El 'hamaiketako' perfecto del soldado

En Guadalupe también huele a pólvora con las descargas y las salvas que realizan las compañías frente al santuario.
En Guadalupe también huele a pólvora con las descargas y las salvas que realizan las compañías frente al santuario. / REPORTAJE FOTOGRÁFICO F. DE LA HERA

Soldados, cantineras, hacheros, peregrinos... nadie quiso perderse el almuerzo en la campa de Guadalupe

YLENIA BENITOHONDARRIBIA.

Cuenta la leyenda que el tiempo del 30 de junio es un presagio del que tocará el 8 de septiembre. Tras los sanmarciales pasados por agua de este año, en Hondarribia muchos se llevaban las manos a la cabeza esperando otro lluvioso 8 de septiembre. Pero, como decía Mari Paz a la puerta de la ermita, «este año los hondarribitarras nos hemos debido de portar bien y la Virgen nos ha recompensado».

Mari Paz estaba en Guadalupe almorzando junto a su marido, José Manuel, mientras esperaba el inicio de la misa. Ambos confesaban que «hay que celebrar, pero también cumplir con el voto. No hagamos enfadar a la Virgen». Así, primero tomaron como 'hamaiketako' un bocata de txistorra «con un poquito de sidra, que entra mejor».

Al igual que Mari Paz y José Manuel, muchos hondarribitarras y foráneos disfrutaron del ambiente festivo en Guadalupe. Marie y Françoise, dos peregrinas francesas, acababan de iniciar el Camino de Santiago y se toparon con la fiesta en Hondarribia. «Las hemos invitado a un vaso de sidra para que descansen y celebren con nosotros», decía Mari Paz mientras les explicaba a las peregrinas en qué consistía la fiesta hondarribitarra.

«¡Cómo no vamos a tener hambre! Llevamos en pie desde las cuatro de la mañana»

«Este año nos hemos debido de portar bien y la Virgen nos ha recompensado»

El voto y almorzar

No muy lejos, también a la puerta de la ermita, los hermanos Tumas ocupaban su «txoko de siempre. Cada año nos ponemos en esta esquinita a almorzar, así estamos cerca para cuando empiece la misa». José Ángel y Ramón llevan desfilando más de cuarenta años. «Yo 45 y mi hermano 46, concretamente», apuntaba Ramón.

Los Tumas desfilan en las filas de Tamborrada. «Nuestra cantinera es portera de la Real Sociedad», explicaban orgullosos. Mariasun Quiñones, la cantinera de Tamborrada, descansaba a la sombra junto a la cantinera de la Banda, Irati Arruabarrena. «Está siendo todo increíble. Hemos madrugado, sí, pero son tantas las emociones que el cansancio no existe», aseguraba Quiñones. Arruabarrena, por su parte, confesaba que «he dormido muy bien, he estado bastante tranquila».

Tras los nervios y las emociones de la mañana, las dos cantineras tomaron algo de agua y un pintxo para reponer fuerzas antes de renovar el voto. «Este también es un momento muy bonito e importante. Tengo muchas ganas de vivirlo desde cerca», aseguraba la cantinera de Tamborrada.

El rato antes de que comience la misa es el momento perfecto para descansar. Los abanderados dejan sus banderas, las cantineras se sacan docenas de fotos, los hacheros se desprenden de sus herramientas y morriones y los soldados pueden quitarse las americanas y las txapelas para combatir el calor. Lo que une a todos los que suben a Guadalupe es el 'hamaiketako'.

«Me ha tocado a mí ir a por los bocadillos de toda la cuadrilla», bromeaba Mikel cargado con dos bolsas de bocatas y latas de cerveza. «Hay que llamar a alguien para que nos traiga más pan», se quejaba Pilar en el pequeño comedor que había montado junto a su familia. Como ella, muchas cuadrillas y familias disfrutaron del mediodía en Guadalupe. Sillas plegables o en una toalla sobre la campa, todas las formas valen para descansar después del trajín de la mañana.

«¡Cómo no vamos a tener hambre! Llevamos en pie desde las cuatro de la mañana», explicaba Luis mientras retiraba el papel de plata de su bocata de tortilla. «Esto es sagrado, no se puede seguir adelante en el día sin el 'hamaiketako'».

A las doce los bocatas, la sidra y las cervezas cedieron el testigo a la misa que sirvió para renovar el voto con la Virgen de Guadalupe. Entonces, las campas también comenzaron a oler a pólvora gracias a las salvas de la Batería de Artillería. Tras la misa, el ambiente festivo volvió a apoderarse del 8 de septiembre. Volvieron las fotos, las risas y la música. «Está siendo un día estupendo, ¡no quiero que se acabe nunca!», decía la cantinera de la Banda. Añadía que «quiero vivir el desfile de la tarde, pero quiero que el tiempo pase más lento para poder disfrutarlo mucho más».

Muchos recordaron la lluvia del año pasado, pero celebraron el buen tiempo disfrutando a lo grande. Tal vez, la leyenda ahora sea al contrario. Tal vez, a partir de ahora, el tiempo del 8 de septiembre sea un presagio del que tocará el próximo 30 de junio en Irun.

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