Vestigios de la guerra que vuelven a salir

Proyectil localizado en las inmediaciones de la trinchera de Akondia, el domingo, que después fue detonado. / FOTOS MIKEL ASKASIBAR

Artificieros de la Ertzaintza desactivaron el domingo un proyectil localizado en Akondia. Lo encontró un paseante, a unos 100 metros de la gran trinchera que se ubicó en la zona

ALBERTO ECHALUCEEIBAR.

Los continuos movimientos que los animales someten a la tierra, sumados a la acción de los aficionados a los perretxikos, provocan que, de vez en cuando, sigan apareciendo vestigios de la Guerra Civil en nuestros montes. Así, este domingo por la tarde, la tranquilidad que se vivía en la zona de Akondia-Kalamua se alteró por unos momentos con la aparición de un obús, enclavado a unos 100 metros de la gran trinchera de la pasada guerra.

Lo encontró un paseante y tras llamar a SOS Deiak acudieron al lugar efectivos de la brigada de desactivación de explosivos de la Ertzain-tza que llevaron a cabo una explosión controlada del artefacto. Primero, tras su localización, los artificieron procedieron a su examen y medición. Con el apoyo de un detonador llevaron a cabo la explosión, en una oquedad que habían cavado para minimizar los efectos de la deflagración.

No es la primera vez que aparecen artefactos explosivos en los montes que fueron escenario de la guerra. De hecho, los efectivos de la Ertzaintza comentaban el alto número que se siguen localizando en los montes vascos. «En lo que llevamos de año hemos realizado cerca de 70 intervenciones», explicaban el domingo.

A los historiadores les gusta conocer el lugar exacto en el que se localizan estos proyectiles, «ya que sirve de ayuda a la hora de identificar el artefacto», señalaba ayer José Luis Valenciaga, conocedor de los muchos vestigios de la guerra que han quedado a modo de cicatriz en los montes y laderas del cordal de Arrate-Akondia-Kalamua. «Hoy es posible observar numerosas y extensas trincheras, nidos de ametralladoras, bases de cañones, atalayas de vigía, etc». La lucha encarnizada de los frentes originó una situación sin igual en la cima de Akondia ya que dos líneas de fuego se enfrentaron durante días a tan sólo 60 metros de distancia.

José Luis Valenciaga y el historiador Jesús Gutiérrez trazaron un proyecto que aúna en un sendero interpretativo los acontecimientos que se dieron lugar en la zona entre 1936 y 1937, con el fin de rememorar los hechos acaecidos en los montes de Eibar.

El Centro de Interpretación

Con todo este pasado se puso en marcha el Centro de Interpretación de la Guerra, en Arrate, que se enmarca en una línea de trabajo en la que se quiere recoger la historia local que va desde el año 1931 con la proclamación de la II República hasta 1945, con el fin de la fase más dura de la posguerra. El centro está sirviendo para mantener viva la memoria de los eibarreses que vivieron aquellos días. Son cada vez menos las personas que recuerdan los tiros y los bombardeos, pero también ellos están presentes en Arrate a través de un audiovisual en el que se presentan los testimonios registrados por la asociación Badihardugu y Ahotsak a través del proyecto Eibartarren Ahotan.

Los recuerdos de los festejos en la proclamación de la II República cambian con el inicio de la guerra, para hablar de separaciones en las familias, del sonido de los tiros o de muertos, por parte de quienes eran unos niños entonces. Casi una treintena de voces se encargan de narrar los recuerdos de un Eibar que acabó la guerra devastado y tuvo que renacer de sus cenizas.

De hecho se plantea al Centro de interpretación de la Guerra Civil como una instalación que en quince minutos pueda situar al visitante en los escenarios de la guerra en el exterior. El centro de la sala ofrece una maqueta en la que se sitúan las posiciones de los dos bandos.

Tres maniquíes presentan los uniformes de un sargento nacionalista, un alférez de complemento de requeté navarro y un integrante de la milicia socialista, comunista o anarquista. El centro cuenta también con piezas auténticas de la época. «En cambio las armas son réplicas, pero de una fidelidad absoluta. Las partes de madera, por ejemplo, son originales», recalcan desde el Ayuntamiento. Además de los uniformes y armas que portan los maniquíes, varias vitrinas muestran multitud de elementos de distinto signo. Asimismo, hay maquetas realizadas por los hermanos Pérez Guenaga de los vehículos de combate que intervinieron en la guerra en Eibar. También hay hebillas, restos de granadas localizados en la zona de Akondia o incluso elementos del botiquín que se asentó en ese monte. «Hay ampollas y jarabes para el catarro que se usaban en aquellos años», comentan los historiadores.

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