«No pensaba que el pueblo de Hondarribia me quisiera tanto»

Uranga, durante la celebración del Carmen el año pasado./
Uranga, durante la celebración del Carmen el año pasado.

Además de su labor en la parroquia, siempre ha estado vinculado a la enseñanza con el colegio Ama Guadalupekoa

JOEL IGLESIAS

«Estamos para dar un servicio humilde y sencillo, y yo he preocupado estar siempre del lado de los más débiles. No sé si lo hecho bien o mal, pero es como debemos actuar y es lo más importante». A tenor del cariño que le tienen a Dámaso Uranga en todo el municipio, algo que le han demostrado recientemente en una celebración por los 50 años que lleva como sacerdote, está claro que su labor en estas décadas es muy valorada en Hondarribia.

Nacido en Azpeitia, llegó a la localidad en el año 1966, tras finalizar el año anterior los estudios sacerdotales en el Seminario de San Sebastián. Desde entonces, solo ha habido un único paréntesis de apenas dos años en su larga trayectoria, cuando se fue a Roma a realizar la licenciatura de Filosofía Pura. Además, tiene también estudios de Filosofía y Letras por la Universidad de Valencia, aunque no se desplazó a esta ciudad para cursarlos.

En un primer momento, le asignaron en Hondarribia la catequesis y la asignatura de religión en algunos centros de enseñanza. Recuerda que esa primera etapa «fue un tanto complicada porque el párroco era muy autoritario», aunque las cosas cambiaron «a los tres o cuatros años» con el nombramiento de Ignacio Zabaleta.

Al margen de la catequesis, no tardó en entrar en contacto con el mundo de la enseñanza a través del colegio parroquial Elizalde, conocido actualmente como Ama Guadalupekoa Ikastetxea, del que asumió la dirección a mediados de los años 70, cuando los hermanos de La Salle dejaron el centro. «Estaba en el Patronato en representación de la parroquia y nadie quería ser director, me ofrecieron el puesto y tuve que aceptarlo porque estábamos al inicio del curso», cuenta.

Dos pilares en su vida

Además de ese cargo, Uranga ha sido también profesor de religión, de historia, de filosofía, de euskera y de latín. A ello, se sumaba «la pastoral, la catequesis, reuniones de catecumenado, eucarístias los domingos... Los dos pilares de mi vida han sido la parroquia y el colegio. Así que prácticamente no tenía fines de semana libres y de eso se extrañaban algunas personas».

El colegio, según añade, «se fue ampliando cada vez más» con el paso de los años, y hay una fecha clave en 1986, cuandose fusiona con el centro de Saint Maur «porque las monjas se retiraban. Hubo dificultades pero, una vez superadas, en estos momentos funciona magníficamente bien con más de 800 alumnos».

En la actualidad, se mantiene como responsable de la marcha de este centro al ser de titularidad de la parroquia, pero dejó de dar clases hace una década aproximadamente. Asimismo, como coadjutor, ayuda al actual párroco en la celebración de algunas eucaristías. «Ha llegado el momento de la retirada, aunque no del todo», puntualiza.

No es amigo de destacar momentos concretos e insiste en que «siempre he intentado estar al lado de la gente, sobre todo en situaciones de dolor y sufrimiento». Esa entrega se ha visto recompensada con la respuesta ciudadana. «Estoy muy agradecido por las muestras de cariño que me dieron el día de la celebración de mis bodas de oro como sacerdote», subraya Uranga.

Fue un acto «hermoso» que contó con la participación del coro parroquial, «aunque no creo que mereciera tanto este hecho». Asegura que «fue muy emocionante porque no pensaba que el pueblo de Hondarribia me quisiera tanto y, de hecho, mis familiares se quedaron alucinados».

Situación de la Iglesia

Este sacerdote lamenta que «la Iglesia, en este momento, tiene poco eco en la sociedad de Gipuzkoa. Y el hombre moderno no es religioso, lo afirmo categóricamente. No digo que no sea creyente, pero no es religioso. Puede ser creyente de otra manera, hacer bien con ONGs, pero no es religioso. Y eso todavía algunos no lo han entendido».

Uranga se muestra crítico con la línea que está llevando la diócesis de la provincia. «Estoy totalmente en desacuerdo con la pastoral del obispo. Lo he dicho en privado y lo digo públicamente. Y gracias a Dios que tenemos el aire fresco del papa Francisco, que reconforta y da ánimos para seguir».

Fiel a sus ideas, y cercano al pueblo, se ha ganado el respeto en este medio siglo de sacerdocio. «A mí, en Hondarribia, me han hecho feliz tanto los feligreses como los no creyentes. Ha habido siempre un respeto y me he llevado bien con muchas personas por encima de ideas e ideologías», concluye.

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