Ejemplo de transmisión empresarial

Maite Anton Mugertza y Sara Vázquez Martín seguirán con el negocio de tapicería que Serafín Martínez mantuvo durante 40 años./
Maite Anton Mugertza y Sara Vázquez Martín seguirán con el negocio de tapicería que Serafín Martínez mantuvo durante 40 años.

Jóvenes diseñadoras continuarán con el negocio de tapicería que Serafín Martínez mantuvo cuarenta años

A.E. EIBAR.

Antes de que desaparezca una empresa es mejor que alguien «con una gran motivación» asegure su continuidad. Esto es lo que han hecho Maite Antón Mugertza y Sara Vázquez Martín, dos jóvenes diseñadoras que se han propuesto mantener vivo y actualizado un oficio artesano en peligro de extinción: la tapicería.

De esta manera, ambas emprendedoras gestionan Artezi, un taller artesano pero muy modernizado que a lo largo de 40 años permaneció abierto en Eibar gracias al esfuerzo de su fundador, Serafín Martínez, que transmitió el negocio a dos chicas de Durango en 2014, año en el que cesó en la actividad, y ahora son Maite y Sara, las que han tomado relevo y han hecho realidad sus sueños de impulsar una iniciativa empresarial.

Ambas diseñadoras siguieron durante unos meses las enseñanzas e instrucciones que les dieron Serafín y las anteriores promotoras de Durango, y el pasado día 9 de enero abrieron de nuevo el establecimiento, ubicado en la calle eibarresa de Miguel Aginaga. Sara, catalana, era integradora social y terapeuta 'gestalt', mientras que Maite, ondarrutarra, era 'esteticiene'. «Vimos posibilidades en este negocio en el que tanto las dos chicas de Durango como nosotras le hemos dato toques de carácter muy personal».

De esta manera, han ido poco a poco introduciéndose en el tapizado de artículos de trabajo como las butacas, cabeceros, cojines, sillas, sofás, telas, entre otros artículos.

«Sector masculino»

Para ello Maite y Sara constituyeron una cooperativa con la que poder hacer frente al día a día de la tapicería. «Al principio lo vimos un poco arriesgado porque nunca nos habíamos dedicado a este mundo. Además siempre ha sido un sector muy masculinizado, con lo que nosotras éramos muy nuevas en este sector. Sin embargo, Serafín y las chicas de Durango nos estuvieron dando clases y ahora con la práctica podemos hacer muchas cosas».

«Sin ninguna ayuda»

Teniendo como base la filosofía de reutilizar, construyen con sus manos productos únicos y personalizados, tratados con profesionalidad, sensibilidad, creatividad y mimo, restaurando muebles y creando nuevos. «Pensamos que la gente tiene una mentalidad muy confundida. Todo lo que se estropea se tira cuando existen muchas posibilidades de reutilizar. Este va a ser nuestro cometido, entre otros». No han recibido ninguna ayuda como nuevas emprendedoras, «al tratarse de un traspaso», pero cuentan con muchas ideas para ponerlas en práctica. «Ahora lo importante es consolidar el negocio y después podremos recibir ayudas si compramos maquinaría nueva. Queremos hacer muchas cosas», señalan. Con sus manos como herramienta principal, tapizan cualquier tipo de mueble, revestimiento, telas, paredes y superficies. Al mismo tiempo, trabajan cualquier tipo de espacio: bares, restaurantes, viviendas, clubes deportivos, medios de transporte... «Trabajamos cualquier tipo de producto: butacas, sillas, paredes, cojines, colchonetas, cabeceros... Y para todos los públicos: particulares, asociaciones, empresarios... Cada proyecto es único y personal, por eso trabajamos codo a codo con el cliente para conocer sus necesidades».

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