«Alguien se ha inventado que tengo cáncer y eso me está perjudicando»

Ani, con rictus serio, posa sentado en una camilla de masaje del centro 'Erdizka'./
Ani, con rictus serio, posa sentado en una camilla de masaje del centro 'Erdizka'.

Nuestro interlocutor es una persona muy conocida en Irun por las distintas actividades a las que se ha dedicado. La última es la de masajista

MAÑUDE LA PUENTE

Es 'vikingo' (de Jaizubia), duerme en Hendaia pero se pasa casi todo el día en Irun, donde trabaja como masajista profesional. Aniceto Iparragirre Arrizabalaga tiene 57 años, es el aitatxo de Aitziber y el aitona de un cielo de crío que se llama Ander y que tiene seis años. Estudió FP en La Salle y terminó Maestría Mecánica. Luego apuntó hacia su vocación y concluyó los estudios de fisioterapeuta y quiromasaje en Barcelona. También cerró dos años de medicina deportiva a través del COE (Comité Olímpico Español). Antes de ir a la 'mili (Almería-Jaén), trabajó dos años como representante del sector de confección. Se puso tras la barra del Borda, donde estuvo once años, y lleva 29 al frente del centro 'Erdizka' (Señor de Aranzate, 8-bajo) donde ejerce su profesión. Cuando no está dándole al masaje, le encanta pasear por el monte con su perro 'Bizkor'; y más, cuando le acompaña Ander, que ya se ha hecho el tramo que va desde la parte vieja hondarribiarra hasta la primera torreta de Jaizkibel. Nuestro interlocutor es un buen tío y lo demuestra en la entrevista. Una entrevista, que tiene un primer tiempo más amable, pero un segundo que no se le desea a nadie. Ahora mismo pasa por una delicada situación, que se está corrigiendo con la verdad, esa certeza que siempre supera a la mentira. Ani sigue en lo suyo con más ganas que nunca.

-Vamos con el Aniceto.

-Fue por 'imperativo familiar'. Así se llamaba mi abuelo materno y así me llamo yo, aunque todos me conocen por Ani, que suena mejor.

-Y yo que pensaba que eras de Irun...

-Es que es donde más horas he metido siempre, pero soy de Jaizubia. Estudié en Ventas y en La Salle. Era buen estudiante y apenas me tocaron un pelo. Bueno, lo malo y los palos los llevabáis los de San Marcial.

-Has sido un maestro mecánico que nunca ha ejercido. Me lo explique.

-Simplemente, han sido cosas de la vida que se han cruzado en mi camino, hasta que tuve claro lo que quería ser, que es lo que soy.

-Fuiste representante de ropas, ¿no?

-Sí, dos años. Un amigo del sector me lo propuso y acepté. Lo dejé al ir a la 'mili', que la pasé entre Almería y Jaén. Almería era un puro desierto, pero en Jaén me lo pasé mejor. Estaba en la oficina del capitán y no tenía, lógicamente, el pase pernocta. Tampoco vine mucho por casa porque las combinaciones viajeras eran horribles.

-Te estoy viendo en la barra del Borda, bar de la calle Mayor al que se conocía como 'El Limbo'.

-Y también como 'El Cielo', porque era un bar de muy pequeñas dimensiones, donde «solo entraban los justos». Fueron once años de mi vida, que los viví muy a gusto entre txoperas y pintxos. ¡Cómo gustaban las patatas al ajillo! También fui el primero en servir el 'gin tonic' perfumado.

-Y fuiste árbitro.

-Echaba una mano en La Salle, en el campeonato inter-bares, pero también llegué a arbitrar en Regional Preferente. Fui linier en Tercera y Segunda B y tuve mucha relación con Patxi (Marquínez) Irazu y con Agustín Estremo Coscolín, dos buenos colegiados. Mira, yo le metí el gusanillo a Emilio Navas, que es el actual presidente de los árbitros guipuzcoanos.

-Y del deporte pasas al mundo del masaje...

-No fue exactamente por esa razón, porque yo llevaba esa profesión por dentro desde siempre. Y es que, siempre me ha gustado la anatomía y el cuerpo humano.

-¿Cuánto tiempo hace de eso?

-Ya se cumplen 29 años. Recuerdo que cuando empecé, entre Irun y Hondarribia no había más de seis fisios y masajistas, entre ellos Cordier, que era un fenómeno. En la actualidad, entre profesionales y algún que otro intruso habrá unos ochenta.

-Y de unos inicios y una trayectoria intachables, llega un presente nada agradable que alguien te está tratando de ensuciar.

-Esa es la palabra apropiada. No entiendo por qué, pero alguien va diciendo por ahí que tengo cáncer y esa mentira me está perjudicando porque tiene consecuencias en mi clientela. También han soltado que llevo varios meses cerrado y eso es radicalmente falso, porque no he dejado de trabajar en 'Erdizka'. He tenido que poner un anuncio en tu periódico para aclarar la situación.

-¿Y sabes de dónde llegan esas afirmaciones?

-Mira, no tengo problemas con los compañeros del gremio, pero se que esa falsedad la han propiciado dos personas de la profesión. ¿Que cómo lo se? Porque me lo han contado algunos clientes, alguno además al que he derivado a la persona de la que más sospecho.

-¿Cuándo nacen los rumores?

-Hace unos cuatro meses, pero yo lo empiezo a notar hace dos, al recibir menos llamadas en el centro o cuando alguien me preguntaba en la calle si había cerrado el centro.

-¿Vas a denunciar la situación?

-No, porque no tengo pruebas concluyentes aunque si indicios y algunos, muy claros.

-¿Y a qué se ha podido deber la coyuntura? ¿A celos profesionales? ¿A deseos de quitarte la clientela?

-Creo que hay más de lo primero que de lo segundo. Pero mis clientes de Irun y de Hondarribia y todos los navarros que tengo hasta el Baztan ya saben que no hay problema.

-Habrá malpensados que piensan que sales a la palestra porque puedes estar perdiendo clientes. Pero también habrá biempensados que saben que con cosas como el cáncer no se juega.

-Las dos opciones se responden por si solas. Yo solo me he colocado en esta tesitura para aclarar las cosas, por si a alguien le queda alguna duda.

-Tendrás ganas de que la situación se normalice, ¿no?

-No te lo puedes imaginar. Y es que, este es mi medio de vida y aún me queda mucho tiempo para jubilarme. No creo que me haya merecido pasar por una situación así.

-Por cierto y suavizando, ¿cuál es tu fuerte en lo profesional?

-Me dedico sobre todo a los esguinces de cualquier hueso o articulación y también a los problemas de cervicales. Creo que tengo buenas manos. En este sentido te diré que hay unas monjitas pacientes que me dicen que todos los días rezan para que no se me estropeen.

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