Entre rapaces, juglares y titiriteros

Personajes de la Edad Media se dieron cita durante el fin de semana en la Parte Vieja, donde no hizo falta agua para presenciar desembarcos. / FOTOS: F. DE LA HERA
Personajes de la Edad Media se dieron cita durante el fin de semana en la Parte Vieja, donde no hizo falta agua para presenciar desembarcos. / FOTOS: F. DE LA HERA

Hondarribia revive la Edad Media con la presencia de numerosos artesanos | El mercado contó con más de ochenta puestos y la animación constante de juglares, gigantes, gaiteros y malabaristas

EDU PRIETO HONDARRIBIA.

El casco histórico de Hondarribia volvió al medievo durante el fin de semana. Los balcones, engalanados con banderas propias de la época, y personajes como titiriteros, herreros o juglares recrearon la vida de un mercado que contó con más de ochenta artesanos y demostraciones de tiro con arco o esgrima antigua. También hubo una exposición de utensilios antiguos, partidas de ajedrez y talleres relacionados con las flores o el soplado de vidrio. Todo ello animado con la presencia constante de juglares, gigantes y gaiteros, que se mezclaban entre los asistentes.

Los más pequeños fueron los que más disfrutaron con la feria medieval. Los jardines de Kasino Zaharra albergaron un campamento medieval en toda regla, en el que no faltaron ponis, caballos y aves rapaces llegadas desde la villa de Urdax. Irati, Aarón y Toño estuvieron al mando de águilas, buitres, lechuzas, y hasta un halcón, que no pararon de fotografiarse con los niños y niñas que se acercaron. «Abren las alas para secarse», explicaba Toño a los presentes. Y es que la lluvia hizo acto de presencia a ratos, especialmente el sábado.

Desde Tudela llegó la alfarería Chapetán con Cándido Martínez al mando, que no paró de esculpir huchas en los dos días que ha durado la feria medieval. De su puesto salieron jóvenes futuros ahorradores, que contemplaron con asombro cómo los trozos de barro iban adquiriendo forma en su torno.

Cocinas para todos los gustos

En Arma Plaza se situó la forja de la familia Brun y el enorme fuelle con el que iban trabajando el hierro. Fueron muchos los curiosos que presenciaron los golpes al metal candente, que acababa convirtiéndose en piezas como candiles o candelabros. A escasos metros, un espacio dedicado a las ovejas y un laberinto medieval muy transitado.

La oferta culinaria del mercado hondarribitarra también fue de categoría. Desde salchichones, chorizos, longanizas blancas y lomos embuchados, hasta quesos del Roncal o Aralar, chocolates y productos garrapiñados tradicionales.

También hubo rosquillas llegadas desde Amorebieta y alimentos un poco más exóticos como las baklawas, un dulce árabe tradicional elaborado con una pasta de nueces trituradas.

Después del empacho, hubo quien optó por hacerse con alguna de las plantas medicinales expuestas en la plaza Gipuzkoa como remedios caseros para combatir el colesterol, el lumbago, la ciática o el reuma.

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