Recuerdos de 50 años del ferrocarril

Clausura. Imagen del último viaje del tren Vasco-Navarro el 31 de diciembre de 1967 fotografiado en el apeadero de Mazmela. /
Clausura. Imagen del último viaje del tren Vasco-Navarro el 31 de diciembre de 1967 fotografiado en el apeadero de Mazmela.

Alfonso Donnay recopila historia y testimonios del popular tren clausurado en 1967

KEPA OLIDEN ARRASATE.

El desaparecido Ferrocarril Vasco-Navarro, de cuya supresión se cumplirán 50 años el próximo 31 de diciembre, lleva 'muerto' más tiempo del que estuvo en funcionamiento. Pero el viejo tren despierta aún gratos recuerdos entre quienes lo conocieron y no poca curiosidad entre los que no, con las inevitables conjeturas sobre qué evolución hubiera experimentado el ferrocarril para el transporte de viajeros en nuestra comarca de no haberse clausurado el servicio un nevado día de Nochevieja de 1967.

Dice el refrán que agua pasada no mueve molino, pero el recuerdo de aquel humilde y popular tren vuelve a aflorar en vísperas del 50 aniversario de su cierre. Alfonso Donnay, miembro de la sociedad de ciencias local Arrasate Zientzia Elkartea (AZE) es uno de los que han contribuido a desempolvar la memoria del Vasco-Navarro, en cuya historia y anecdotario ha indagado.

Donnay ha publicado en un blog de AZE todo un caudal de información que ha ido recabando de diferentes fuentes y publicaciones. Así, nos recuerda que el Vasco-Navarro conoció años gloriosos. De hecho, «en el año 1930 se convirtió en la línea más moderna de Europa con la implantación de la tracción eléctrica». Y como dato ilustrativo añade que «en la estación de Gasteiz se vendían una media de 3.000 billetes diarios y en verano había días que se vendían más de 8.000».

El primer tramo de esta línea ferroviaria se inauguraba en 1889 entre Gasteiz y Leintz-Gatzaga. Pero hubo que esperar hasta 1919 para que llegara hasta Mekolalde, y hasta 1927 para que el dictador Miguel Primo de Rivera cortara la cinta del tramo Vitoria-Estella, donde concluía la línea en una «estación fastuosa que quería parecerse al Palacio de los Reyes de Navarra y que se erigió como homenaje al dictador, que además era marqués de Estella».

Se completaban así los 141 kilómetros de trazado férreo del Vasco-Navarro. «El recorrido de Estella-Vitoria-Mekolalde, incluido el ramal de Oñati, abarcaba 139 kilómetros. A éstos había que sumar 2 más que correspondían a la derivación de Andollu a la basílica de la Virgen de Estíbaliz», detalla Donnay.

El impulso modernizador proporcionado por la electrificación de la línea hizo posible que los 70 kilómetros que separaban Vitoria de Estella se cubrieran «en una hora y cinco minutos ¡incluyendo 14 paradas!» recalca el investigador de AZE.

Lorenzo San Vicente

Donnay dedica asimismo un recuerdo a los ferroviarios que trabajaron en el Vasco-Navarro, como el vitoriano Lorenzo San Vicente, afincado en Bergara y que durante largos años se encargó de la línea Maltzaga-Gasteiz con dos viajes de ida y vuelta diarios y «más de un millón de kilómetros recorridos» en el zurrón.

Sus compañeros le apodaban 'caracol' «porque tenía fama de lento, pero seguramente era el más prudente de todos los motoristas. Había gente que iba a su casa a preguntar si Lorenzo llevaba ese día el tren, para subir o no subir a Gasteiz».

No sufrió nunca un accidente serio pero con tantos kilómetros a la espalda, eran numerosas las incidencia, como aquella en que «una vez casi le vino encima un camión cargado de chatarra que salía de Altos Hornos de Bergara».

Lorenzo, fallecido en 1988 a la edad de 83 años, contaba que a lo largo de sus viajes también tuvo «algún susto con personas o animales grandes que se distraían por la vía». En cuanto a animales pequeños, no tenía forma de saber la cantidad de gallinas, gatos y otros animales domésticos que pudo haber atropellado con su tren.

Una vez, recoge Donnay, Lorenzo «tuvo que detener el tren subiendo Salinas a la altura de Marin para no atropellar a un rebaño de ovejas. Desde ese día, el casero de Marín le regalaba, en señal de agradecimiento, un cordero por Navidad».

Su mujer y sus nueve hijos siempre fueron lo más importante para Lorenzo quien hablaba con verdadera devoción de todos ellos. Pero en 1937 sufrió uno de los golpes más duros que puede padecer un padre. En Gasteiz, una moto militar alemana atropelló y mató a su hija María Luisa Teresa, cuando la niña solo tenía 7 años.

Pero después de su familia: el tren. La línea Malzaga-Gasteiz era la que más le gustaba, pero también la más peligrosa, decía, por los 19 kilómetros de cuestas de Gatzaga. Tanto para subir cómo para bajar, tenía que ir a un máximo de 45 km/h. De Gasteiz a Salinas la velocidad era de 60 y de Eskoriatza a Maltzaga sin pasar de 55.

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