Irure continúa sin solución siete años después

El agua volvió a ocasionar problemas el miércoles. / ISASTI
El agua volvió a ocasionar problemas el miércoles. / ISASTI

NEREA ISASTI SORALUZE.

Siete años después de que un temporal de lluvia produjera un desprendimiento de tierras en el barrio rural de Irure, parece que nada ha cambiado. Entonces, nueve caseríos de este barrio de Soraluze quedaron incomunicados. Doce personas atrapadas en su domicilio toda una noche tras repetidas llamadas al 112 tuvieron que salir con cuerdas sobre un precipicio al día siguiente. Dicho desprendimiento obligó a cortar la GI-627 al tráfico a la altura de Maltzaga. El problema afectó a los caseríos Iraolaetxeberria, Zabale, Iraolabeitxi, Iraola, Mantxo, Irure-Txiki, Irure-Haundi, Intxausti e Illordo.

Luis Miguel Plata, del caserío Iraolaetxebarria, fue el más afectado, ya que es el propietario de los 3.000 metros cuadrados de terreno en el que se produjo el desprendimiento. Recuerda que «pasamos toda la noche en vela sin saber si se caería la montaña.» El caserío Iraolaetxeberria se encuentra junto a la autopista AP-1 y el viaducto de Larreategi pasa por un costado de su propiedad.

Luis cuenta que «a consecuencia de las lluvias se produjo un pequeño desprendimiento en su terreno», pero al cabo de unos minutos su familia y él tuvieron que salir corriendo porque según sus propias palabras «se desprendió toda la montaña».

Los vecinos de Irure pidieron entonces que se tomaran medidas para que lo ocurrido no se volviera a repetir. Casi siete meses después comenzaron las obras de construcción de las escolleras con las que se pretendía estabilizar las tierras en esa ladera.

Canalización

El propietario del caserío Iraola-Etxebarria, Luis Plata, manifestó en su día que la causa está en el relleno de tierra que se hizo para construir la autopista AP-1, ya que no absorbe el agua y esta acaba bajando como un río hasta la GI-627.

En la misma línea se manifestó el juntero socialista Eneko Andueza, que habló de «deficiencia en la canalización en la AP-1 a su paso por el viaducto de Larreategi». En un comunicado de prensa, habló de la necesidad de dar solución a la canalización del agua y eliminar cualquier riesgo de futuros desprendimientos. Pues bien, el problema está lejos de solucionarse. Hubo un desprendimiento posterior y debido a que la obra no ha terminado de ejecutarse, los daños son continuos. Desde entonces, cada vez que llueve copiosamente, el agua, aún sin canalizar, sigue cayendo en tromba y Luis y su familia reviven la pesadilla. La última vez, esta misma semana.

En este sentido, la diputada de infraestructuras viarias Aintzane Oiarbide, aseguró hace unos días que la sentencia del juicio por este caso saldrá en un plazo aproximado de un mes y que si los propietarios de los terrenos y las empresas no solucionan el problema, tendrá que ser la Diputación quien lo haga.

En esas está la familia de Luis Miguel Plata, que vive en un constante estado de miedo por temor a que la montaña caiga sobre ellos. Y cada vez que llueve se preguntan: «¿Tiene que haber víctimas mortales para que alguien haga algo?».

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