Remigio Guimón, el alcalde justiciero

Remigio Guimón llevó la rectitud humana hasta extremos insospechados. / ARCHIVO MUNICIPAL

Exigía puntualidad matemática en los horarios de las oficinas y escuelas municipales y el máximo silencio nocturno. El edil eibarrés sancionó a su sirvienta por no cumplir las ordenanzas del Ayuntamiento

AINHOA GARCÍA MALLO EIBAR.

Su fama de rectitud es proverbial entre la población de la ciudad armera, incluso para los que no tuvieron la suerte de conocerle. Remigio Guimón Egaña, aunque nació en Tolosa el 2 de octubre de 1862, pronto pasó a ser un habitante más de Eibar. Y no uno cualquiera.

El 13 de septiembre de 1923 tuvo lugar un golpe de Estado que contó con el visto bueno del monarca Alfonso XII, dejando en suspenso la Constitución de 1876 e instaurando una dictadura en la forma de un directorio militar entre 1923 y 1925, al que siguió un directorio civil presidido por Primo de Rivera, militar gaditano que instauró la primera dictadura del siglo XX. Por aquel entonces, Guimón, republicano y de profesión dentista, se convirtió en la primera autoridad de la ciudad armera.

Su seriedad y su amor a la justicia eran inexorables. Se recuerda por las calles de Eibar cómo multó a su empleada de hogar por sacudir las alfombras en horas prohibidas. Y es que limpiar las alfombras de la casa hacia la calle era una de las ordenanzas del Ayuntamiento en los años 20 que había que cumplir y que, además, su práctica estaba limitada a ciertas horas. Fue de esta manera que decidió castigar a su empleada, pensado ella que la ley no se imponía al alcalde y mucho menos a su familia. Pero la joven estaba equivocada.

La ley igual para todos

Guimón no solo sancionó a la joven, sino que también multó a su propia familia por hacer caso omiso a la ley, dando ejemplo de buen hacer.

Cuentan que, en otra ocasión, los amigos más cercanos del alcalde también recibieron su castigo por 'parrandalaris', tal como se decía antigualmente en Eibar. Estos acudieron hasta Guimón en busca del perdón para que no les impusiera una sanción. El alcalde, hombre de mal humor sobre todo si el suceso tenía que ver con el quebramiento de la ley, les echó del lugar donde se encontraban y les despidió con cara destemplada. Enfadadísimo, les comunicó que deberían de pagar ante la justicia su merecido castigo.

Su espíritu de justicia buscaba, ante todo, no herir ni molestar a los vecinos. Por eso fue muy fuerte en castigar a los gamberros. Exigía, con puntualidad matemática, retiros, cierres de establecimientos públicos y el debido silencio a las horas en que el pueblo debía conservar máximo silencio.

Otro aspecto al que descendió su espíritu de justicia fue su exigencia imperiosa de puntualidad en el horario de las escuelas públicas y en las oficinas del Ayuntamiento. Fue este un aspecto que vigiló personalmente, y que, en consecuencia, produjo óptimos frutos. Es por todo ello que el alcade Guimón es y será recordado por todos los eibarreses. Aunque será dificil que hasta los más mayores de hoy puedan recordarlo, se conocen escritos que hablan de él. Dentista distinguido, buen padre de familia, caballero campechano, y aficionado a la pesca, Guimón dejó la estela de su espíritu de justicia en la ciudad armera.

Otros alcaldes recordados en el municipio son Alejandro Tellería, elegido alcalde de la ciudad en las elecciones municipales de 1931 y, por lo tanto, primer alcalde eibarrés de la Segunda República. O José González Orbea, alcalde franquista durante 1937 y 1941; Antxon Iraolagoitia, alcalde bajo cuyo mandato se colocó la ikurriña; Mikel Larrañaga, primer alcalde de la democracia; Iñaki Arriola, primer edil eibarrés en estar al frente de la alcaldía en más de dos legislaturas, 15 años en total.

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