Diario Vasco

Cuando la vida vuelve a ser rosa

María Rosario, a la izquierda, y Elena son dos ejemplos de lucha y superación a la hora de hablar del cáncer de mama.
María Rosario, a la izquierda, y Elena son dos ejemplos de lucha y superación a la hora de hablar del cáncer de mama. / F. DE LA HERA
  • En el Día Internacional contra el cáncer de mama, celebrado ayer, estas dos mujeres relatan lo vivido sin miedo a mirar atrás

  • Las hondarribitarras Elena Olasagasti y Maria Rosario Michelena cuentan su experiencia tras haber superado con éxito un cáncer de mama

El rosa es el color de cada 19 de octubre, pero lo cierto es que la vida se deja de ver en ese tono cuando en una fría consulta un doctor pronuncia tres de las plabras más temidas para una mujer. «Cáncer de mama». Todo parece que se vaya a fundir a negro en ese momento, pero Elena Olasagasti y Maria Rosario Michelena son el claro ejemplo de que la lucha tiene, en la mayoría de los casos, su recompensa. Y esa sí es de color rosa.

Ambas son hondarribitarras. Son de la misma quinta, pero una es de la parte arrantzale y la otra de la baserritarra. Las dos han tenido que pasar el mal trago de escuchar de boca de su doctor esas tres palabras juntas. «En ese momento sólo me vino una cosa a la mente: la caja de madera. Lo vi todo negro, lo reconozco», cuenta Michelena.

Lo que pensó Maria Rosario es algo común, pero a Elena no le dio tiempo ni a asimilarlo. Cuenta que «me detectaron el tumor y era tan grande y había crecido tanto en pocos días que al día siguiente me tuvieron que operar. No tuve tiempo ni de venirme abajo. Tenía una salida al monte prevista para el sábado, solo pensé que no podría ir».

Así fueron los primeros pasos en el incierto y duro camino del cáncer de mama de estas dos mujeres. La quimio y el miedo se mezclaron los próximos meses con el calor de los suyos y la fuerza de querer salir adelante. «Yo lo tengo claro, el apoyo de mi familia fue muy importante. Pero te diré que lo fundamental fue hablar con mujeres que habían pasado por lo mismo que yo», explica María Rosario.

«Recuerdo que fue un año y medio muy duro. Entre la quimio y otro tratamiento que tomé sentí mucho agotamiento. Sacaba fuerzas de donde no las tenía, pero al final contraté una interina para que me ayudase con las labores de la casa. Siempre digo que es lo mejor que he sacado de aquella experiencia», bromea Olasagasti.

La vida recupera el color

Tras meses durísimos de tratamiento, las dos hondarribitarras recuerdan con una sonrisa el día que la vida comenzó a recuperar el color habitual. «A mí me encanta el monte, lo eché de menos muchas veces. Cuando terminé con el tratamiento, a los meses, volví a salir con mi marido. Subimos lo que llamamos el 'rompeculos' y arriba recuerdo como me dijo 'Elena, ahora sí estás curada'».

María Rosario recuperó el color, y se olvidó del negro, «justo antes de fiestas. Terminé un 28 de agosto, no lo voy a olvidar nunca». Desde el día en el que supieron que habían superado con éxito una de las pruebas más difíciles de su vida, ni Elena ni Maria Rosario han dejado de ponerle color a sus días.

«Después de curarme hice el camino de Santiago dos veces, con coche de apoyo, pero lo hice. Y, por supuesto, he continuado yendo al monte», cuenta Elena. «Yo me he apuntado a bailes vascos, que siempre me han encantado, y a cantar en el coro Xarmanta de Hondarribia. Estoy feliz, estoy haciendo cosas que siempre me han gustado», asegura María Rosario Michelena.

Para estas dos hondarribitarras cada día es 19 de octubre. Cada día luchan y tienen presentes esas tres palabras que dan miedo, pero también, cada día, sienten algo más de rosa en sus vidas.

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