Cálido y multitudinario adiós de la residencia San Gabriel a las monjas

Sor Belén, Sor Mirari, Sor Cándida, Sor María y Sor Esther, con una foto de Sor Ángela. / FOTOS: DE LA HERA
Sor Belén, Sor Mirari, Sor Cándida, Sor María y Sor Esther, con una foto de Sor Ángela. / FOTOS: DE LA HERA

El salón de la residencia de ancianos se quedó pequeño en la jornada de agradecimiento

I.A. HONDARRIBIA.

Desde el 14 de julio de 1886, cuando llegaron las tres primeras Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl, hasta el 30 de abril de este año, cuando caducará el convenio firmado por esa Comunidad y la Fundación Residencia San Gabriel, la presencia de las monjas ha sido determinante en este primero asilo, luego hospital y ahora residencia de ancianos.

Una historia de 152 años que está a punto de acabar y que ayer escribió un emocionante capítulo, con el cálido homenaje que se tributó a las Hermanas. Lo recibieron, en nombre de todas las que han pasado por allí, Sor Esther, Sor María, Sor Cándida, Sor Mirari, Sor Belén y estuvo presente, no solo con una imagen suya, sino muchas veces mencionada y recordada, la recientemente fallecida Sor Ángela. El salón de actos estaba repletó y Eskifaia Abesbatza ambientó el acto.

En palabras de Mila Aranzasti, trabajadora de la residencia, «queremos hacer un homenaje a estas sencillas mujeres que han dado una mejor calidad de vida a nuestros mayores. Tenemos que agradecer su labor y que de muchas maneras nos han ayudado y enseñado. Nos sentimos como una gran familia y hemos convivido muchos días, con momentos buenos y no tan buenos, pero de todos hemos aprendido».

El alcalde de Hondarribia y presidente de la junta de la residencia, Txomin Sagarzazu, destacó que «una ciudad la hacen habitable, hermosa y mejor las personas que conviven en ella, como hacen habitable, hermosa y mejor una casa quienes conviven en ella: gracias a vosotras y a quienes os han precedido, a vuestra fé, dedicación, profesionalidad y solidaridad con quienes más lo necesitan, Hondarribia es más habitable, más hermosa y sobre todo, mejor».

El primer edil recordó la imposición de la Insignia de Oro de la ciudad a las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl en 2002 y cómo entonces se razonó la decisión por «la abnegada, silenciosa, diligente, solidaria y generosa dedicación al cuidado de nuestros mayores en la Residencia de San Gabriel de nuestra ciudad, con una presencia ininterrumpida entre nosotros desde 1886».

Leticia Olano, en nombre de los voluntarios, reconoció que la marcha de las monjas supone «un dolor profundo y una pena muy grande. Con su amabilidad y ayuda hemos crecido mucho interiormente. Su esencia está en los pasillos de este edificio y seguirá estando». La residente Lupe Artola aseguró que «es muy difícil despedirse de vosotras y este agradecimiento quizás sea pobre para todo lo que nos habéis dado, pero espero que lo sabréis saborear».

Se sucedieron los regalos y hubo también agradecimientos por parte de los familiares y de la sociedad Klink, muy vinculada a la residencia en toda su historia.

Por parte de las Hermanas habló en último término Sor Belén, que agradeció «a todos por el despliegue y la ilusión que habéis puesto en esta jornada y por tantas cosas buenas que se han dicho». Y pidió «un fuerte aplauso para los residentes, que son lo mejor de esta residencia».

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