La última defunción por tuberculosis pulmonar

Hace 49 años se produjo en Eibar, el último fallecimiento por enfermedad infecto-contagiosa, a causa de una tuberculosis pulmonar. Se producía un descenso de la mortalidad por tuberculosis, pero esto no implicaba una disminución de enfermos tuberculosos.

A comienzos del siglo XX Gipuzkoa era la provincia con mayor índice de mortalidad por tuberculosis.

En 1912 se inauguró en Donostia el primer centro de tratamiento antituberculoso y después se instaló uno en Eibar, en el lugar que ocupa la Residencia San Andrés. A partir de ese momento se implantaron armas eficaces contra el tratamiento de la tuberculosis pulmonar.

Esto hacía que los enfermos, considerados hace años como enfermos crónicos que llenaba los sanatorios y hospitales esperando su triste fin, fuesen después claramente recuperables gracias a los tratamientos que se implantaban.

Pese a ello, el jefe local de Sanidad en 1968, Julio Gárate, en un artículo publicado en la revista Eibar incidía en que «no podemos engañarnos la tuberculosis sigue despierta».

No obstante, por aquella época ya habían desaparecido enfermedades infecto-contagiosas, como causa de defunción, la fiebre tifoidea, las bronco-neumonías, la difteria, la parálisis infantil y otras muchas que eran causas de defunción. Las vacunaciones ofrecieron importantes resultados. También estaban en 1968 los avances médicos, una vez que sólo dos personas habían fallecido en el transcurso de intervenciones quirúrgicas.

Los avances de las técnicas, la anestesia, y los antibióticos eran las causas más reseñables para esta reducción de la mortalidad.

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