Un adoquín recuerda en Oronoz a Francisco Mula, asesinado en 1937

Ricard Mula, hijo de Francisco, junto a sus familiares.
Ricard Mula, hijo de Francisco, junto a sus familiares.

Familiares asistieron al acto del domingo organizado por AFFNA y esta localidad baztandarrra

ALICIA DEL CASTILLO BAZTAN.

El domingo se celebró en Oronoz-Mugairi en sencillo acto, «pero necesario» para los presentes. Se colocó una placa de latón dorado en recuerdo de Francisco Mula, asesinado en 1937.

El acto lo había convocado la Asociación de Familiares de Fusilados de Navarra (AFFNA) y el pueblo de Oronoz y contó con la asistencia de familiares del que fue celador de Caminos de la Diputación Foral de Navarra en esta localidad baztandarra.

Hijo y descendientes

Fue precisamente su hijo, Ricard Mula Roca, quien ayudó a colocar una placa de latón dorado en Iraolaenea, la casa donde residió hasta el 25 de enero de 1937, cuando se llevaron a su padre. Nunca más volvió a verlo.

Para Ricard Mula, de 84 años, que agradeció el gesto del pueblo, el acto es «un ejemplo de memoria, reconocimiento y reparación».

Junto a Ricard, su esposa, hijos y nietos, estuvieron un centenar de personas, entre ellos, los parlamentarios forales Iñaki Iriarte (UPN), Viginia Aleman (Geroa Bai) y Marisa de Simón (IU-EB), los concjales de Baztan Mikel Ortega (EH Bildu) y Florentino Goñi e Iñigo Iturralde (Baztango Ezkerra) y Rubén Goñi (Geroa Bai), además de Ruth Peña Tena, alcadesa jurado de Oronoz-Mugairi y otros miembros de la Junta General del Valle junto con miembros de asociaciones de recuperación de la memoria histórica.

Jokin de Carlos, presidente de AFFNA explicó el sentido del acto y el significado de los adoquines dorados que «pretenden recordar a las víctimas de la represión franquista en Navarra». Las aceras de los pueblos navarros «podrían estar cuajadas de las 3.452 personas que fueron torturadas y asesinadas por pensar distinto». Deseó que dichos adoquines sirvan «para que las actuales y futuras generaciones conozcan lo que ocurrió y no se vuelva a repeteir nunca más».

Tras el acto, el bertsolari Bittor Elizagoien improvisó unas estrofas, el historiador Koldo Plá leyó su poema 'Adoquines' y no faltó un Aurresku de honor.

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