistas, esos que en vez de pincel utilizan una cámara de fotos. Es el caso de Vladi García. Él también está enamorado de Hondarribia y su luz. Esa luz que hace que cada disparo sea único. Esa luz que invita a buscar un punto de vista diferente, como el que ha encontrado en lo alto del Parador. Cada 8 de septiembre es igual, pero distinto. Vladi ha conseguido retratar algo que todos conocemos, pero que nunca antes habíamos visto así.

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-¡Casi! Desde lo alto del Parador. Es un plano cenital del momento en el que todas las compañías se reúnen en Arma Plaza. Es un punto de vista increíble.

-Desde luego, pocos hondarribitarras y bidasotarras quedarán sin haber visto esa foto.

-Alguno quedará, pero sí, la foto ha tenido una repercusión muy grande. El Alarde y el día 8 de septiembre son muy especiales para los hondarribitarras, pero no me esperaba tanto revuelo.

-Hablemos del 'making of'. ¿Le dio Carlos V permiso para subir a lo alto del Parador?

-(Risas) Ha sido todo gracias al director del Parador y al jefe de recepcionistas. Ellos me dieron permiso para inmortalizar el Alarde desde lo más alto. Para el segundo número de la revista digital 'Hondarribi Art' hicimos un reportaje fotográfico al Parador. A raíz de este pequeño documental, se me ocurrió proponerles las fotografías del día 8.

-¿Fue difícil convencerles?

-No mucho, me pareció que eran personas a favor del arte. De hecho, la presentación del segundo número se hizo allí, así que se lo propuse con toda tranquilidad.

-Y aceptaron.

-¡Sí! El 8 de septiembre no dejan pasar a fotógrafos ni medios de comunicación, solo a Teledonosti-Bidasoa que retransmite el Alarde en directo. Ellos tienen que preservar la tranquilidad de sus clientes, no pueden dejar que el Parador se contagie de la locura de la fiesta. Es normal, pero sabiendo que era una vista desconocida para muchos, aceptaron.

-¿Cansado de buscar hueco fotográfico el día 8 decides subir a las alturas?

-¡Qué va! Es el primer año que saco fotos, yo siempre desfilo.

-Llegar y besar el santo.

-(Risas) Más o menos. Bueno, alguna vez he sacado fotos, pero siempre familiares. Quiero decir que nunca he estado acreditado. En lo que a fotos se refiere, el día 8 está más que cubierto. Por eso he preferido siempre desfilar.

-¿Cómo te preparaste este 8 de septiembre atípico para ti?

-Cuando hicimos el reportaje del Parador vi cómo era la vista desde la azotea. Iba con ganas de sacar una foto de la calle Mayor en el inicio, en el momento en el que comienzan a subir los hacheros. Tenía varias ideas, pero tampoco me preparé mucho. Llevé varios objetivos, eso sí.

-¿Qué te inspiró?

-Lo cierto es que me desbordó la 'visualidad' del hecho de estar viendo el Alarde desde un punto de vista tan alto. No sé si me explico... Yo no soy de gatillo fácil y aquel día saqué dos mil fotos. Me volví loco.

-¿Dos mil? Solo hemos visto una...

-¡Sí! Imagínate cuántas quedan por ver. De momento solo hemos publicado una o dos, pero tengo muchísimas más. A partir de hoy comenzaré a publicarlas. Hay algunas de momentos concretos del Alarde, de cuadrillas, individuales... ¡increíbles!

-¿Pudiste disfrutar algo de la fiesta?

-(Risas) Por la tarde me dieron permiso para que subieran mi mujer y mis hijos porque yo no podía moverme de ahí. Estaba siendo impresionante, ¡no podía parar de sacar fotos!

- Supongo que habrás disfrutado también seleccionándolas, ¿o veremos las dos mil?

-¡Sí, me lo he pasado en grande! Ya está todo listo para empezar a enseñarlas. Todas no, pero muchas sí.

-¿Y a partir de ahora, qué? ¿Querrás fotografiar el Alarde o desfilar?

-Depende. Si encuentro otra visión desconocida o diferente como la del Parador, sí. Yo no me dedico por completo a la fotografía, soy electrónico.

-Cualquiera lo diría... ¡tienes madera de fotógrafo!

-Bueno, hoy en día ser electrónico es como ser químico antes, ¿no crees? Ahora las fotos tienen un acabado digital, así que utilizo mucho mis conocimientos. Cuando había que revelarlas venía bien saber algo de química. (Risas)

-No te falta razón. ¿Y en qué momento empiezas a 'apretar el gatillo' de la cámara?

-De siempre me ha gustado la fotografía, pero fue hace cinco años cuando decidí tomármelo más en serio y estudiar. Los tres primeros años habré estudiado una media de tres horas diarias, me he formado con disciplina.

-¿Qué te animó a hacerlo?

-El entorno. Yo, en realidad, nací en Madrid, pero llevo trece o catorce años en Hondarribia. Este entorno me llevó a intentar reflejar a través de la fotografía el lugar en el que vivimos. Si hubiera vivido en otro lugar, no sé si me hubiera animado.

-¿Hondarribia fue tu musa?

-(Risas) Hondarribia y el norte en general. Siempre me ha gustado mucho. Recuerdo haber querido vivir por aquí siempre, desde Galicia a los Pirineos. Aquí hay monte, mar... Es el lugar en el que siempre he querido estar. La fotografía es mi forma de expresarlo.

-¿De esa inquietud nació también la revista digital 'Hondarribi Art'?

-Más o menos. Uno de los primeros concursos que gané, fue el de fiestas de Hondarribia. Ahí es cuando empecé a creer que, tal vez, estaba yendo por el buen camino. No me vuelve loco el concursismo, así que dejé de hacerlo y empecé a pensar que quería hacer algo diferente. Quise volver al origen y pensé: «¿Dónde ha empezado todo?». Fue aquí, en Hondarribia, por eso pensé en hacer algo para devolver a la ciudad ese impulso que me había dado.

- Hondarribia está casi siempre llena de turistas y cámaras de fotos, sin embargo quedan puntos de vista por descubrir...

-¡Sin duda! Cada día sale el sol de una manera. Algunos meses del año, sale el sol por Arma Plaza hacia la calle Mayor de una forma preciosa. Otros días llueve y hay un reflejo increíble. En la fotografía dependemos de la luz y Hondarribia la tiene preciosa siempre. La creatividad está en nosotros.

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