Diario Vasco

Carlos Malles (Fotógrafo y director del Hondarribia Blues Festival): «Soy un friki de los flashes, me encanta jugar con la luz en las fotos»

Carlos Malles junto a su colección de cámaras. Él mismo confirma que «siempre he usado Canon, toda la vida».
Carlos Malles junto a su colección de cámaras. Él mismo confirma que «siempre he usado Canon, toda la vida». / FLOREN PORTU
  • Le gusta irse con la música a otra parte en su Harley Davidson, pero no puede elegir entre el blues y la fotografía, su otra gran pasión

En la cara A del disco de Carlos Malles hay un puñado de canciones de Robert Johnson, John Lee Hocker o James Cotton. En la otra, en la cara B, no hay música, pero sí un millón de diapositivas que inmortalizan recuerdos de viajes y sesiones deportivas convertidas en aventuras. Dos partes de un todo, el de Carlos Malles. El blues y la fotografía. Suenan al mismo tiempo su tocadiscos y su Canon. Son indivisibles. Elegir entre una y otra es tan complicado como para MacGyver saber si debe cortar el cable azul o el rojo para desactivar una bomba. Aun así, nos la jugamos.

-¿Blues o fotografía?

-Afortunadamente no tengo que elegir.

-¿Y si se acaba el mundo?

-(Risas) ¡Que me pille con un buen disco y con la cámara en la mano!

-Hemos desactivado la bomba.

-Menos mal, no podría elegir entre una y la otra. Ambas me aportan mucho. El festival o salir a tocar con mi banda es increíble, pero escaparme con el equipo de fotos y un saco de dormir al monte también lo es.

-¿Y qué fue primero? ¿El blues o la fotografía?

-El blues me ha gustado desde siempre, pero la afición a la fotografía creo que me viene de mi padre. Él tenía un laboratorio en casa, era muy aficionado a hacer fotos.

-¿Un laboratorio en casa? ¡Ahí se fabricó la bomba entonces!

-Sí, sí. De niño me llamaba mucho la atención el laboratorio y, claro, empecé a salsear.

-¿Qué hacías?

-Cuando estaba solo, lo más sencillo de todo, revelar en blanco y negro. Haciamos diapositivas en papel también.

-¿Diapositivas? Dime que tenías un proyector...

-¡Aún lo tengo! Mi padre lo hacía todo en diapositivas y yo, hasta el 2000, también lo he hecho.

-¡Qué bonito! ¿Qué es lo último que has inmortalizado en diapositivas?

-Un viaje a Nepal, lo tengo todo guardado en diapositivas. Es un recuerdo muy especial.

-Pero la fotografía no ha sido solo un hobby para ti, también ha sido una profesión, ¿no es así?

-Efectivamente. En los años noventa formé parte de un grupo editorial en el que yo me encargaba de las fotos de snowboard. Las hacía todas en diapositivas, eran otros tiempos. Lo dejé y hace un par de años he retomado la actividad de hacer fotos.

-¿Qué te ha hecho volver?

-No lo sé... Iba a escalar o a hacer trekking y cada vez más veces pensaba, «qué fotos hay aquí», pero me daba pereza hacer el cambio de lo analógico a lo digital.

-Podías haber continuado con tus diapositivas...

-No creas. Bueno, hay gente que lo hace, pero no tiene mucho sentido. Esperar al revelado para ver el resultado era emocionante, no te voy a engañar, pero ahora la forma de archivar las fotos, el procesado... todo es mucho más cómodo.

-Hay algo que no ha cambiado en tus fotos, el deporte.

-Eso siempre. Me encanta hacer fotos de escalada, carreras de montaña, a los 'Mugalaris'... ¡Pero hago otras cosas también!

-No voy a creer que hagas bodas...

-No, pero he hecho una comunión. (Risas) Y me he quedado muy satisfecho con el resultado. Han quedado muy bonitas, tanto que la empresa que hace los albumes me ha pedido usar esas fotos de muestra.

-¡Estamos descubriendo un nuevo filón!

-No tanto, pero la fotografía me gusta y hago cosas diferentes. También hago fotos de estudio. Hace poco he hecho una sesión con Jon Arocena que ha quedado genial. Soy un friki de los flashes, me encanta jugar con la luz.

-Tus fotos, a pesar de ser digitales, tienen un aire analógico, ¿por qué?

-Me gusta prepararlas como si lo fueran. Ya no hago diapositivas, pero me encanta organizar las fotos tal y como se hacía antes. Tengo un proyecto personal en marcha con el que estoy retratando a personajes de por aquí, del Bidasoa. En esas fotos se ve claramente el trabajo previo de preparación, les saco de su contexto y hago fotos en entornos que he pensado anteriormente.

-¿Y fotos de conciertos? ¿No tienes fotos que suenen a blues?

-Tengo fotos que podrían sonar a blues, sí, pero no en Hondarribia. Estoy haciéndome un archivo bonito de los viajes que hago a New Orleans, Memphis... Pero durante el festival no saco fotos.

-¿Por qué? Eres un privilegiado al estar en los mejores momentos...

-Eso es verdad, y muchas veces pienso «aquí hay una foto...».

-¿Por ejemplo?

-Recuerdo un momento con Shakura S'Aida, estaba ella con una túnica de mil colores, unos pendientes dorados enormes, una luz... ¡Ojalá hubiera tenido la cámara!

-Esa foto se queda en tu mente.

-Sí, como tantas otras. También me hubiera gustado retratar a muchos de los que han venido, pero...

-Hagamos terapia, ¿a quién?

-A muchos, pero al que más a Hubert Sumlin. Era entrañable, solo tengo una foto con él y me la sacaron de milagro.

-Dos pasiones convertidas en profesión, ¿cómo lo haces?

-¡No me gusta estar quieto! Ahora he tenido que estarlo durante un año por una lesión y ha sido horrible. La verdad que con la fotografía me están yendo las cosas muy bien, me están saliendo proyectos muy bonitos. Estoy muy contento.

-¿Alguna vez deja de girar tu disco y se detiene la música?

-Sí, con la moto.

-¿Hay un tercer cable en esta bomba? ¿qué moto?

-La moto es vital. Es una Harley que me dieron un 11 de octubre del 2002. Cuando necesito escaparme, cojo la moto y carretera. Pero no me hagas elegir entre el blues, las fotos o la moto. (Risas)

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