«Hay días en los que Ardoka Madrid parece que está en la calle San Pedro»

Mikel Rico está contento por la aceptación que ha tenido también su segundo establecimiento./
Mikel Rico está contento por la aceptación que ha tenido también su segundo establecimiento.

Mikel Rico ha abierto un nuevo bar en el madrileño barrio de Chamberí

I.A. HONDARRIBIA.

Desde el pasado mes de diciembre no hay solo un Ardoka, sino dos. Al ya conocido de la calle San Pedro se ha sumado uno en la calle Ponzano, del madrileño barrio de Chamberí. Tras este proyecto está la misma persona que abrió el otro, un Mikel Rico que está «muy contento con la aceptación de Ardoka Madrid en estos primeros meses».

Rico siempre ha estado ligado al mundo de la hostelería y ha ido evolucionando, desde unos primeros trabajos más de peón a convertirse en un emprendedor. «Empecé en un hostal de Sallent de Gállego y ya entonces ví que me encantaba el mundo de la hostelería. Luego trabajé en el Truck y en otro bares. Pasé al Kursaal, con Martín Berasategi y conocí a Bixen Muñoz. A lo largo de todos esos años fui aprendiendo mucho, con cursos y de manera autodidacta y al final me decidí a abrir el Ardoka».

Ese paso lo dio porque «me encanta el mundo del vino, lo estaba trabajando y conociendo cada vez más en el Kursaal y veía que había una opción. Entonces había un boom de cervezas pero en el tema del vino había como un vacío. Cuando surgió la oportunidad del local, no me lo pensé porque era un reto empresarial y personal muy atractivo. Y quería estar en casa».

Pasar de empleado a jefe no es fácil. «Todos los retos son complicados y al final, para llevar un negocio, lo más importante es la gestión humana. Es un sector muy de temporada, en el que mucha gente está de paso y en el que falta más profesionalización y continuidad».

Pero Ardoka se ha convertido en una referencia en Hondarribia y, una vez consolidado, a Rico le surgió otra oportunidad que tampoco quiso dejar pasar.

Cuenta que «conozco a mucha gente de Madrid, de hecho me voy a casar con una madrileña, y me enamoré de esa zona. Ví que podría compatibilizar los dos establecimientos y empecé a moverme».

Si ya poner en marcha cualquier negocio es complicado, más todavía lo es en una ciudad que no es la de uno mismo. «Hay que hacer muchos papeleos, suerte que mi futura mujer conoce a mucha gente y me ayudó mucho también en eso».

Así, desde primeros de diciembre, está en marcha Ardoka Madrid. «La base es la misma, aunque amoldándonos un poco al público de aquí. Es una zona muy de picoteo, de comidas informales, sobre todo gente joven». El bar tiene dos pisos, «el de arriba es más dinámico y abajo tenemos un txoko, que da mucho juego».

En estos primeros meses de funcionamiento, Rico está «muy contento con la aceptación, aunque sé que costará un tiempo asentarse, nos tiene que conocer la gente. Algunos veraneantes sí que están viniendo».

Donde no tiene problemas es con otro tipo de clientela, la ya conocida. Según el hostelero, «algunos días parece que Ardoka Madrid está en la calle San Pedro, ¡vienen muchos hondarribitarras! y es maravilloso tenerles en nuestro bar».

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