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Borja Burguete (Segundo entrenador del Bidasoa-Irun): «Vivir esto es una suerte, da igual si es de corto o en el banquillo»

Borja Burguete está disfrutando desde el banquillo con la vuelta del Bidasoa-Irun a la Liga Asobal.
Borja Burguete está disfrutando desde el banquillo con la vuelta del Bidasoa-Irun a la Liga Asobal. / F. DE LA HERA
  • El hondarribitarra ha sido también jugador, pero varias lesiones y cuatro operaciones le obligaron a repensar su camino

Elgorriaga Bidasoa ganó por primera vez la Liga en 1987. Borja Burguete aún no había nacido, pero de alguna manera, puede que cósmica, estuvo allí. Su padre, Santi, es uno de los once irundarras que lograron la gesta. En 1995 el amarillo conquistó Europa y Borja, aunque no lo recuerda, también fue testigo. Puede que estuviera a tu lado aquel 23 de abril en la plaza San Juan mirando hacia arriba, a lo más alto, para ver esa Copa de Europa. El pequeño Borja aún no sabía lo que era el balonmano, ni que los siete metros serían su fuerte. Entró en la cantera del Bidasoa y lamentó el descenso siendo cadete, pero no restó un ápice su pasión por el balonmano. Cumplió el sueño de debutar con el primer equipo y aunque un ligamento roto intentó alejarlo de la cancha, Borja ha vuelto a la plaza San Juan a celebrar un éxito bidasotarra junto a cientos de irundarras. Y esta vez mirando hacia abajo porque él estaba arriba, en ese balcón que ha acogido las victorias del Bidasoa. Hemos vuelto - a la Liga Asobal- y Borja Burguete ha estado ahí.

-¿Al segundo entrenador hay que tratarle de 'míster' también?

-(Risas) No, no. Yo todavía estoy aprendiendo, soy un principiante. A mi trátame normal, que no soy de la realeza.

-Bueno, títulos no te faltan: hijo de un campeón de Liga, internacional en categoría cadete, jugador del primer equipo del Bidasoa...

-Para, para... ¡No es para tanto! Pero sí, sin haberlo buscado llevo toda la vida ligado al balonmano y al Bidasoa-Irun.

-¿Cuál es tu primer recuerdo balonmanístico?

-Fue Jon Soques quien me llamó para jugar a balonmano por primera vez. Yo jugaba a fútbol en Hondarribia con mis amigos, él era entrenador en El Pilar y me dijo que fuese un día a probar. Fui un día, después otro, y otro... ¡Hasta hoy!

-¿Y tu padre no tuvo nada que ver?

-¡Qué va! Mi padre nunca me había dicho nada. Sabía que había sido jugador de balonmano, pero hasta que no empecé a jugar no me dijo que había sido campeón de Liga.

-¿Qué te ha contado de aquel equipo con once irundarras?

-¡Fíjate! De los que más me ha hablado ha sido de los dos extranjeros. Lakovic y Grubic, yo creo que fueron de los primeros balcánicos en venir por aquí.

-Después de ganar la Liga, ¿qué hizo tu padre?

-La temporada siguiente se lesionó la rodilla. Como yo, solo que él siendo campeón de Liga...

-La rodilla, el talón de Aquiles de los Burguete.

-Algo así, pero mi aita jugó una temporada más y sé que debutó contra el Barcelona. Finalmente estuvo un par de años como jugador-entrenador en Francia.

-Volvamos a ti, ¿qué pasó entrenando con Jon Soques?

-Pues que dejé el fútbol y me dediqué por completo al balonmano. Empecé a estar en las selecciones de Euskadi y Gipuzkoa, hasta que llegué a cadetes del Bidasoa.

-¿Quién fue el 'cazatalentos'?

-No lo sé. Recuerdo que Aitor Etxaburu era algo así como el responsable de la base, pero el entrenador era Aritz Sodupe.

-Cumpliste el sueño amarillo.

-¡Imagínate! Yo iba siempre con mis amigos a ver al Bidasoa. Cuando me llamaron para cadetes me alegré un montón. Entonces no conocía a nadie y hoy son mi cuadrilla.

-¿Cómo fue aquella experiencia?

-Increíble. Noté que el nivel de competición subía, jugaba contra lo mejor de Euskadi. Era genial.

-De lo mejor también eras tú.

-Bueno, es cierto que me llamaron para una concentración nacional. Fuimos unos 35 jugadores, también fue una experiencia increíble.

-Lo increíble está por llegar.

-Así es. En mi primer año con los juveniles, el Bidasoa había descendido a la División de Honor B y Aitor Etxaburu me llamó para entrenar con el primer equipo. Yo creo que iba los días que hacía falta rellenar huecos.

-Pero llegó tu oportunidad.

-Sí, el segundo año de juveniles iba a jugar con el primer equipo, pero en un partido de pretemporada me rompí la rodilla.

-Fernando Herrero, el entrenador, definió aquel partido como una batalla. ¿Cómo lo recuerdas?

-Fue jugando un amistoso contra el Billere. Es cierto que fueron agresivos, pero el balonmano francés es duro. Recuerdo el momento justo antes de romperme. Vi como el jugador más grande del equipo se me venía encima, intenté apartarme pero...

-Tchinda cayó sobre ti.

-Y desde ahí tengo una laguna hasta que me monto en el coche camino al hospital. El primer médico me dijo que era un esguince de rodilla. Menos mal que al día siguiente Ricardo Jiménez me miró y me advirtió que me había roto.

-Al quirófano.

-Sí. Se me cayó el mundo encima y a mi padre más todavía. De alguna manera se repetía su historia.

-¡Pero no te rendiste!

-Para nada. Iba al colegio, luego al fisio y luego al gimnasio de Artaleku a seguir con la rehabilitación. Fueron diez meses muy duros y justo a una semana de incorporarme al equipo, me volví a romper bajando las escaleras del colegio.

-Segunda operación, pero no la última.

-Efectivamente. Me había casi recuperado y empecé a ir a los partidos con el primer equipo. Fernando Herrero me decía que lanzaba muy bien los siete metros y en un partido en Artaleku contra el Alcobendas, me pidió salir a tirar uno. Lo marqué y se lo dediqué a mis padres. Ganamos por uno y mis compañeros me decían que habíamos ganado gracias a ese gol. Me fui feliz a casa. La temporada iba genial, pero en un partido con el filial, noté un dolor. Me había roto el menisco. Tercera operación. Y espera que hay una cuarta...

-Y esta sí es la definitiva.

-Después de esta última operación tuve que tomar la decisión de dejar de jugar. Estuve un año 'enrabietado' sin querer saber nada, pero...

-El Bidasoa vuelve a llamar a tu puerta.

-Sí, me llamaron para ayudar a Pedro Salcedo con los juveniles. Estuve una temporada echándole una mano, hasta que salió el filial y entonces yo tomé las riendas de los juveniles.

-¿Y el primer equipo?

-El segundo año me ofrecen, mientras entreno a los juveniles, ayudar a Fernando Bolea.

-¡El año del ascenso!

-Fue increíble. No tengo palabras, lo que vivimos no lo sé explicar.

-En la Asobal y sigues en el banquillo.

-¡Feliz! Estoy aprendiendo mucho, está siendo una gran experiencia.

-¿Nunca piensas en lanzar tú los siete metros?

-¡Claro! El gusanillo siempre está, pero estoy feliz de poder vivir esto, da igual si es de corto o en el banquillo. Vivirlo ya es una suerte.