Diario Vasco

Pífanos, escopetas y paraguas

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Tamborrada. Arrate Oronoz Mitxelena.

  • Cerca de 4.500 soldados desfilaron en veinte compañías, cumpliendo la tradición y a las órdenes del nuevo burgomaestre

  • La lluvia fue la principal protagonista del Alarde, sobre todo durante la mañana

Hay ocasiones en las que no todo sale como uno quiere y ayer fue una de esas veces. Después de un verano tan seco que hasta está provocando restricciones de agua en localidades cercanas como Lesaka, justo ayer tenía que llover. Y lo hizo además con ganas durante toda la mañana, para escampar a mediodía y respetar la tarde.

Cuando a las cinco de la mañana cuatro integrantes de la Banda de Música Ciudad de Hondarribia interpretaron la alborada no había síntomas de lluvia. Tampoco durante la diana de las seis. O cuando las compañías se fueron concentrando en sus habituales puntos de reunión. Pero precisamente cuando se estaban acercando al lugar de encuentro convenido para el arranque del Alarde, empezó a llover. Lo sintieron antes los que tienen uniforme sin chaqueta, o quienes calzaban alpargatas con suela de esparto y no de goma, pero al final todos acabaron calados.

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Durante las comidas funcionaron a destajo lavadoras y secadoras en muchas casas. En cualquier caso, la lluvia mostró su misericordia para la segunda parte del día y muchos por la tarde ya habían olvidado cómo se habían mojado hasta los huesos

Volviendo a los minutos previos al inicio del Alarde, en ellos se vivieron ayer dos hechos singulares. Como todos los años, la compañía Gora Gazteak realizó una descarga en el txoko de Zabala. La particularidad en este caso fue que también se acercó la Tamborrada para interpretar allí la diana, debido a que se cumplen cuarenta años de la muerte de Josu Zabala en aquel lugar.

Y la propia Tamborrada fue de nuevo protagonista en otro aspecto. Si bien todos los años los hacheros acuden por su cuenta a los jardines del Arbol de Gernika y se juntan allí, en esta ocasión la llegada de la Escuadra de Hacheros fue en formación y siguiendo la música de la Tamborrada. Al grupo se sumó también la Escolta de Caballería, formando una bonita estampa junto a la muralla.

Arroyos de varios colores

Ellos vinieron desde La Marina, como varias compañías más. Otras venían desde la carretera que va a Irun, otras desde la campiña... Como arroyos de distintos colores, fueron a parar al mismo mar, el mojado césped de Gernikako Arbola donde les tocó esperar su turno para salir a desfilar.

Y salieron, a las 8.55 como todos los años. Encabezó el desfile el grupo de hacheros, abriendo camino a la Tamborrada y a los sones del 'Campamento Alarde' que interpretaba la Banda de Música, una agrupación que cada 8 de septiembre acoge en su seno a otros músicos, sean antiguos integrantes o simplemente aficionados a la música. Con saberse las partituras es suficiente y de hecho es mayor el número de 'fichajes', cerca de ochenta, que el de miembros oficiales de la Banda, en torno a treinta.

Después fueron llegando el resto de compañías y en un cuarto de hora ya estaban todas en Arma Plaza, donde efectuaron las descargas y esperaron a que Arkoll recogiera en la parroquia la bandera de la ciudad.

Los partes meteorológicos que anunciaban tregua para la tarde se cumplieron y el Alarde vespertino se vivió con más alegría si cabe. La tropa bajó desde Saindua, hizo su habitual recorrido por La Marina y después volvió a subir hasta Arma Plaza. Se acercaba el rompan filas que por primera vez ordenó el burgomaestre Iñaki Sagarzazu. Cuando a galope se marchó calle Mayor arriba se acabó el Alarde y llegó el momento tan esperado por muchos, el más bullicioso 'zapatero'. Después, fiesta mayor y ya queda menos para el próximo 8 de septiembre.