Diario Vasco
Lourdes Zubeldia sonriente en su casa.
Lourdes Zubeldia sonriente en su casa. / F. DE LA HERA

Dos amigas y una insignia de oro

  • El acto, como cada año, comenzará a las 12.30, después del repique de campanas y el lanzamiento de cohetes

  • Las hondarribitarras Lurdes Zubeldia y Mercedes Iridoy recibirán mañana en el Salón de Plenos del Ayuntamiento el galardón

Nacieron el mismo año, en 1923. Ambas tienen ahora 93 años y una vida llena de aventuras. Algunas en Hondarribia y otras, lamentablemente, lejos de su querida ciudad. Esas aventuras son hoy recuerdos que valen una insignia de oro. Galardón que se les entregará a estas dos amigas que siendo muy jóvenes separaron sus caminos, pero que a partir de mañana quedarán unidas para siempre en la historia de Hondarribia.

Mercedes Iridoy fue alcaldesa, tal vez, en una de las épocas más complicadas. Tuvo que vivir los últimos años de la dictadura y hacer frente a una grave situación económica, pero consiguió llevar a cabo proyectos tan importantes para Hondarribia como el instituto Pedro Aguinagalde o el ambulatorio de Itsas Etxea.

Fue un terrible suceso lo que acabó con el mandato de Mercedes Iridoy. En 1976, tras la muerte de Jesús Mari Zabala, la alcaldesa presentó su dimisión. Entonces los hondarribitarras le brindaron un homenaje que cuarenta años después se ha convertido en una insignia de oro.

Cuenta que la recibe «con mucho orgullo e ilusión. Es un honor para mi recibir algo así. Cuando el alcalde vino a comunicármelo me quedé sin habla, me emocioné mucho».

A pocas horas de portar la insignia en la solapa confiesa estar «nerviosa y preocupada porque todo salga bien».

Nere sukaldetxoan

'Agur, Hondarribi nere sorlekuari. Agur, itsas mendi agur kabi kantari negarrez noa ni beharrez urruti panpoxa Hondarrabi ni zure ameslari'. Esto escribió Lourdes Zubeldia al recordar el día que tuvo que abandonar Hondarribia, un lamento convertido en canción.

«Me fui el 4 de septiembre de 1936. Hondarribia se vació aquel día. No se me olvida que miré hacía Irun y solo vi humo. Además, a mi alrededor había mucha gente llorando. La guerra fue y es horrible», cuenta Lourdes, que se instaló junto a su familia en Ciboure para luego marcharse a París.

Allí, en la ciudad de la luz, comenzó a escribir, aunque reconoce que desde pequeña «me gustaba la poesía o los textos bonitos. Siempre he sido demasiado sensible». Volvió a Hondarribia y se casó con José Ignacio, quien siempre la ha animado con la escritura y ha guardado sus textos para en el 2006 publicar 'Nere sukaldetxoan'.

«Yo no soy escritora. Por eso de la ignorancia atrevida empecé a escribir yo. Fue una sorpresa que mi familia reuniese mis escritos en ese libro», confiesa Lourdes.

Mañana, esos preciosos textos y melodías serán recompensados con la insignia de oro. Cuenta que «cuando vino el alcalde a decírmelo quise esconderme debajo de la mesa, pero cuando me dijo que la compartía con Mercedes me tranquilicé. Es muy buena persona y de niñas fuimos amigas. Nos separó la guerra, pero en Hondarribia nos hemos vuelto a reunir».