«No puedo imaginar mi vida sin la música. Es mi vida, mi razón de ser»

Mikel Garikoitz es un auténtico artista que vive la vida con pasión y con su guitarra./
Mikel Garikoitz es un auténtico artista que vive la vida con pasión y con su guitarra.

Es músico de los pies a la cabeza y, sobre todo, de corazón. Compone, canta y respira música por todos sus poros. La música le marcó de niño

MAÑU DE LA PUENTE

La música le ha marcado desde siempre. Mikel Garikoitz Errezola Ugarte, irundarra de nacimiento y hondarribitarra de corazón. Reconoce que está hiper-enamorado de la ciudad marinera y no lo esconde. Tiene 48 años y un aspecto impecable. Está casado con Marijose Pikabea y es el aita de los mellizos Ioritz y Urtzi, de quince años. Estudió en la ikastola y luego cerró su carrera de música sin especialización alguna. Empezó tocando en el grupo Ohiana y con 18 años se incorporó a Akelarre en calidad de técnico de luces y como diseñador de escenarios. En 1988 salta sin red como cantante en solitario. Está a punto de oficializar la presentación de su cuarto disco, mientras piensa en el quinto. Cuando dejó Akelarre, fichó por la imprenta Antza, de Lasarte, donde lleva 18 años como comercial. Se confiesa una persona muy casera, a la que le encanta andar y leer, amén de escuchar y componer música. En el cara a cara se le observa como muy intimista, muy detallista y no poco perfeccionista. La entrevista fue un placer.

Mikel Garikoitz, ¿cómo así?

Ese fue el nombre que me quisieron poner los aitas (Mikeli y Miguel), pero en aquellos tiempos no les dejaron y me pusieron el nombre que se lee en mi fe de bautismo. Pero con el tiempo tuve la oportunidad y el placer de conocer y tratar a ese gran euskaltzale que fue Manuel Lekuona. Y ocurrió que cuando me dedicó un libro suyo, me acabó bautizando como Mikel Garikoitz Errezola.

Y así hasta hoy. ¿Eres un irundarra de toda la vida, no?

Nací hace 48 años en Irun, en el barrio Bidasoa, pero me considero un refugiado en Hondarribia. Yo suelo decir: «Jaiotzez irundarra, bihotzez hondarribitarra». Que es lo mismo que decir que soy irundarra de nacimiento pero hondarribitarra de corazón.

Me da que te gusta más Hondarribia que Irun.

Te da bien (no duda). Irun ha conocido una transformación que no me ha gustado y solo me une al pueblo la amatxo. El resto, todo mi corazón, está en Hondarribia.

¿Cuál es tu primer trabajo?

Después de los estudios, ya con 18 años, entro en el Akelarre que fundó Juanlu Ibarzabal como técnico de luces y diseñador de escenario. Entonces estaban Paco Díaz (batería), Marcos Juaristi (bajo), Aitor Amezaga (piano), Ina Goikoetxea (guitarra solista) y Angé Duhalde (voz). Entré en el 85, cuando el grupo ensayaba en el alto de Gaintsurizketa.

Cuando hablas de música se te nota como muy a gusto. ¿Qué es la música para ti?

Es mi vida y mi razón de ser. Es una forma de pensar y una manera de sentir. Es como la gasolina que me sirve para seguir adelante. Yo vivo con la música y la música vive conmigo. No puedo imaginar mi vida sin la música.

¿Y cuándo comenzó ese idilio?

Desde muy crío. Tuve la suerte de tener a un grandísimo mentor como fue Fernando Etxepare. Fue mi maestro en la música y en la vida. Para mí lo fue todo.

Después de Akelarre te animas por una carrera en solitario. Cuéntame cómo fue eso.

Eso ocurrió en 1988, cuando sentí que quería dejar atrás esa parafernalia de música en directo, de producción, de ensayos y locales, de coordinaciones técnicas y de dinero. Después de muchos años me sentí muy cansado y sin fuerzas. Es entonces cuando me planteo mi aventura en solitario y pretendo ser capaz de hacerlo en 2015 y plasmarlo en mi quinto disco.

¿Cómo está el cuarto, cómo está Lauve, ese matrimonio numérico que flirtea con la palabra amor?

Son catorce canciones y la que da nombre al disco la presenté el pasado cuatro de abril. Ahora, de la mano de MM Creativos, sólo falta oficializarlo y ponerlo en la calle. Dentro de poco habrá noticias definitivas y se presentará, lo mismo que la página web, en vivo y en directo. Estoy deseando pegarle carpetazo al tema y liberarme para seguir pensando en el quinto disco.

Recuerdo que escribiste una canción muy bonita sobre Hondarribia, ¿no es así?

Mira, es que yo estoy tan absolutamente enamorado de Hondarribia que sentí la necesidad de dedicarle una canción y salió Maite Ederra. Tuvo una gran repercusión popular y mediática.

Y luego llegó la sintonía del Kilometroak del 88, que se vivió en Irun...

Y la canción fue otra bomba. Mugarik ez euskarari resultó mi primera colaboración con Jesús Mari Mendizabal y seguimos muy a gusto en el mismo camino de entendimiento.

O sea que, lo tuyo es componer.

Sí, siempre he compuesto más que cantar o interpretar. Nunca he tenido la pretensión de cantar, pero llegó el momento de grabar la canción del Kilometroak y no hubo manera, nadie se animaba. Me animé yo y la canté en aquel octubre del 98 precisamente con Akelarre que vino a Irun. Fue un cúmulo de coincidencias muy agradable.

¿Cuál es el tipo de música que más te gusta?

Me gustan muchos géneros, pero me encanta la mal llamada música clásica (la citan así porque nació en la época clásica) porque me eduqué con ella. Y luego, así entre nosotros, confieso que me apasiona el country.

¿Vamos a tener sucesión musico-familiar?

Ahí estamos. Ioritz, con el violoncelo y Urtzi con el violín. Estudian por libre, pero saben escuchar y recibir consejos.

Y mientras tanto, sigues en An-tza, ¿no?

Desde hace 18 años estoy como comercial en esta imprenta lasartearra. Fue cuando dejé Akelarre.

¿Y qué tal va la cosa?

Bien, yo estoy muy contento con mi trabajo. Estamos muy vinculados al mundo editorial y editamos carteles, libros, folletos o revistas como la de Hondarribia o Zazpi de nuestra común amiga Raquel Hernández Boned. También trabajamos y muy a gusto con la Ong Taupadak.

¿Y la crisis?

Se nota, claro, pero tenemos una clientela muy fidelizada. La gente no se va de la imprenta; pero, eso sí, imprime menos y menos cantidad. Es la coyuntura.

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