Diario Vasco

Agustina Genua recibirá un homenaje popular este sábado

Agustina Genua asegura que «mientras me sigan trayendo, aquí estaré».
Agustina Genua asegura que «mientras me sigan trayendo, aquí estaré». / F. DE LA HERA
  • «Les dije que no quería ningún homenaje pero al final me convencieron y estoy contenta», dice

  • A los 91 años sigue vendiendo productos de su huerta en la calle Tiendas

Al pasar cualquier mañana por la calle Tiendas siempre ha sido habitual ver allí a Agustina Genua, todos los días, vendiendo los productos de su huerta. Con 91 años ahí sigue, aunque ahora mantiene su compromiso dos días por semana, los martes y los jueves.

Ese tesón y su bondadosa forma de ser han animado a unos vecinos de la parte vieja a organizarle un homenaje para este sábado. Aunque en principio por modestia Agustina se negó, finalmente aceptó y está expectante ante lo que le pueda deparar esa jornada. A las doce del mediodía le tributarán un homenaje en su puesto de trabajo y después habrá un trikipoteo por el casco histórico, para acabar con la comida popular en Klink, con 160 comensales y los tiques ya agotados.

Agustina sabe poco de esto. «Me han dicho que esté a las doce del mediodía aquí, y aquí estaré. Igual tú sabes algo más...». No es amiga de protagonismos por lo que «les dije que no. Pero bueno, estoy contenta».

No es la primera vez que le toca pasar por un trance similar, ya que en 2005 Emeki Elkartea la eligió como protagonista de la Semana de la Mujer y después en 2007 junto con la joven Gurutze Arruarte fue encargada de entregar el bastón de mando al burgomaestre Mikel Jauregi en la víspera del Alarde.

Vendedora constante

Lleva toda la vida vendiendo verduras y hortalizas en el banco de la calle Tiendas, o resguardada en algún portal cuando llueve.

Nos recuerda que «al principio venía con mi padre, después con mi madre y después ya venía sola. Traía todo el género encima de la cabeza». Todo ello desde Salamanca Enea, el caserío de Arkoll en el que vive y donde ha estado tantos años trabajando la huerta.

Ahora ha pasado de acudir a su cita todos los días a estar los martes y los jueves, «me traen mis hijos y mientras me sigan trayendo, yo seguiré viniendo». Ayer tenía para vender «huevos, pimientos, tomate hay poco, patata, lechugas que ya se han terminado...», enumeraba.

En todo el tiempo que lleva con esta tarea, el mundo ha cambiado mucho y también el comercio. Especialmente en su zona. «Antes aquí estaba el mercado, traíamos mucho género y se vendía bien. El mercado era grande, tenía hasta matadero, y se generaba mucho movimiento. Y alrededor estaban las tiendas. La de Manuel Nogueras y Pepita Muñoz sería de las últimas tiendas que ha habido al estilo tradicional», recordaba.

«Se vende menos que antes»

También ha cambiado el tipo de clientela, «se vende menos que antes. Los mayores se van muriendo y los jóvenes no compran tanto. Algunos sí tienen costumbre de venir y también alguno de fuera. Pasa mucha gente pero no es como antes. Antes pasaban los coches y la gente se paraba. Y antes en todas las casas de alrededor vivía gente y había movimiento».

Pero Agustina sigue acudiendo a la calle Tiendas, para vender y también para encontrarse con amistades. Si se ausenta por un momento porque ha ido a desayunar o almorzar, no hay peligro de perder la mercancia, «nadie coge nada, mejor dicho, nadie roba. Es posible que alguien, si ve que no estoy, coja lo que necesita y después pase a pagar».